Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

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martes, 25 de febrero de 2014

La izquierda antichavista. Por Luis Zaldívar

La ola de protestas en Venezuela que ha puesto en jaque a la dictadura de Nicolás Maduro han sido erróneamente interpretadas por algunos analistas como el resultado de un proceso impulsado desde la derecha, incluso algunos –como la izquierda peruana-  han copiado el discurso del chavismo calificando de “fascistas” a los jóvenes protestantes que están cayendo asesinados por grupos paramilitares armados por el gobierno. Pocos han intentado ver quiénes son los que protestan y quienes conforman la oposición a la dictadura.

La Mesa de Unidad Democrática creada en el 2008 aglutina no sólo a los partidos históricos como Acción Democrática y el COPEI, sino a diferentes partidos y movimientos de izquierda que van desde el Movimiento Hacia el Socialismo (de tendencia trotskisa) hasta el comunista Bandera Roja (el partido maoísta hermano del peruano Patria Roja), los cuales manejaban una buena cantidad de sindicatos antes de la llegada del chavismo, y fueron atacados por la dictadura con el afán de consolidar el partido único. Así mismo, la oposición chavista cuenta con los movimientos locales de Derechos Humanos (esos que se han quedado callados en otras partes), como son la Vanguardia Popular. El mismo partido de Leopoldo Lopez, Voluntad Popular, no tiene ni atisbos de filosofía conservadora en sus estatutos, más bien definiéndose en redes de activistas que son más parecidos a los movimientos de izquierda peruanos.


El movimiento estudiantil, a su vez, tiene como líderes a miembros de agrupaciones como Un Nuevo Tiempo – de izquierda democrática –, el Movimiento 13 de Marzo – relacionado a Voluntad Popular- y la Unión de Jóvenes Revolucionarios –relacionado a Bandera Roja- ninguno de las cuales pudiese decirse son organizaciones de derecha. Ni que decir de los cientos de miles de jóvenes que sin partido político han salido a protestar pidiendo democracia. Sólo para un comunista demasiado ortodoxo puede pensar que pedir libertad y democracia es sinónimo de derecha.


El fondo del problema es que ciertos analistas no han comprendido la democracia e insisten que el ganar elecciones es suficiente, sin tener en consideración que el chavismo ha cooptado los diferentes poderes y restringido la libertad de expresión, al punto de violar los derechos humanos, que son la base de cualquier plataforma de izquierda moderna. No hubiese otra razón por la cual los principales partidos de izquierda venezolana están en contra del chavismo; la reacción simplona de algunos peruanos en tildar de “derechista” a la oposición venezolana demuestran un conocimiento mínimo sobre la realidad política del país caribeño.

El pronunciamiento del Frente Amplio de Izquierdas a favor de Maduro en el Perú nos da una excelente oportunidad de volver a arrebatarle a estos personajes el concepto de izquierda. La izquierda que busca la libertad y la justicia social, hacia allá nos dirigimos. 

martes, 18 de febrero de 2014

La Lucha Venezolana y la Hemiplejia Moral. Por Enrique Valderrama

El socialismo autoritario está de retroceso en el mundo. Tanto en su influencia desde la sociedad civil, la academia y en los pocos gobiernos que regenta desde los cánones que su modelo medieval plantea. Y digo medieval porque la experiencia demuestra que cuando gobiernan van suplantando las libertades obtenidas por el republicanismo e instalan una reedición descontextualizada de absolutismo propio del Medioevo; en Cuba gobierna el hermano de Fidel Castro, perpetrando más de 50 años de dictadura y de condena al pueblo cubano. En Venezuela gobierna Maduro en buena parte por ser el receptor de un amague de entrega de la “espada de Bolívar”  poco antes de morir por parte de Hugo Chávez Frías; una suerte de opereta tétrica que podría tener su escenario en un feudo de la Edad Media.

En Perú, algunos representantes de la academia están atravesando un proceso de tránsito desde las orillas de la izquierda socialista con devaneos autoritarios a posiciones más “socialdemócratas”. Un caso reciente es el de Gonzalo Portocarrero, quién en un reciente artículo en “El Comercio” argumentó que “el socialismo ha fracasado”, refiriéndose a lo que nosotros llamamos el socialismo autoritario. Desde la posición de la Democracia Social celebramos que la verdad histórica vaya abriéndose paso, a pesar del histórico escepticismo de muchos y los gritos e insultos de otros. Finalmente el curso de la historia demuestra que las dictaduras sólo traen atraso económico, destrucción de las instituciones e ignominia. El mundo es consciente de ello y el continente parece empezar a despertar a esa verdad. Lamentablemente aún quedan fundamentalistas.


EL pueblo Venezolano atraviesa una dura prueba que le impone la historia, una lucha que dada las circunstancias puede ser larga y muy dolorosa. El movimiento estudiantil se ha puesto de pie y ha asumido el combate contra la brutal autocracia del heredero de Chávez. El régimen está llevando a la ruina al país, hay desabastecimiento, inflación, crimen organizado, grupos paramilitares armados por el régimen,  etc. Empieza a popularizarse un sentido común referido a que el final del Gobierno de Maduro se acerca. Éste sin embargo resiste, se aferra, reprime, asesina y miente a la comunidad internacional; engaños que no prosperan por la velocidad de la información que se trasmite por redes sociales, velocidad que no deja chance al gobierno para censurar ni manipular.

En medio de la lucha dos personalidades de formas distintas lideran a la resistencia. De un lado Leopoldo López, en la clandestinidad aboga por llamar al pueblo a las calles y derrocar al tirano de una vez y sin dilaciones. Desde su delicada posición ha convocado a una movilización para el martes, en donde anuncia que el mismo estará presente. Sin duda su valentía y arrojo es destacable, habrá que evaluar si el camino de la salida inmediata de Maduro es transitable o sólo desangrará más al país.

En la misma orilla de lucha, pero con otro estilo Henrique Capriles, el candidato de la oposición unida en el último proceso electoral, en alguna dimensión con mayor fe en la salida institucional, lo que no es seguro es si en la Venezuela de Maduro aún ha quedado en pie alguna institución o si 15 años de Chavismo lo ha devastado todo. Capriles ha salido a pedir un alto a la violencia y una estrategia más realista de lucha con el chavismo encarnado ahora en Nicolás Maduro, Capriles anuncia también una marcha convocada por el en contra de la violencia y por la solución de los problemas del país. Lo queda claro es que la unidad es la única real salida para enfrentar a la represión del régimen; cuya caída está próxima a juzgar por la violencia empleada; cuando una dictadura emplea más la fuerza es cuando menos segura se siente de contar con respaldo popular.

Todo lo hecho y dicho por el gobierno de Maduro califica para expresar el más profundo rechazo y sumarse a la causa de libertad del Pueblo venezolano en todos los rincones del orbe. Lo curioso y al mismo tiempo indignante es observar en Perú el silencio cómplice de algunos políticos, referentes de la academia, activistas de Derechos Humanos, etc. herederos de esa vieja izquierda que va de retirada, abatida por la modernidad y la indiferencia electoral del pueblo. Ni un pronunciamiento, ni un volante, ni una declaración de condena. Los fundamentalistas se niegan a ver la realidad.

De tratarse de un dictador de derecha ya los tuviéramos organizando vigilias, debates y haciendo firmar manifiestos; ahora en cambio por tratarse de un aliado ideológico guardan silencio y justifican su apatía con argumentos febriles. Esta es sin duda una actitud que puede definirse como “hemiplejia moral”; sólo les funciona un hemisferio de su ética, el que condena a los que no piensan como ellos. Para los suyos todo vale en nombre de un manual importado que ha mostrado fracasar allí donde se ha aplicado.

Esto configura sin duda una señal ineludible de la crisis terminal del izquierdismo de corte autoritario, ya no les queda ni la razón histórica, ni los planteamientos de futuro, ni las ciencias sociales y ahora tampoco esa falsa moralina que trataban de esgrimir como principal argumento. Aquellos que no deslindan de un sátrapa que condena a su pueblo o a un pueblo hermano al hambre y al drama de la sangre no tienen ninguna autoridad moral. Deben sin duda revisar su escala de valores y la construcción de sus conceptos. Deben abandonar el fundamentalismo ideológico y el enamoramiento de las ideas que los empuja a no mirar con detenimiento la realidad.

Rómulo Betancourt estuvo en sus años mozos en Perú realizando labores de propaganda junto a la juventud del APRA, Bolívar, valiente venezolano fue libertador de nuestra tierra; nuestros lazos con el pueblo de Venezuela son fraternos, sinceros e intensos, es por ello que desde la Democracia Social, les expresamos nuestra solidaridad en este momento de lucha, nuestra fe en que pronto caerá el tirano y podrán redefinir sus destinos hacia la libertad y el progreso.

Viva Indoamérica libre!

Enrique Valderrama

jueves, 12 de septiembre de 2013

Desigualdad en Perú y Venezuela. Por Agustín Haya de la Torre

El Índice de Desarrollo Humano publicado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) es hasta ahora la fórmula más consistente para medir y comparar el grado de desarrollo de las sociedades. Como se sabe, el IDH considera tres componentes: salud, educación e ingreso. El 2011 agregó otro factor para un acercamiento más certero, al considerar la desigualdad para ajustar los indicadores señalados.

Estas metodologías permiten un enfoque más realista de lo que en efecto sucede con la aplicación de las políticas de desarrollo por las que optan los países, políticas que algunos en el debate ideológico las denominan “modelos”.

Resulta interesante comparar por ejemplo la calificación que alcanzan países como Perú y Venezuela en estos rangos. En el último IDH de marzo del 2013. Perú aparece en el puesto 77 con un índice de 0.741 mientras que la república bolivariana queda en el puesto 71 con un 0.748 de desarrollo humano. No es mucha la diferencia si consideramos que tenemos una población semejante aunque la distancia entre las economías si es marcada por la enorme renta petrolera que los caracteriza.

Las distinciones también aumentan si medimos los discursos. Mientras en nuestro país desde la recuperación de la democracia las políticas económicas mantienen la estabilidad y promueven la inversión, aunque la discusión cuestiona la insuficiencia de la distribución; el sonoro discurso chavista cree que hace una revolución profunda.


Las consecuencias de ambas políticas, la liberal y social que intenta el Perú y el tropical “socialismo del siglo XXI”, pueden verse mejor al reajustar sus respectivos indicadores por el criterio de desigualdad, que considera cuanto pierden la educación y la salud por la distinta calidad y costo en el acceso de sus clases sociales y al tomar en cuenta la brecha de los ingresos entre los estratos socio económicos.


La reubicación puede sorprender a muchos, pues el Perú sube al puesto 62 y Venezuela queda en el 66. Mientras que la desigualdad le hace perder a los peruanos el 24,3% de su IDH, los norteños disminuyen en un 26%. Si se midiera el desarrollo por el fárrago de los discursos, la demagogia de Hugo Chávez y su heredero, superan abrumadoramente a los cuatro últimos presidentes peruanos con los que coincidió desde 1998.

Algo semejante ocurre con Brasil, poderosa economía mundial cuyo IDH lo ubica en el puesto 85 y el ajuste por desigualdad lo lleva al lugar 70, ocho puestos por debajo del Perú. Pierden más del 27% por los altos niveles de desigualdad que sufren.


Los datos del PNUD son reveladores y permiten colocar el debate en su lugar. El supuesto socialismo bolivariano no los ha llevado muy lejos pese a su riqueza petrolera. El Perú con menos y sin tanto aspaviento los supera socialmente, sin que esto sea definitivo. Obviamente que la desigualdad sigue siendo el déficit que lastra nuestro progreso y que obliga a reformular las políticas en función del bien común


lunes, 20 de mayo de 2013

Frente democrático nacional para derrotar al chavismo Humalista. Por Jaicec y Nito Trujillo



Por:       Víctor Raúl Trujillo de Zela
Jaicec Espinosa Sandoval
Ha hecho muy bien el expresidente Alan García, líder del Apra, en señalar y denunciar que lo que pretende el chavismo Humalista es continuar a como dé lugar con la “reelección conyugal”; es decir, chavismo puro, que modestia aparte fue denunciado en esta columna hace ya mucho tiempo. Por lo que el pueblo peruano y su clase dirigencial tendrán que alinearse con los verdaderos demócratas, sean estos de derecha o izquierda, para impedir lo que sería la entronización de la pareja cogobernante por muchos años, haciendo campañas electorales con los recursos del Estado y regalando dinero a diestra y siniestra sin crear empleo productivo.

Esto ha provocado que el propio ministro de la economía afirme “que hay factores externos e internos que podrían condicionar el crecimiento anual y situarlo en un magro 4% como mucho”, lo que sería terrible económicamente hablando pues aumentaría el desempleo e incidiría en una menor reducción de la pobreza. Habida cuenta que el capital es muy sensible y contrario a la intención latente de introducir políticas estatistas fracasadas en todo el mundo.
Por lo tanto aquí no caben medias tintas, pues se está con la democracia participativa que respeta la división de los poderes del Estado y la alternancia en el poder dentro de un concepto de desarrollo con justicia social, o se está contra ella. Sin embargo, hay muchos jóvenes gestores en los gobiernos locales con proyección hacia el futuro que no ven tan clara esta dramática disyuntiva, con el argumento de que ellos no le tienen miedo a la izquierda.


A estos políticos y gestores hay que decirles que nosotros tampoco le tenemos miedo a la izquierda, solo le exigimos que respete los principios democráticos. Porque si no terminarán de “tontos útiles” del chavismo humalista, y estaremos sujetos a perder nuestra soberanía, hipotecándonos a Cuba y Venezuela. Especialmente después de presenciar el ascendente poder del fraudulento presidente venezolano sobre Humala, quien fue prácticamente el que echó de la cancillería a Rafael Roncagliolo “por el pecado” de pedirle de la manera más tibia posible, que cumpla el acuerdo firmado en Lima por los miembros de UNASUR. Ahora reemplazado por la señora Eda Rivas, exesposa del excanciller Diego García Sayán quien luego fuera pareja sentimental del exhombre de Montesinos en el poder judicial, José Dellepiane ¿Otra montesinista en el entorno de Humala?

Es pues este el momento en que lo partidos que se dicen democráticos como Perú Posible deben decidir si ceden al chantaje del gobierno o se alinean con la democracia. Consideramos que lo políticamente correcto en este caso sería que Perú Posible se allane a una investigación en el congreso sobre las propiedades supuestamente de Toledo, pero compradas por su suegra. Igualmente los caviares de todos los pelajes también tendrán que decidir si apoyan la “reelección conyugal” o si se dicen tan demócratas apoyar al Frente Democrático Nacional como ya lo vienen haciendo el Apra y el PPC con Lourdes Flores a la cabeza, como muchos otros políticos y personalidades del país.

domingo, 21 de abril de 2013

La evidente dictadura en Venezuela. Por Renzo Ibañez Noel


Los que nunca hemos simpatizado con el proyecto chavista no necesitamos muchos argumentos para oponernos al último descalabro ocurrido en Venezuela. Es más, siendo conscientes de que el chavismo ha sido mayoritario hasta hace muy poco, igual nos hemos opuesto a un modelo económico que privilegia el despilfarro del dinero, producido  casi exclusivamente por las ingentes cantidades de petróleo,  por sobre la creación de bases económicas sólidas y que, pretenciosamente, intenta intervenir en otros países.

Sin embargo, hay muchos que siguen considerando al chavismo una “variante” de democracia, la cual se ha basado en la popularidad del fallecido caudillo, un discurso construido en dos dimensiones, por un lado una retórica social-reivindicacionista y por otro uno que denuncia a “enemigo yakee” y sus “secuaces” dentro de Venezuela (oposición), así mismo,  en la existencia de un sistema electoral que  arrincona a los opositores, y por último, la nula intención por respetar la libertad de prensa, estilo que Chávez, salvando las distancias ideológicas y de formas,  copió del dictador Alberto Fujimori. En ese sentido, tenemos que tener algunas cosas claras:


1.      No existe democracia en donde el Tribunal Supremo de Juticia está totalmente copado –literalmente -por partidarios del partido mayoritario[1]. Esto no permite a ningún ciudadano ampararse en el Poder Judicial para defender sus derechos contra el gobierno. Es importante recordar que estos señores jueces no son “supuestos chavistas”, sino que son gobierno-confesos que van a mítines y hacen campaña. Esta cooptación además no admite competencia interna, ya que pareciera ser que el requisito para acceder a un puesto en  las instancias judiciales es la de de tener un “carnet chavista”[2].

2.      El congreso no sólo es mayoritariamente oficialista, sino que han despojado a la oposición de toda posibilidad de presidir comisiones y ahora último no se le da la palabra a quien cuestione los resultados electorales, todo ello es motivado y construido por un sólido sistema electoral que está diseñado para dar incentivos y complacencias al gobierno de turno, generando mayorías aplastantes en desmedro de una oposición que no tiene mecanismos de defensa dentro de la Asamblea Nacional[3].

3.      Ninguna democracia se puede sostener en el fraude. Nicolás Maduro antes de las elecciones decía que se allanaba a cualquier conteo, luego dijo que era “técnicamente imposible” hacer un reconteo, y ahora ha tenido que aceptar por presión, tanto interna como externa, un reconteo que no será absoluto y que no cuenta con la transparencia suficiente, lo cual hace que se reaviven las suspicacias, habida cuenta el tiempo transcurrido y la muestra evidente de que el Consejo Nacional Electoral es un tentáculo más del gobierno chavista.

La entronización de Maduro bajo las condiciones señaladas es solo la muestra de cómo un país y sus
instituciones han sido transformadas para dar cabida a un sistema obsoleto y obtuso,  que ahoga las libertades de los venezolanos y que busca la permanencia de una neo-oligarquía partidaria con discurso social, con supuesta semántica progresista pero oligarquía al fin y al cabo, una elite que se ha llenado los bolsillos de petrodólares a costa de la destrucción del aparato productivo y de la pobreza de miles de venezolanos que hoy cada vez más gritan un cambio urgente para el país de Bolívar, esperemos que así suceda.




viernes, 15 de marzo de 2013

¿Chavismo maduro? - Por Agustín Haya de la Torre

*Artículo hackeado por la internacional chavista en el diario La Primera

Apenas terminado el funeral de Hugo Chávez el gobierno se apresuró a convocar a elecciones generales en un mes. Tal celeridad va con la ratificación de Nicolás Maduro como presidente encargado y para aprovechar todas las ventajas del poder político y militar, lo nombran de inmediato candidato oficialista.
El apuro quiere aprovechar la angustia de media Venezuela ante la pérdida del caudillo paternalista, que cubría las necesidades de los pobres con el asistencialismo y el clientelismo más extendidos del continente. De paso evitan que las denuncias sobre la corrupción del régimen salgan a luz, mientras asfixian la libertad de prensa.
El chavismo deja una sociedad polarizada y una economía sofocada por la demagogia. La gasolina se vende a menos de un sol el galón cuando un kilo de tomates cuesta más de treinta soles. La profundización del modelo extractivista lleva a que prácticamente se importe todo: alimentos, textiles, bienes en general. El manejo de la enorme renta petrolera que combina la multiplicación del precio del petróleo con la devaluación del bolívar, hace que el régimen se auto engañe disponiendo de miles de millones para sus políticas de asistencia social.



Podríamos decir que el comandante tenía buen corazón y le gustaba ayudar a los pobres. Lo que no puede afirmarse es que dicha política tenga bases sólidas. Es justo distribuir la riqueza pero no al costo de un manejo artificial que tarde o temprano les pasará una gigantesca factura, con procesos de inflación y devaluación que los devolverá a la pobreza. Más aún cuando regala petróleo a economías precarias que dependen absolutamente de la ayuda externa, pues desde hace siglos sobreviven estancadas en el molde primario exportador como las del ALBA.

Lo más sorprendente es que el avance conseguido en la reducción de la pobreza es superado en período semejante por países como el Perú y Uruguay, con economías bastante más consistentes que el caótico manejo “bolivariano”. La consecuencia del desorden es la delincuencia generalizada, la falta de empleo y la imparable corrupción. Cuatro millones de venezolanos viven fuera empujados por la crisis.

El chavismo descansa sobre el viejo esquema del militarismo latinoamericano. Todo el poder concentrado en el presidente iluminado como un semidiós, que apoya su legitimidad en una masa que depende de sus favores.

Chávez ha retomado la tradición reaccionaria del gobierno de los hombres por encima del de las leyes, empeñado en convertir a los ciudadanos en masa. Su verbo histriónico y el uso indiscriminado de la renta petrolera, lo llevó a proponer una política que sus áulicos creen antiimperialista pero se basa en grandes negocios con los Estados Unidos y en sus extrañas alianzas con el oscurantismo iraní y las obsoletas dictaduras de Libia y Siria.

Tarde o temprano su familia tendrá que explicar cuentas de cientos de millones de dólares y las miles de hectáreas acumuladas en el ejercicio omnímodo del poder.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Entre la realidad y el mito: la fallida revolución bolivariana de Hugo Chávez


Hemos notado que hay cierta sensibilidad a criticar el legado de Hugo Chavez pasado tan poco tiempo de su fallecimiento. Sin embargo, creemos que hacerlo desapasionadamente y sin rencores es un hecho político que no tiene porque ser visto negativamente. La Red Ojo Izquierdo se solidariza con el pueblo venezolano, y es por eso que queremos que haya una discusión balanceada y clara del proceso venezolano para poder obtener conclusiones concretas y no discursos al aire. 


Hugo Vallenas
Luis Zaldívar
Hernán Hurtado
Medalie Reyes
Billy Morales

“Ser rico es malo, es inhumano.
Así lo digo y condeno a los ricos”.
Abril 2005, Presidente Hugo Chávez.
Reunión con empresarios venezolanos.

El Presidente venezolano Hugo Chávez Frías, fallecido a los 58 años el pasado 5 de marzo, se sobrepuso al doloroso avance del cáncer para cumplir la anhelada meta de una cuarta reelección. En las elecciones presidenciales del 7 de octubre del 2012 venció con el 54% de los votos a su oponente, el liberal Henrique Capriles. Fue, sin duda, un ejemplo de tenacidad admirable. Sin embargo, fue también una decisión perjudicial para su país, sabiendo el propio Chávez la gravedad de su enfermedad y su inminente deceso.

Chávez el “rey de la baraja”

Recordemos que Chávez ha sido el líder de una “revolución bolivariana” más pragmática que teórica y centrada excesivamente en su autoridad personal. No hay una doctrina coherente ni un programa básico de gobierno que los chavistas puedan emplear para proseguir la obra del caudillo. Sólo hay gestos, enunciados de antipatía o simpatía hacia personas e instituciones y sobre todo, decisiones sorpresivas. Chávez, con perdón de quienes lo adoran, ha sido como el “rey de la baraja” del librito de Alan García sobre el conquistador Pizarro: daba señales distintas sobre sus intenciones para que nadie pueda adivinar sus decisiones políticas.

Por lo tanto, ha resultado perjudicial para Venezuela que, ante el final inminente, Chávez no optara por ser el gran estadista de la reconciliación nacional sino el azuzador del resentimiento social. Su voluntad postrera fue designar como su delfín a un político tosco y gris como Nicolás Maduro e invocar a que después de su muerte el pueblo “cierre filas” y siga su directiva de “unidad, batalla, victoria” por sus confusos ideales. Casi un llamado a la guerra civil. Por supuesto, el señor Maduro está siguiendo las “órdenes supremas” de su fallecido “comandante” al pie de la letra. El 45% del país que no votó por Chávez vive un clima de temor ante una inminente dictadura.  


No es suficiente devaluar

Otro legado importante del Presidente Chávez, menos conocido, es la Ley de Presupuesto 2013, que dispone un incremento del gasto fiscal de 33% respecto al año anterior, cuando lo urgente es moderar dicho gasto.

Mencionemos que la tasa de crecimiento anual de Venezuela, que el año 2012 fue del 5,5% del Producto Interno Bruto (PIB), se basa fundamentalmente en la rentabilidad de la exportación petrolera y en la aplicación de esta rentabilidad mediante el rol gestor y comprador del Estado. Sobre todo a través de los Programas de Desarrollo Social y las llamadas Misiones, como la Gran Misión Vivienda, que el año 2012 entregó a bajo costo 260 mil viviendas de una meta bienal de 400 mil. No hay actividad privada importante que pueda desarrollarse al margen de estos grandes proyectos. Obtener (o perder) un contrato de provisión de bienes y servicios con el Estado puede decidir la vida (o la muerte) de una o varias empresas privadas. Pues bien, el Presupuesto 2013, de 396 mil millones de bolívares (92 mil millones de dólares), tiene un déficit fiscal de apertura de 40 mil millones de dólares, equivalente al 16% del PIB ¿Cuál es el origen de este déficit? Que el gobierno bolivariano primero decide qué obras sociales necesita por razones políticas y después se pone a planear de dónde vendrán los fondos.


Según las agencias consultoras Barclay’s y Ecoanalítica, para hacer frente a las exigencias de gasto del presupuesto del 2013 era indispensable, como primer punto, imponer una devaluación del bolívar “no menor del 46%”[1]. En efecto, el gobierno dispuso esta devaluación el 8 de febrero del 2013. El tipo de cambio oficial subió de 4,30 a 6,30 bolívares por dólar (46,5%) pero exceptuando una serie de ítems de interés social. Mientras tanto, el problema de fondo, que el gobierno bolivariano no quiere encarar, es reducir la dependencia venezolana de las exportaciones petroleras y manejar estos ingresos no en forma política sino productiva. Según las cuentas oficiales, las importaciones anuales son del orden de los 55 mil millones de dólares. En esta cifra se incluyen productos textiles, medicinas y muchos alimentos de la canasta básica que el país no produce.

Dependencia extractivista

Según el economista venezolano Juan Fernández, evadir el problema de la dependencia extractivista venezolana equivale a querer tapar el sol con un dedo. Afirma que el país vive una situación económica de extrema fragilidad, “en la cual el Estado se condena a un alto nivel de gastos para satisfacer su clientela política y para importar lo que ya no se produce en el país”, mientras “sus ingresos se reducen por la falta de producción interna incluso en el área petrolera”[2].

Según J. Fernández, el déficit del gasto fiscal podría cubrirse con la venta de 1 millón 400 mil barriles diarios de petróleo al precio promedio internacional durante 10 meses. Sin embargo, de la producción petrolera venezolana, de 2 millones y medio de barriles diarios, cerca de 700 mil barriles diarios se destinan al uso nacional, 400 mil barriles diarios están comprometidos al gobierno chino (que los paga adelantados) y 300 mil barriles diarios van a Cuba y otros países que reciben combustible en forma solidaria. De los 2 millones y medio de barriles diarios, sólo queda 1 millón de barriles por día para una exportación realmente rentable.  

Fernández agrega que el gobierno maneja los ingresos por exportaciones petroleras cotizando el crudo en un precio promedio anual de 55 dólares el barril, siendo en realidad de 104 dólares. Engañándose a sí mismo, el Estado dispone de la diferencia de precios aplicando una Ley de Ganancias Súbitas en favor del gobierno central, aumentando sus ingresos para gastos corrientes. Otra forma de incremento de la liquidez fiscal es el endeudamiento interno con la emisión de bonos. Según la agencia consultora Ecoanalítica, un recurso frecuente es la emisión inorgánica de moneda. Dentro de este círculo vicioso, se va incrementando una crisis financiera apenas contenida por estas maniobras de gestión, que sólo son posibles por el control que ejerce el partido oficialista en el Congreso y en todos los poderes del Estado.

El gran clivaje: expropiar o no expropiar

En octubre de 2012, durante las últimas elecciones, James Petras, un analista internacional favorable a Chávez, entrevistado por el periodista venezolano Efraín Chury Iribarne, declaró que la principal tensión o clivaje de la “revolución bolivariana” era que “la burguesía en general no ha sido tocada, e incluso ha tenido cierta prosperidad” lo cual se traduce en que “el 80% de los bancos están en manos privadas […] la gran mayoría de los servicios privados están en manos de la derecha; un gran sector de latifundistas y dueños de plantaciones […] y el sector manufacturero siguen en manos privadas”. Agrega Petras, temerariamente, que “la derecha tiene una fuerza institucional que le permite colaborar con el imperialismo”[3]. En este caso, “la derecha” son todos aquellos sectores sociales contrarios al caudillismo autoritario del fallecido Presidente. El 45% de la población venezolana no está formado por banqueros ni terratenientes.

Lo que Petras quiso decir es que el modelo “bolivariano” chavista sólo puede avanzar hacia sus objetivos de reducción paternalista de la pobreza si impone un severo control estatal de las finanzas y del comercio exterior. Es decir, si impone por completo el modelo cubano que tanto admira. La liquidez y la rentabilidad que necesita, está en manos del sector privado. Mientras no de ese temible paso, que sería ampliamente rechazado en todo el continente, el modelo seguirá deteriorándose. Hoy en día, ese 45% de octubre 2012 que no aceptó el “socialismo del siglo XXI” y hoy teme un brusco giro dictatorial va creciendo en forma contundente.

Líder internacional sin brújula

El “socialismo bolivariano” del Presidente Chávez es un producto del azar criollo del país venezolano. No es un modelo político de exportación. Tampoco ha sido exitoso. Según el investigador Giuseppe de Corso, en los últimos 14 años Venezuela tuvo una fuga de capitales del orden de los 140 mil millones de dólares y la reducción de la pobreza, entre los años 2005 y 2011, fue más costosa y mucho menor que en Perú y Uruguay. En Venezuela se redujo de 43,7% a 31,9%, mientras en el Perú se redujo de 55,6% a 27,8% y en Uruguay de 29,2% a 13,7%[4]. Y sobre la calidad de vida sigue vigente el comentario que sobre la realidad del modelo publicaran IDEA y Transparencia el 2007: “El gasto público se mantiene en aumento desde 1999. Sin embargo, la generación de empleos de calidad sigue siendo el punto débil. […] las condiciones de vida de la población no se corresponden con las posibilidades redistributivas producto de la economía del petróleo”[5].

A nivel de América Latina el “socialismo bolivariano” agrupó a un conjunto de gobiernos descontentos con las políticas hemisféricas de las grandes potencias pero sin compartir estrategias. El decrépito comunismo cubano y el actual régimen brasileño, así como los liderazgos ecuatoriano y boliviano tienen más diferencias que similitudes. Y a nivel internacional, el fallecido Presidente se hizo portavoz de la “multilateralidad” y la “globalización con rostro humano”, buscando coincidencias nunca logradas con los países en desarrollo de Asia y África, que siempre desconfiaron de su vínculo con Cuba y sus episódicas malas juntas con personajes como Muammar Gaddafi de Libia, Mahmoud Ahmadinejad de Irán y Bachar Al-Assad de Siria.

América latina necesita gobernabilidad y democracia institucional, desarrollo sostenible y promoción del talento empresarial y la cultura. Y si es así, ¿puede esto lograrse con caudillismos paternalistas que creen saberlo todo y tener el derecho a disponer de todo con la única finalidad de obtener el fácil aplauso y la sumisión de algunos incondicionales, amedrentando a opositores y críticos? Ojalá Venezuela cambie pronto esta página de su historia que acaba de concluir.



[5] Vanessa Cartaya y Claudia Giménez: “Sistemas de partidos y desarrollo. El caso de Venezuela”. En: La política y la pobreza en los países andinos. International IDEA-Asociación Civil Transparencia, Lima, 2007, pp. 437-438.

miércoles, 16 de enero de 2013

Agonía del ALBA - Por Agustín Haya de la Torre

La grave enfermedad de Hugo Chávez le ha impedido asumir el mando pero una “interpretación auténtica” le permite continuar en la presidencia de Venezuela desde su lecho en La Habana. Su salud concita la atención internacional, pues se trata del destino de la quinta potencia petrolera del planeta y del curso que seguirá la política que diseñó el convaleciente comandante.

En la región se juega la suerte del ALBA, la alianza de las economías más persistentemente primario exportadoras del continente, que Caracas subsidia. Como sabemos, el propio Chávez denomina a su socialismo del siglo XXI como “socialismo petrolero”, en clara alusión al recurso natural que sostiene sus políticas populistas.

Este socialismo “extractivista” no deja de ser una incoherencia, pero responde a una realidad que en esos países permanece inmutable.Bolivia sigue el mismo esquema primario desde la Colonia igual que Ecuador, reforzado en ambos casos por el descubrimiento de grandes yacimientos de minerales y de Hidrocarburos. Nicaragua continúa tan pobre y rural como en la época prerrevolucionaria. Cuba, el gran referente del grupo, tras medio siglo de régimen de partido único, ha remachado el mismo modo de producción que el primer orden económico mundial, hace tres siglos, diseñó para las islas Caribeñas: cultivar caña de azúcar.


La Venezuela bolivariana insiste en la misma pauta. La renta petrolera le permite ampliar las políticas asistencialistas y contar con uno de los tres ejércitos más poderosos de la región. Sobre todo es la gran baza para sostener a sus aliados. El gran beneficiado con el petróleo subsidiado ha sido el comunismo cubano, que ha logrado así recuperar el soporte que su asfixiada economía mono productora necesitaba, tras el colapso de la Unión Soviética.

El carácter primario exportador del ALBA, su conservadurismo y su considerable atraso frente al desarrollo de la economía globalizada, hace que su propuesta aparezca como un resabio del pasado. Mientras que los países más dinámicos del área tratan de superar sus carencias y desigualdades asumiendo el reto de la nueva sociedad del conocimiento, los bolivarianos no han podido ofrecer otra cosa más que el pasado colonial, anclados en la explotación de materias primas.


El modelo político es otra apuesta incierta del chavismo. Aunque todos en la coalición provienen del sufragio universal, la tentación de los caudillos de permanecer de por vida en el poder es visible. Paradójicamente en la política están más cerca del militarismo del siglo XIX que de la democracia contemporánea. La sensación del culto al pasado se manifiesta en la identidad del líder de la alianza con los sueños napoleónicos del Libertador.

Un proyecto que depende del caudillo y del petróleo no olerá a azufre sino más bien a viejos textos apolillados. Quizás sean los últimos rezagos de un tipo de militarismo que debería dar paso definitivo al gobierno de las leyes. Así como Santander, cuando enterró la espada del soldado para crear institucionesrepublicanas al suceder a Bolívar.

jueves, 10 de enero de 2013

Solucionética - El cáncer de Chávez y el Parlamento Latinoamericano. Por Luis Zaldívar


La integración indoamericana* parece estar cada vez menos en la agenda del continente. Busco los diarios y las publicaciones de los últimos años para encontrar algún esfuerzo de promover el sueño de Bolívar de algún activista político, algún escritor, o tal vez un caricaturista sin tema para la semana, pero me encuentro que una vez más que el debate de la integración está estancado. Peor aún, los únicos que se reclaman bolivarianos en los últimos tiempos son los partidarios de una autocracia personalista que utiliza el dinero del petróleo para financiar sueños mesiánicos y dividirnos entre hermanos. ¡Pobre Bolívar! ¡Nos dio la libertad y le recompensamos con arepas de gorila!

El reciente proyecto de Hugo Chávez de colonizar el continente financiando populismo con el apoyo de la dictadura cubana y así lograr un continente a su imagen y semejanza es posiblemente lo peor que le ha pasado al proceso de integración indoamericana en las últimas décadas. Una integración basada en el patronato, el servilismo, los clichés del indigenismo, y el revanchismo anti yanqui no es integración, es solamente superposición de intereses mediante el chantaje. Con la caída de los precios del crudo y la reorganización de la oposición venezolana con figuras nuevas y un mensaje de esperanza, la ofensiva chavista en todo el continente parece haberse apaciguado. ¡Quien sabe, tal vez el presidente peruano Ollanta Humala inclusive devuelva sus cuotas al proyecto!

Andrés Townsend, integrador de Indoamérica
En todo caso, este retroceso de la internacional chavista nos da espacio para reflexionar sobre ese otro gran proyecto de integración llamado Parlamento Latinoamericano, y porque es sustantivamente mejor que el proyecto del eje Habana-Caracas-La Paz.

El tratado de institucionalización del Parlamento Latinoamericano fue firmado el 16 de noviembre de 1987 bajo las banderas de la democracia, soberanía popular, no-intervención, igualdad jurídica, autodeterminación de regímenes políticos y económicos, la negación del uso de la fuerza, la aceptación del derecho internacional y la Carta de la Organización de las Naciones Unidas. Es decir, absolutamente todas las cosas en las que los activistas de base del grupo político de Evo Morales y Ollanta Humala no creen. Según el esquema del Parlamento, los países deben tener autonomía para decidir sus políticas económicas y sociales, pero deben asumir el principio de la soberanía popular y llegar a acuerdos a largo plazo que sean parte del plan de integración regional. En vez del macanazo ideológico, el Parlamento afianza la integración como una estrategia de Estado, similar al Acuerdo Nacional firmado por todos los políticos peruanos, incluyendo al presidente electo. 

El Parlamento propuso objetivos claros más allá de cualquier posible debate sobre sistemas económicos que se puedan dar entre partidos en los países del hemisferio hoy en día. La integración democrática que se promovió en este tratado incluye los ya reconocidos principios de libertad, democracia representativa, antiimperialismo, anticolonialismo, cooperación internacional, lucha contra cualquier tipo de discriminación y, muy importante, luchar por el reconocimiento mundial de un Nuevo Orden Económico Internacional. Sobre este último punto, en el discurso de clausura de la Asamblea Constitutiva del Parlamento en 1964, el secretario general del Parlamento Latinoamericano Andrés Townsend Ezcurra diría 

"si los países de Oriente y los de Occidente, los de rivalidad política, se han afanado y afanan por impedir una catástrofe mundial que sería la ruina y extinción de la especie, alcanzando fórmulas eficientes de una coexistencia pacífica, es preciso también, que entre Norte y Sur, entre países ricos y países pobres, podamos alcanzar un tipo de coexistencia económica que nos permita progresar sin colonialismos, engrandecernos sin explotación, afirmarnos sin nacionalismos exclusivistas y anacrónicos". 

Así, queda claro que la posición del Parlamento Latinoamericano no es ni un centímetro menos indoamericanista, o más extranjerizante, que la demagogia fetichista promovida desde las casas del ALBA, sino que es democrática, afirmativa, y consecuente con el análisis aceptado internacionalmente sobre las relaciones de poder internacionales y sobre la ambivalencia del capitalismo. En vez de continuar reclamando indefinidamente a los países del hemisferio norte por nuestra etapa colonial, los indoamericanos los invitamos a tener una relación equitativa con nuestro continente dentro del Nuevo Orden Económico Internacional


Ninguna integración, queda claro, puede pasar sin la creación de mecanismos económicos de bloque. Para el Parlamento Latinoamericano, este mecanismo es la Comunidad Económica Latinoamericana, la cual considera a Indoamérica como una sola entidad geográfica independiente y multinacional a partir de su reconocimiento como tal de parte de sus habitantes, luego de un proceso de maduración promovido por los Estados. 

Mientras que el esquema de integración venezolano es clásicamente estatista y defensiva, la Comunidad Económica fomenta la aceleración del proceso de desarrollo mediante una unificación de criterios para la inversión pública y privada alrededor de las necesidades de los países integrantes, vinculando a los países progresiva pero irreductiblemente a un libre comercio interno que fortalezca las capacidades de nuestro rico continente. Clave para este proceso es la promoción de la creación de empresas multinacionales fortalecidas y la concertación de una política comercial exterior que vaya de mano con la equiparación de derechos laborales, sociales, y políticos que eleven el nivel de vida de los indoamericanos.

De la misma manera, el proceso de industrialización indoamericano promovido por la Comunidad Económica Latinoamericana está cimentado en un énfasis importante por la tecnología, mediante la cual se puede llevar una revolución agrícola para el tantas veces olvidado campesino rural, el cual se le ofrece ayuda reiteradamente en forma de créditos pero carece de las herramientas tecnológicas para mejorar sustancialmente su nivel de vida. Además, la Comunidad promueve una revolución de las comunicaciones y el transporte para reducir las diferencias abismales de espacio-tiempo que hoy tenemos en la región, promoviendo igualmente el turismo como una fuente de ingresos transversal por todo el continente. En materia de finanzas, el Parlamento fomenta la coordinación de sistemas monetarios, tributarios, salvaguardas, orientación de inversiones, y la creación de un fondo común de reservas internacionales, lo cual haría nuestro continente más seguro para inversiones nacionales, latinoamericanas mixtas, o extranjeras. Con este esfuerzo mancomunado, pudiésemos hablar verdaderamente de una comunidad moderna para el siglo XXI, sin autocracias populistas que bien pueden venir de Chávez como de Fujimori.

Lamentablemente, el Parlamento Latinoamericano se encuentra fuertemente disminuido, habiendo tomado más preponderancia mecanismos independientes de subgrupos de países como la UNASUR, el MERCOSUR, y la Comunidad Andina, los cuales han tenido auspiciosos lanzamientos y algunos logros mediáticos, pero están lejos de ser proyectos de integración dirigidos a que los americanos de este hemisferio nos sintamos unidos. En vez, da la sensación de que el proceso está tan mal llevado de que nos separamos cada vez más, polarizando el continente en bloques ideológicos e identidades separadas y hasta rivales. El boliviano ha pasado a ser aymara, el argentino en europeísta, el brasilero enamorado de sí mismo, el peruano en una marca registrada, etc. Nos falta sentirnos cerca, nos falta querernos más.

La integración es un proceso inevitable, pero hay fuertes presiones internacionales por mantener los bloques económicos naturales separados. El Parlamento Latinoamericano tuvo su auge más importante cuando el partido aprista estuvo más fuerte, y ahora languidecen ambos esperando ser retomados. Si bien el proceso chavista parece concluir en los próximos años, no se avizora aún algún liderazgo que quiera asumir un proyecto integracionista de la forma que Andrés Townsend lideró el esfuerzo del Parlamento Latinoamericano. Mientras tanto, los indoamericanos, latinos, sudacas, spiks, o como nos llamen, seguimos en espera de que nos vuelvan a reconocer como uno sólo. 

Luis Zaldívar
* Por materia de exactitud, mantendré el uso del término "indoamérica" por sobre otros usados para calificar a los países al sur de los Estados Unidos. Las otras denominaciones, como latinoamérica o hispanoamérica afirman el carácter colonial de nuestro pasado, y no el esfuerzo revolucionario en el que nuestro continente se ubica desde su independencia. 

miércoles, 25 de mayo de 2011

Solucionética - Se busca partido de derecha, por Luis Zaldívar


Se busca partido de derecha

Las últimas elecciones representan la más grave crisis de sistema político peruano.

Así es, yo no comparto la opinión de algunos oráculos que relacionan el resultado de la primera vuelta electoral como un rechazo al tan mentado “modelo económico;  atribuyo el resultado a la falta de canales de representación para una democracia funcional. Por un lado, estar tan desfasado de la realidad como para pensar que el Estado peruano –con su criolla ineficiencia, corrupción endémica, y burocracia excesiva- puede funcionar bajo “modelos” es bastante ilusorio; o peor aún, pensar que esos problemas son culpa del capitalismo ya es digno de moscovita mal arrepentido. Por el otro lado, es público que en estas elecciones de lo último de lo que se ha hablado es de propuestas de gobierno; en vez, los candidatos se han dedicado a cultivar su imagen y dejar una buena impresión al votante. Los candidatos que perdieron lo hicieron porque su imagen se vio diluida en los ataques; Castañeda pasó a ser “el mudo”, Toledo “el borracho”, y PPK “el gringo”. Antes de la primera vuelta,  casi nadie atacó a Humala o a Keiko calculando llegar a segunda vuelta contra ellos, con desastrosos resultados.

El problema, pues, es político. Y luego de un gobierno de concertación en donde se han cedido amplios espacios a la derecha política y económica en un afán de gobernabilidad, creo que hace falta criticar la falta de representatividad que la derecha ha tenido y repensar la necesidad de crear una institución democrática que proponga el liberalismo económico, la flexibilidad laboral, el conservadurismo moral, y otras banderas merecedoras de una derecha organizada.

Adam Smith
Esa derecha necesaria no es ni puede ser el fujimorismo, que lejos de proponer un paradigma ofrece un conglomerado de mercenarios que se hicieron adinerados en los 90´s y ahora buscan repetir el plato. La única razón por la cual el fujimorismo adoptó el programa de Vargas Llosa durante su dictadura fue para ser apadrinados por el FMI, que ansioso de convertir al Perú en laboratorio para los delirios liberales de sus dirigentes de la época dejó el paso libre para la corrupción. Aquellos académicos que rondan los pasillos de ciertas universidades limeñas y se la pasan hablando de la masa de votantes fujimoristas como “derechistas”, obviamente nunca han conocido un fujimorista de a pie (o los evitan), que lejos de ser ideologizados son más bien prácticos y diversos en su conformación. Keiko Fujimori no es considerada “anti sistema” por ser de extrema derecha, sino por ser más proclive a romper el Estado de derecho y quebrar la constitución, como lo ha avalado en el pasado.

Los demócratas demandamos que los conservadores sociales, los liberales económicos, los representantes del complejo militar, etc., se pongan de acuerdo y se institucionalicen de una buena vez y olviden su táctica de infiltrarse en todos los gobiernos para mover intereses de algunos grupos económicos. No podemos tener una democracia con un solo partido - encima alicaído- y un grupo de caudillos que aparecen y desaparecen cada 5 años. Si algo han demostrado estas elecciones es que la moda de todos querer llamarse de “izquierda” (Toledo dixit) no le hace bien al país, dividiendo el voto de una buena parte de peruanos que buscan que dentro de la democracia haya una opción de orden, moralidad, inversión, y alejar el Estado lo más posible.

Los peruanos que se sienten comprometidos con esas ideas deben empezar a trabajar. Cuando lo hagan, allí estaremos nosotros para ser su digna oposición y de este modo enseñarle a la clase política de este país que significa hacer democracia.

Luis Zaldívar