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martes, 19 de junio de 2012

Solucionética - Verde desde las bases. Por Elinor Ostrom



En este interesante artículo traducido en exclusividad para La Sopa, la nobel en economía Elinor Ostrom reflexiona sobre los alcances de la Cumbre ambiental Rio +20 (http://rio20.net/). De acuerdo a Ostrom, se ganará más de una diversidad de políticas sectoriales locales y regionales que de un solo acuerdo que probablemente sea muy vago para su ejecución. Más que una gran plataforma mundial, Ostrom piensa que deberíamos estandarizar un sistema de objetivos que involucren a la sociedad civil y al capital privado en la profundización del desarrollo sostenible.

Verde desde las bases[1]
Elinor Ostrom[2].
Mucho se está hablando de la cumbre Rio + 20 de las Naciones Unidas. Muchos lo están vendiendo como el Plan A para el planeta tierra y quieren que los líderes mundiales concerten en un solo acuerdo internacional que proteja el medio ambiente y prevenga una crisis humanitaria a escala global.
La inacción en Rio pudiese ser desastrosa, pero un único acuerdo internacional sería un grave error. No podemos recaer en ninguna política global para resolver los problemas de manejo de nuestros recursos comunes: los océanos, la atmósfera, los bosques, los ríos, y la rica diversidad de vida que combinada crea las condiciones correctas para la vida, la cual incluye a 7 mil millones de humanos.
Nunca hemos tenido que lidiar con problemas de la escala que los que la globalizada e interconectada sociedad de hoy tiene que enfrentar. Nadie sabe si funcionará, pero si es importante construir un sistema que pueda evolucionar y adaptarse rápidamente.

Décadas de investigación demuestran que una gran variedad de políticas superpuestas a nivel local, regional, nacional e internacional tienen más oportunidades de funcionar que un solo acuerdo que cubra a todos. Este enfoque político nos permite ciertas salvaguardas esenciales en casa una o más políticas fallen.
La buena noticia es que este tipo de políticas públicas están actualmente funcionando orgánicamente. Frente a la ausencia de legislación nacional e internacional efectiva para reducir la emisión de gases de invernadero, una cantidad creciente de líderes locales están actuando para proteger a sus ciudadanos y sus economías.
Esto no es sorprendente, y debería ser promovido.

La mayoría de ciudades se localizan en costas, valles o deltas vulnerables, poniendo a las ciudades en la línea delantera de los crecientes niveles de inundación que se aproximan las próximas décadas. La adaptación es una necesidad. Pero, siendo las ciudades responsables por el 70% de las emisiones de gases invernadero, la mitigación es mejor.

Cuando se trata de enfrentar el cambio climático, los Estados Unidos no han producido ningún mandato federal que requiera o siquiera promueva la reducción de emisiones. Sin embargo, hacia mayo del año pasado, 30 estados norteamericanos han creado sus propios planes ambientales, con más de 900 ciudades estadounidenses habiendo firmado el acuerdo de protección climática americano.

Esta diversidad desde las bases de producción de políticas verdes tiene sentido económico. “Ciudades Sostenibles” atraen gente educada y creativa que quiere vivir en un ambiente urbano libre de polución que le calce a su estilo de vida. Allí es donde reside el crecimiento futuro. Así como los teléfonos se recambian cuando la gente ve los beneficios, las personas descartarán modelos viejos a la velocidad de un flash.
Por supuesto, la verdadera sostenibilidad va más allá del control de polución. Planificadores urbanos deben ver más allá de los límites municipales y analizar las corrientes de recursos – energía, comida, agua y gente- que entran y salen de las ciudades.

Mundialmente estamos observando una colección heterogénea de ciudades interactuando de forma que puede tener influencias muy fuertes en como el planeta entero evoluciona. Estas ciudades están aprendiendo unas de otras, construyendo sobre buenas ideas y descartando las malas. A la ciudad de Los Ángeles le tomó décadas implementar un control de polución, pero otras ciudades, como Beijing, se convirtieron rápido y vieron los beneficios. En las próximas décadas,  tal vez veamos un sistema global de ciudades sostenibles emergiendo. Si es triunfante, todos querrán unirse al club.

Fundamentalmente, este es el camino correcto para manejar el cambio y el peligro de sistemas complejos interconectados, y por manejar recursos comunes – aún cuando todavía tiene que reducir el inexorable incremento de emisiones de gas invernadero.


La cumbre Rio + 20 llega en un momento crucial y su importancia está fuera de dudas. Por 20 años, el desarrollo sostenible ha sido visto como un ideal al cual aspiramos. Pero la primera edición del Estado Declaración del Planeta publicado en la última edición del compendio científico Planet Under Pressure ha hecho bastante claro que la sostenibilidad es ahora un prerrequisito para todo futuro desarrollo. Esta idea tiene que ser el fundamento de las economías nacionales y constituir la fibra básica de nuestras sociedades.
El objetivo debe ser lograr que la sostenibilidad en el ADN de nuestra sociedad interconectada globalmente. El tiempo es el recurso natural con el que menos contamos, razón por la cual la cumbre de Rio debe galvanizar al mundo. Lo que necesitamos son objetivos universales de desarrollo sostenible en temas como energía, seguridad alimentaria, sanidad, planeamiento urbano y erradicación de la pobreza mientras se reduce la desigualdad dentro de los límites del planeta.

Como una estrategia para enfrentar los problemas del mundo, los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas han logrado cosas que otras iniciativas no pudieron conseguir. Aún cuando no todos los objetivos sean logrados para el 2015, podemos aprender mucho de esa experiencia.

Definiendo objetivos puede convertirse en inercia, pero todos deben tener algo que decir cuando se establecen: países, estados, ciudades, organizaciones, empresas y gente de todos lados. El triunfo se logrará con muchas políticas superpuestas para lograr los objetivos.

Tenemos una década para actuar antes que los costos económicos de las actuales soluciones viables sean muy altos. Si no hay acción corremos riesgos catastróficos y tal vez irreversibles a nuestro planeta.
Nuestro objetivo primario debe ser lograr responsabilidad planetaria para este peligro en vez de dejarle el peligro al bienestar de las futuras generaciones.


[1] Traducido por Luis Zaldívar en exclusivo para la Red Ojo Izquierdo. Original en http://www.project-syndicate.org/contributor/elinor-ostrom
[2] Premio nobel en Economía. Este fue su última publicación , falleció el 12 de junio de 2012. 

miércoles, 24 de agosto de 2011

Solucionética - Verdades incómodas respecto a la ley de Consulta Previa. Por Luis Zaldívar


Por fin el Congreso aprobó por unanimidad –así es, ni Martha Chávez votó en contra - la Ley de Consulta Previa a los pueblos indígenas, dejándole al presidente Humala la oportunidad de por fin hacer algo coherente con su discurso de campaña. En buena hora que el Congreso ha sido productivo y pudo resolver impases discursivos para apoyar la iniciativa del grupo Alianza Parlamentaria encabezada por el “brillante” Yhony Lescano. Esta ley proviene del Convenio 169 de la OIT, adoptado por el primer Alanismo y ratificado por Fujimori en 1993 . Así, se completa el círculo de la historia política peruana: El APRA propone algo, un dictador lo aplaza, y un militar lo usa de bandera.
Sin embargo, es mentira –como algunos gurús del pensamiento único caviar vienen diciendo- de que esta ley signifique la solución definitiva a los conflictos sociales del país.  
Primero, se dice en algunas partes de que esta ley logra de que “los pueblos decidan” sobre temas delicados como la extracción de recursos. Falso, como advierte Alicia Abanto de la Defensoría del Pueblo: “La consulta previa tiene por finalidad llegar a un acuerdo o consentimiento, lo cual no significa bajo ninguna circunstancia un derecho de veto. De no existir un arreglo, el Estado tiene la responsabilidad de tomar una decisión en el marco de la proporcionalidad”.  Es decir, es absolutamente posible de que si el gobierno esté interesado en cierto negocio, como el actual gobierno debe estarlo respecto a petroleras brasileras y rusas, tengamos un nuevo Baguazo. La ley sólo obliga al gobierno a consultar, pero no a hacerle caso a la consulta.
Segundo, la mala aplicación de esta ley puede causar que las autoridades elegidas democráticamente en el interior del país pierdan legitimidad. La ley no consiente mecanismos definitivos de consulta, dejando el espacio libre para que se manejen por intereses de grupos políticos que no pueden ganar elecciones. Así como estamos acostumbrados a ver a camarillas ideologizadas de estudiantes controlando el debate político en algunas universidades, no es difícil pensar en algunos dirigentes de financiamiento oscuro deslegitimando a sus autoridades y pretendiendo ellos ser los defensores de la población. Peor aún, las consultas pueden terminar siendo mecanismos de control del gobierno de turno para con sus aliados.

¿Perro del hortelano?

Tercero, la aprobación de esta ley puede ser interpretada en algunos sectores como una victoria para la tesis del plurinacionalismo, que pretende independizar a algunas regiones del resto del país. Esta tesis está en contra del mismo espíritu de la ley, que intenta que el diálogo y el consenso sean los móviles de las políticas públicas; si comenzamos a tener una multitud de “naciones” nos estamos desviando hacia la intolerancia, el aislamiento, e inevitablemente el conflicto. En especial, el revanchismo de estos sectores ideologizados puede lograr que las consultas se conviertan en un foco de acción política contra las “naciones opresoras” y no en un instrumento de diálogo.
En conclusión, hay que ser cautos para que la Ley de Consulta Previa sirva precisamente para lo que ha sido promulgada y no para debilitar aún más nuestro sistema de representación. Sobre todo considerando que quienes impulsan el lenguaje revanchista son también los que han demostrado ser incapaces de formar partidos políticos, los cuales de estar constituidos serían los verdaderos canalizadores de la consultas.