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sábado, 13 de agosto de 2011

Solucionética - Los perros parlantes de Hitler. Por Luis Zaldivar

Maureen Downd, publicado el 12 de julio del 2011 en la versión web del New York Times.
Traducción de Luis Zaldívar

En estas épocas, cuando creemos que sabemos absolutamente todo sobre Adolfo Hitler, ¿quien pensaría que estaba más loco de lo que pensábamos?
Desde Calígula hasta Nerón y Gadafi, los dictadores muchas veces no solamente son crueles y maléficos, sino también lunáticos. Es muy raro encontrar a un dictador racional. El poder absoluto los desconcierta y les da fantasías y falsas ilusiones. Así que no deberían sorprendernos los nuevos reportes sugiriendo que el Führer estaba loco aún más allá de la sátira que hizo de él Mel Brooks.
Primero, un documento del MI5 fue desclasificado en Londres el pasado mes de abril. En este se muestran esquemas nazis megalomaníacos para, en caso de perder la guerra, recuperarse esparciendo agentes secretos por todo el mundo y matando gobernantes y oficiales aliados con veneno escondido en salchichas, chocolate, café instantáneo Nescafé, cigarrillos, alcohol e inclusive las tabletas de aspirina Bayer.
Agentes alemanes testificaron que fueron instruidos para ofrecer en objetivos aliados cigarrillos tratados por científicos nazis que le daría al fumador un fuerte dolor de cabeza, y luego terminaría el trabajo con una aspirina venenosa que lo mataría a los 10 minutos.
Las armas secretas incluían una píldora que emitía un vapor letal al calentarse con la ceniza de los cigarrillos, asimismo veneno para libros, carpetas y chapas de puertas, una tableta de polvo explosivo que se activaría cuando está al lado de un vaso mojado, y una hebilla con una svástica de plata que llevaba oculta una pistola .32 con dos tiros.
El diario Daily Mail de Londres escribe sobre el dossier desclasificado que “la Organización Werewolf, una red de saboteadores nazis que pelearían para crear el Cuarto Reich en el caso de que el imperio hitleriano se derrumbe, iba a dejar pequeñas dosis de café en polvo y otros insumos mezclados con toxinas que pudiesen ser encontradas por soldados americanos y británicos” al momento de ocupar Alemania.
Cuatro espías alemanes capturados luego de que saltaran en paracaídas dentro de Francia, incluyendo una mujer, hablaron sobre estos esquemas de asesinato. Agentes mujeres recibieron espejos para cartera con microbios escondidos que puedan infectar a ocupantes aliados con una bacteria letal.
Oficiales británicos de la época consideraban las historias de los agentes “un tanto fantásticas”, pero estaban suficientemente preocupados para prohibir “el consumo de comida o cigarrillos alemanes” por las tropas aliadas.
Un nuevo libro, “Perros grandiosos”, del Dr. Jan Bondeson, un catedrático de la escuela de medicina en la Universidad de Cardiff de Gales, revela que Hitler apoyó una escuela alemana que trató de enseñar a unos grandes y musculares perros raza mastiff a hablarles a los humanos. Esta historia levantó reacciones departe de la prensa británica del tipo “¡agachadito Hitler!” “¡rodar Hitler!” “lindo reich”, “ladridos SS” y muchas sentencias de que Hitler estaría “ladrando de locura”.
“Hubo muchos experimentos extraños en los tiempos de guerra en Alemania relacionados con la comunicación entre hombres y perros” nos dice Bondeson, quien se pregunta: “¿Estaban los nazis tratando de producir algún tipo de canino super inteligente para la guerra capaz de comunicarse con sus maestros humanos?”
La propaganda nazi mostraba a Hitler como un amante de los perros. El tenía dos pastores alemanes llamados Bella y Blondi. El probó la capsula de cianuro con Blondi y la mató antes de suicidarse.

Los nazis tomaban a sus perros seriamente. Así como se reportó en el diario The Guardian en enero, el gobierno nazi estaba tan furioso sobre un perro finlandés que fue entrenado para imitar a Hitler con el saludo nazi que la cancillería desde Berlín empezó una “campaña obsesiva” para destruir al dueño.

Bondeson escribe que en la Alemania de principios del siglo XX, algunas personas tenían la fuerte creencia en el potencial de animales súper inteligentes. Dice que junto con Thomas Mann y Herman Hesse se consideró a un terrier llamado Rolf uno de los intelectuales alemanes de vanguardia de su tiempo. El dueño de Rolf le enseñó un alfabeto propio con un sistema de tapones en su pata y como nota Bondeson, logró “notorios avances en matemática, ética, religión, y filosofía”.

La última historia de locura hitleriana viene del autor británico Graeme Donald. Él afirma que, mientras buscaba un libro militar, se encontró con una historia de Hitler y Heinrich Himmler, quienes estaban tan preocupados porque los soldados puedan obtener enfermedades venéreas de las prostitutas francesas que habían tramado un plan para que los soldados lleven unas rubias muñecas inflables llamadas “ginoides” que podían llevar en sus mochilas como “apaciguantes”.
Donald dice que Himmler ordenó 50 muñecas pero los soldados estaban avergonzados de llevarlas con ellos. Como cuenta Donald en el diario The Sun “al final la idea se canceló y las muñecas junto con el lugar que fueron construidas quemaron en el bombardeo de Dresden”.