Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

viernes, 29 de abril de 2011

Nosotros también tenemos nuestra boda


El 29 de Abril fue imposible para mi enterarme de las noticias mundiales vía cable por el gran acontecimiento de la boda entre el rubísimo príncipe William con la despampanante Kate Middleton, a la cual automáticamente pude imaginar sentada de blanco en un partido de tenis del Regatas. Frustrado por que a mi este evento me importa tanto como el último disco de covers del Grupo Néctar,  me entró la curiosidad, ¿que fuese del Perú si tuviésemos una monarquía? Digamos, ¿que pasaría si nuestras élites elegidas por el pueblo pasan a ser personalidades de un absolutismo peruano? Si es que quisiéramos implantar tal forma de gobierno, lo más sabio luego de las últimas elecciones es casar a nuestros candidatos a la segunda vuelta. Así es, Ollanta Humala y Keiko Fujimori tendrían una boda en la Catedral del Cuzco (porque Cuzco “pone”) y viviríamos gobernados por sus allegados.

Pueda que el escenario sea gracioso; pero en la práctica, yo veo nuestros candidatos a segunda vuelta se parecen cada vez más.

Keiko Fujimori y Ollanta Humala han empezado estas semanas su “estrategia” de segunda vuelta.

Por su lado, el ex capitán de Madre Mía, ex etnocacerista,  y que ahora ha parecido encontrar la forma de convertirse él mismo en ex Humalista ha continuado su capciosa campaña de blanqueo que tiene como objetivo confundir a absolutamente todo el mundo sobre lo que piensa. El mismo día de la boda, se reunía con el Instituto Prensa y Sociedad, y cuando se le preguntó por lo que significaba la “democratización de los medios de comunicación” en su plan de gobierno,  contestó que se refería a que todos los peruanos tuvieran acceso a los avances tecnológicos como los Ipads (¡!). Asombrado, el periodista le preguntó a que se refería con “poner los medios de comunicación al servicio de la democracia” en el mismo plan, a lo que respondió “a no tenerlos comprados como en el régimen Fujimorista” (¿?). Para todo lo que este señor habla de democracia, parece tener muy pocos conceptos claros sobre ella o la triste historia de los proyectos políticos que han puesto a los medios de comunicación “al servicio” de algo o alguien.

Por otro lado, la hija del candidato al congreso japonés fue víctima del mejor titular de estas elecciones cuando La República no escatimó en colocar “KAVIAR” en primera página, luego de que confiese simpatizar con Lula, aceptar que su padre tuvo un gobierno “autoritario”, pelearse de boca para fuera con los fujimoristas “duros” de su equipo, y por poquito llevar a sus hijos a dar una plegaria al Ojo que llora. Mientras tanto, ha logrado hacer que la familia Miró Quesada rompa el equilibrio estratégico que habían logrado para mezquinar los logros del último gobierno y tengan que despedir periodistas no alineados contra Humala y pelearse con sus socios de La República. Nadie puede estar seguro de lo que sería un régimen de Fujimori, pero ciertamente no hay nada democrático en su blanqueamiento.

Lo que tenemos pues, es que si tuviéramos que empezar una monarquía con nuestros personajes a segunda vuelta, lo que los une es ya mucho más de lo que los separa. Ambos personajes tienen antecedentes dictatoriales de los que nunca han deslindado coherentemente, Humala hacía vivas al represivo Velazco sin despecho mientras Fujimori clamaba por la liberalización de su asesino y ladrón padre. Ambos se consideran el “antisistema” frente a los “partidos políticos tradicionales”. Ambos tienen un electorado ávido de “presencia del Estado”, aunque esto signifique tanques en las esquinas y crisis económicas posteriores. Ambos han actuado con la plataforma de aglutinar personajes dispares hambrientos de poder que nunca han hecho política seria. Ambos proponen populismo puro y duro, nada de estrategias de desarrollo que eso es para académicos, ambos piensan que lo que quiere es que venga su china o su cachaco a pararles la chacra. Ambos han hecho su vida política oponiéndose a las doctrinas políticas, aunque uno ha copiado su plan de gobierno de un desahuciado partido comunista  y la otra ha hecho un copia y pega de los delirios liberales que nunca han existido en la práctica. Ambos consideran que los medios de comunicación están hechos para darle medida a sus proyectos. Ambos han demostrado ser intolerantes frente a posiciones discordantes. Finalmente, ambos nos engañan tratando de aparentar ser todo y nada a la vez, tratando de ganar votos de los males de nuestra República: la falta de instituciones y la falta de cultura política.

En conclusión, nuestra boda real sería pues un éxito. Ollanta saldría de la Catedral saludando a las masas a su derecha, prometiéndoles “nacionalizar” los recursos estratégicos y a armar el país para esperar el fallo de la Haya sobre el diferendo con Chile. Keiko, vestida de blanco, saludaría a las masas aún más a la derecha, aclamada con alegría por el pueblo agradecido por la desaparición de periodistas y activistas de la democracia. La guardia dorada, conformada de un grupo de tecnócratas a los que aún se les rumorea en la prensa libre de “caviares”, viene detrás sonriente con los bolsillos llenos gracias a las consultorías “sociales” en las que medio mundo trabaja.

En el lado de los demócratas, a la izquierda del recibimiento, la mayoría de peruanos, no había nadie, porque sus políticos se estaban peleando por un puesto en alguna secretaria de su partido.
Alejandro Castañeda