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martes, 8 de mayo de 2012

Los Cerros Tutelares y el APRA. Por Hernán I. Hurtado

APRA en la cumbre del cerro tutelar de Lima
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Se ha escrito mucho respecto a la supervivencia y revestimiento de culto a huacas o deidades andinas y resulta atractivo ver la continuidad de muchas prácticas rituales revestidas y maquilladas de cristianismo, a pesar de quienes hicieron mega campañas de extirpación de idolatrías. Desde antes de la mal llamada “conquista española” los paisajes de los andes involucraron en credos de toda talla a los antiguos habitantes y estos se fueron transformando o adaptando con el tránsito de los años con sus respectivas cargas ideológicas y avatares políticos. Hoy la mayoría de peruanos asistimos directa o indirectamente a festividades tradicionales. Me centraré en las actividades que gravitan en torno a los cerros tutelares y la impronta legítima del APRA.

                Esta relación entre cerro tutelar [ancestro] y población estuvo hondamente arraigada en las tradiciones de culto, así lo afirman las investigaciones arqueológicas, históricas, antropológicas e interdisciplinarias de reconocimiento, excavación y prospección realizados en lugares que evidencian una clara relación entre la población y la idea o concepción de cerro tutelar, el cual estaba sujeto a la percepción y concepto que la sociedad misma desarrollaba sobre la ancestralidad. Para Peter Kaulicke el “ancestro” se define en primer lugar por la sociedad que lo reconoce como tal, lo que implica que su existencia se limita a un concreto espacio social que es producto de un conjunto de valores o axiomas sociales que conforman su autodefinición, por consiguiente para él no puede haber una extensión hacia los “ancestros” de los “otros” o una especie de ancestro universal (Kaulicke; 2000:288). Con ello Kaulicke comparte la idea de ancestros y su influencia en la vida de sus descendientes por lo que consideramos que los ritos funerarios y las prácticas realizadas entorno a ello serviría para legitimar y mantener la estructura y el dominio (propiedad) sobre el territorio y recursos utilizados por una sociedad; Concebido bajo sus propias concepciones, valores y reglas establecidas por una comunidad. Ello nos daría respuesta al por qué existen evidencias de tumbas, nichos y habitaciones tumbas en casi todos los asentamientos prehispánicos del valle alto del Chillón, debido a que cada una estaría respondiendo a caracteres culturales propios e independientes, bajo sus conceptos y criterios de ancestro y sus repercusiones económicas en cada caso en particular.

                Entonces esto no ha cambiado mucho y hasta hoy estas prácticas rituales van de la mano con el calendario agrario, es decir, a los solsticios y equinoccios o mejor dicho a las estaciones, que han sido camufladas y estilizadas en fiestas cristianas.

En el caso del cerro tutelar de Lima, rebautizado como cerro San Cristóbal, se ha vuelto costumbre popular el peregrinar el viernes santo y reproducir allí el vía crucis. Más allá de la significación cristiana, lo resaltante es la respuesta del limeño al ancestro o al Apu en exactas fechas de cosecha en las zonas más próximas de Lima donde aún existe producción agraria.