Se cierra un largo ciclo de devaneos y frustraciones. Se abre otro ciclo “renovador”, si cabe la palabra. El Partido Aprista inicia el proceso de elecciones internas en todas las instancias de gobierno. El “fantasma” de la renovación recorre los distritos, provincias y regiones a lo largo y ancho de la geografía nacional.
Charles Piguy dijo que “todo empieza en mística y termina en política”. Acaso el aprismo y el Partido Aprista son letra por letra aquella sentencia. Estas elecciones implican mucho. Probablemente la principal esencia es que de estas “internas” y sus resultados dependan no solo afrontar las próximas elecciones nacionales del 2016 sino algo aún más trascendente: la existencia del aprismo para las futuras generaciones. Por eso es importante tener como primera agenda un cambio generacional de los cuadros que dirigirán los destinos del aprismo y su relación con la ciudadanía, con el Perú común y silvestre.
Aunque en estos últimos años hacía afuera el aprismo haya dado una aparente organización vertical, férrea y disciplinada desde adentro se conoce que puede ser todo lo contrario. Por su complejidad y su carácter siempre existirán tendencias hacía la entropía. Es lo natural en un viejo partido fundado en la ola democratizadora de las primeras décadas del siglo pasado.
Por tanto hay varios desafíos en estas nuevas internas. Quizá la primera sea que la urgencia de “renovación” se confunda con solamente la búsqueda de nuevos cuadros, distintos nombres y apellidos, rostros igual de novísimos. Cuidado. Se necesita mucho más que eso. Lo más importante es que se deben cambiar urgentemente las viejas prácticas clientelistas que retan los procedimientos institucionales del propio partido. Los viejos caudillos que apelan al seguimiento de una militancia adoctrinada no por el pensamiento sino por la dádiva o promesas propias del poder. Si se cambian rostros, nombres o apellidos y no estos procedimientos informales se corre el riesgo de conducir una “renovación” con “forma pero sin fondo”

Se está frente a una “coyuntura crítica” propia. Acaso el mayor desafío que tiene el aprismo y su partido es saber colocarse en el centro gravitacional de la política. El historiador Ferdinand Braudel decía que había “ondas” en la historia. Es precisamente en esa “onda larga” que se ve con nitidez los desaciertos y errores de un partido tan viejo como el PRI de México de Plutarco Elías Calles, el Partido Socialista de Chile y constituido apenas un año después de la “larga fundación” del Partido Comunista Chino de Mao, Deng Xiaoping y Zhou Enlai. Pero se ven también las huellas de un pasado glorioso, un presente reflexivo y un futuro optimista. Todo eso en defensa de la libertad, la creación de la riqueza, la república y la justicia social.
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