Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

miércoles, 6 de marzo de 2013

Entre la realidad y el mito: la fallida revolución bolivariana de Hugo Chávez


Hemos notado que hay cierta sensibilidad a criticar el legado de Hugo Chavez pasado tan poco tiempo de su fallecimiento. Sin embargo, creemos que hacerlo desapasionadamente y sin rencores es un hecho político que no tiene porque ser visto negativamente. La Red Ojo Izquierdo se solidariza con el pueblo venezolano, y es por eso que queremos que haya una discusión balanceada y clara del proceso venezolano para poder obtener conclusiones concretas y no discursos al aire. 


Hugo Vallenas
Luis Zaldívar
Hernán Hurtado
Medalie Reyes
Billy Morales

“Ser rico es malo, es inhumano.
Así lo digo y condeno a los ricos”.
Abril 2005, Presidente Hugo Chávez.
Reunión con empresarios venezolanos.

El Presidente venezolano Hugo Chávez Frías, fallecido a los 58 años el pasado 5 de marzo, se sobrepuso al doloroso avance del cáncer para cumplir la anhelada meta de una cuarta reelección. En las elecciones presidenciales del 7 de octubre del 2012 venció con el 54% de los votos a su oponente, el liberal Henrique Capriles. Fue, sin duda, un ejemplo de tenacidad admirable. Sin embargo, fue también una decisión perjudicial para su país, sabiendo el propio Chávez la gravedad de su enfermedad y su inminente deceso.

Chávez el “rey de la baraja”

Recordemos que Chávez ha sido el líder de una “revolución bolivariana” más pragmática que teórica y centrada excesivamente en su autoridad personal. No hay una doctrina coherente ni un programa básico de gobierno que los chavistas puedan emplear para proseguir la obra del caudillo. Sólo hay gestos, enunciados de antipatía o simpatía hacia personas e instituciones y sobre todo, decisiones sorpresivas. Chávez, con perdón de quienes lo adoran, ha sido como el “rey de la baraja” del librito de Alan García sobre el conquistador Pizarro: daba señales distintas sobre sus intenciones para que nadie pueda adivinar sus decisiones políticas.

Por lo tanto, ha resultado perjudicial para Venezuela que, ante el final inminente, Chávez no optara por ser el gran estadista de la reconciliación nacional sino el azuzador del resentimiento social. Su voluntad postrera fue designar como su delfín a un político tosco y gris como Nicolás Maduro e invocar a que después de su muerte el pueblo “cierre filas” y siga su directiva de “unidad, batalla, victoria” por sus confusos ideales. Casi un llamado a la guerra civil. Por supuesto, el señor Maduro está siguiendo las “órdenes supremas” de su fallecido “comandante” al pie de la letra. El 45% del país que no votó por Chávez vive un clima de temor ante una inminente dictadura.  


No es suficiente devaluar

Otro legado importante del Presidente Chávez, menos conocido, es la Ley de Presupuesto 2013, que dispone un incremento del gasto fiscal de 33% respecto al año anterior, cuando lo urgente es moderar dicho gasto.

Mencionemos que la tasa de crecimiento anual de Venezuela, que el año 2012 fue del 5,5% del Producto Interno Bruto (PIB), se basa fundamentalmente en la rentabilidad de la exportación petrolera y en la aplicación de esta rentabilidad mediante el rol gestor y comprador del Estado. Sobre todo a través de los Programas de Desarrollo Social y las llamadas Misiones, como la Gran Misión Vivienda, que el año 2012 entregó a bajo costo 260 mil viviendas de una meta bienal de 400 mil. No hay actividad privada importante que pueda desarrollarse al margen de estos grandes proyectos. Obtener (o perder) un contrato de provisión de bienes y servicios con el Estado puede decidir la vida (o la muerte) de una o varias empresas privadas. Pues bien, el Presupuesto 2013, de 396 mil millones de bolívares (92 mil millones de dólares), tiene un déficit fiscal de apertura de 40 mil millones de dólares, equivalente al 16% del PIB ¿Cuál es el origen de este déficit? Que el gobierno bolivariano primero decide qué obras sociales necesita por razones políticas y después se pone a planear de dónde vendrán los fondos.


Según las agencias consultoras Barclay’s y Ecoanalítica, para hacer frente a las exigencias de gasto del presupuesto del 2013 era indispensable, como primer punto, imponer una devaluación del bolívar “no menor del 46%”[1]. En efecto, el gobierno dispuso esta devaluación el 8 de febrero del 2013. El tipo de cambio oficial subió de 4,30 a 6,30 bolívares por dólar (46,5%) pero exceptuando una serie de ítems de interés social. Mientras tanto, el problema de fondo, que el gobierno bolivariano no quiere encarar, es reducir la dependencia venezolana de las exportaciones petroleras y manejar estos ingresos no en forma política sino productiva. Según las cuentas oficiales, las importaciones anuales son del orden de los 55 mil millones de dólares. En esta cifra se incluyen productos textiles, medicinas y muchos alimentos de la canasta básica que el país no produce.

Dependencia extractivista

Según el economista venezolano Juan Fernández, evadir el problema de la dependencia extractivista venezolana equivale a querer tapar el sol con un dedo. Afirma que el país vive una situación económica de extrema fragilidad, “en la cual el Estado se condena a un alto nivel de gastos para satisfacer su clientela política y para importar lo que ya no se produce en el país”, mientras “sus ingresos se reducen por la falta de producción interna incluso en el área petrolera”[2].

Según J. Fernández, el déficit del gasto fiscal podría cubrirse con la venta de 1 millón 400 mil barriles diarios de petróleo al precio promedio internacional durante 10 meses. Sin embargo, de la producción petrolera venezolana, de 2 millones y medio de barriles diarios, cerca de 700 mil barriles diarios se destinan al uso nacional, 400 mil barriles diarios están comprometidos al gobierno chino (que los paga adelantados) y 300 mil barriles diarios van a Cuba y otros países que reciben combustible en forma solidaria. De los 2 millones y medio de barriles diarios, sólo queda 1 millón de barriles por día para una exportación realmente rentable.  

Fernández agrega que el gobierno maneja los ingresos por exportaciones petroleras cotizando el crudo en un precio promedio anual de 55 dólares el barril, siendo en realidad de 104 dólares. Engañándose a sí mismo, el Estado dispone de la diferencia de precios aplicando una Ley de Ganancias Súbitas en favor del gobierno central, aumentando sus ingresos para gastos corrientes. Otra forma de incremento de la liquidez fiscal es el endeudamiento interno con la emisión de bonos. Según la agencia consultora Ecoanalítica, un recurso frecuente es la emisión inorgánica de moneda. Dentro de este círculo vicioso, se va incrementando una crisis financiera apenas contenida por estas maniobras de gestión, que sólo son posibles por el control que ejerce el partido oficialista en el Congreso y en todos los poderes del Estado.

El gran clivaje: expropiar o no expropiar

En octubre de 2012, durante las últimas elecciones, James Petras, un analista internacional favorable a Chávez, entrevistado por el periodista venezolano Efraín Chury Iribarne, declaró que la principal tensión o clivaje de la “revolución bolivariana” era que “la burguesía en general no ha sido tocada, e incluso ha tenido cierta prosperidad” lo cual se traduce en que “el 80% de los bancos están en manos privadas […] la gran mayoría de los servicios privados están en manos de la derecha; un gran sector de latifundistas y dueños de plantaciones […] y el sector manufacturero siguen en manos privadas”. Agrega Petras, temerariamente, que “la derecha tiene una fuerza institucional que le permite colaborar con el imperialismo”[3]. En este caso, “la derecha” son todos aquellos sectores sociales contrarios al caudillismo autoritario del fallecido Presidente. El 45% de la población venezolana no está formado por banqueros ni terratenientes.

Lo que Petras quiso decir es que el modelo “bolivariano” chavista sólo puede avanzar hacia sus objetivos de reducción paternalista de la pobreza si impone un severo control estatal de las finanzas y del comercio exterior. Es decir, si impone por completo el modelo cubano que tanto admira. La liquidez y la rentabilidad que necesita, está en manos del sector privado. Mientras no de ese temible paso, que sería ampliamente rechazado en todo el continente, el modelo seguirá deteriorándose. Hoy en día, ese 45% de octubre 2012 que no aceptó el “socialismo del siglo XXI” y hoy teme un brusco giro dictatorial va creciendo en forma contundente.

Líder internacional sin brújula

El “socialismo bolivariano” del Presidente Chávez es un producto del azar criollo del país venezolano. No es un modelo político de exportación. Tampoco ha sido exitoso. Según el investigador Giuseppe de Corso, en los últimos 14 años Venezuela tuvo una fuga de capitales del orden de los 140 mil millones de dólares y la reducción de la pobreza, entre los años 2005 y 2011, fue más costosa y mucho menor que en Perú y Uruguay. En Venezuela se redujo de 43,7% a 31,9%, mientras en el Perú se redujo de 55,6% a 27,8% y en Uruguay de 29,2% a 13,7%[4]. Y sobre la calidad de vida sigue vigente el comentario que sobre la realidad del modelo publicaran IDEA y Transparencia el 2007: “El gasto público se mantiene en aumento desde 1999. Sin embargo, la generación de empleos de calidad sigue siendo el punto débil. […] las condiciones de vida de la población no se corresponden con las posibilidades redistributivas producto de la economía del petróleo”[5].

A nivel de América Latina el “socialismo bolivariano” agrupó a un conjunto de gobiernos descontentos con las políticas hemisféricas de las grandes potencias pero sin compartir estrategias. El decrépito comunismo cubano y el actual régimen brasileño, así como los liderazgos ecuatoriano y boliviano tienen más diferencias que similitudes. Y a nivel internacional, el fallecido Presidente se hizo portavoz de la “multilateralidad” y la “globalización con rostro humano”, buscando coincidencias nunca logradas con los países en desarrollo de Asia y África, que siempre desconfiaron de su vínculo con Cuba y sus episódicas malas juntas con personajes como Muammar Gaddafi de Libia, Mahmoud Ahmadinejad de Irán y Bachar Al-Assad de Siria.

América latina necesita gobernabilidad y democracia institucional, desarrollo sostenible y promoción del talento empresarial y la cultura. Y si es así, ¿puede esto lograrse con caudillismos paternalistas que creen saberlo todo y tener el derecho a disponer de todo con la única finalidad de obtener el fácil aplauso y la sumisión de algunos incondicionales, amedrentando a opositores y críticos? Ojalá Venezuela cambie pronto esta página de su historia que acaba de concluir.



[5] Vanessa Cartaya y Claudia Giménez: “Sistemas de partidos y desarrollo. El caso de Venezuela”. En: La política y la pobreza en los países andinos. International IDEA-Asociación Civil Transparencia, Lima, 2007, pp. 437-438.