Jaicec Espinosa Sandoval
Durante el 2008, en el segundo gobierno del expresidente Alan García se activó el Arma de Inteligencia en el ejército, mediante el D.S N° 013-2008-DE/EP, en el cual se manifiesta que los oficiales de esta arma deben de gozar de los mismos derechos y obligaciones que le corresponden a los oficiales de otras armas (infantería, artillería, ingeniería, caballería y comunicaciones).
Ello nos lleva a pensar que la actual cúpula militar estaría sobreponiendo otro tipo de intereses a los institucionales y a los del propio país, pues el trabajo especializado que consiste en realizar una adecuada búsqueda de información y producción de inteligencia en los niveles tácticos y estratégicos ha sido olvidado. Esta situación inaudita que viene ocurriendo en nuestro ejército nos está relegando frente a los países limítrofes cuyos ejércitos cuentan con esta arma y con sus oficiales en los puestos que les corresponden.
Y a todo esto, porqué el Comandante Humala y su asesor de seguridad permiten que sucedan todos estos despropósitos en la institución que los formó, dándose incluso el lujo de salir en televisión orgullos de los supuestos trabajos en el VRAEM por parte de la inteligencia militar durante la operación Camaleón, presentando al famoso Comando de Inteligencia y Operaciones Especiales Conjuntas (CIOEC), formado también durante el gobierno del expresidente García. Aunque sabemos que fue la inteligencia policial de la DIRANDRO y DIRCOTE las que hicieron realmente el trabajo de erradicar a los terroristas Gabriel y Artemio en pampas Ayacucho, mientras que el General Moncada se dedica a maltratar a los oficiales que pertenecen a esta arma.
Finalmente, estará enterado el frívolo y noctambulo ministro de defensa Pedro Cateriano de todo este desbarajuste que viene ocurriendo en el Arma de Inteligencia o es que todavía no se ha enterado de todo lo que aquí narramos, tal como sucedió en el Operativo Camaleón, del cual se enteró recién a las 3 de la mañana del día siguiente. Con todo esto, tenemos derecho a afirmar que si nuestro héroe Francisco Bolognesi resucitará y viera como algunos de sus altos mandos se compartan permitiendo estas barbaridades, volvería a quemar su último cartucho.
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