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jueves, 27 de junio de 2013

Brasil: Crisis de crecimiento. Por Agustín Haya de la Torre

La presidenta Dilma Rousseff trata de salir de la crisis generada por las más grandes movilizaciones ciudadanas que recuerde el país, con la propuesta de una asamblea constituyente. La idea pone sobre la mesa reformas políticas que intentan recoger el clamor de una mayor participación en la vida de la nación, aunque la situación no cesa.

Los analistas toman con sorpresa la envergadura de las manifestaciones en las grandes ciudades, motivadas inicialmente por el aumento del pasaje urbano en veinte centavos. Hay quienes comparan el pretexto de las marchas con la revuelta en Turquía, donde la remodelación de un espacio urbano acaba en el repudio al régimen. Hasta aquí llega el parecido, porque Brasil no enfrenta los intentos de los gobernantes turcos de imponer el islamismo y limitar las libertades.

Brasil es una democracia en plena ebullición, que en los últimos lustros muestra un crecimiento significativo, tal como otros países en la región. Sus programas sociales logran que veinte millones de personas salgan de la pobreza. La expectativa de sus clases dirigentes apunta a llegar a potencia mundial en un lapso no muy prolongado.

Lo que no consiguen es superar la ya vieja etiqueta de “Belindia”, mezcla de Bélgica y la India , que los sociólogos acuñaron décadas atrás para explicar la desigualdad. Sus logros son importantes y, como la mayoría en el área, sus tasas de crecimiento mejoran la situación que vivía en el siglo pasado.

Los gobiernos del Partido de los Trabajadores y el liderazgo internacional de Luiz Inácio Lula da Silva, configuraron la imagen positiva del mayor país latinoamericano. Lula impulsó una alianza con los grandes empresarios en un marco de estabilidad económica, sin renunciar a la presencia tradicional del Estado en sectores estratégicos.
Sus políticas asistencialistas le ganaron respaldo, pero ahora muestran sus límites. Su apoyo a la gran burguesía permitió la multiplicación de fortunas como la de su preferido Eike Batista, convertido en su gobierno en uno de los hombres más ricos del mundo. Dueño de empresas mineras, petroleras, gasíferas y logísticas; favorecido con toda clase de concesiones y créditos públicos, cae ahora en desgracia.

La corrupción es un mal que azota la política brasileña, al punto que

La gente aprecia el crecimiento y que el sector de ingresos medios aumente, pero no soporta el favoritismo a los grandes propietarios ni la corrupción en la administración pública. Tampoco los gastos faraónicos para el Mundial de fútbol mientras la salud, la educación y las infraestructuras, tienen severas deficiencias.
los críticos califican al régimen como cleptocrático. El escándalo del 2005 sobre la compra de votos en el Parlamento, con mensualidades de doce mil dólares para los tránsfugas, manejado por el PT y ejecutado a través de sus poderosos amigos empresarios, hasta ahora sigue en la justicia que investiga al propio expresidente.

lunes, 24 de junio de 2013

Brasil en convulsión social: ¿fin del modelo asistencialista y proteccionista?

Por:      Víctor Raúl Trujillo de Zela
Jaicec Espinosa Sandoaval

Hace unos meses el expresidente Alan García, publicó un premonitorio artículo que tuvo a bien titularlo “Quo vadis, amado Brasil”, en el que hacía saber su preocupación por el hermano mayor latinoamericano en lo concerniente al modelo de crecimiento y desarrollo que había venido siguiendo. Le preocupaba que en el 2012 su crecimiento apenas haya alcanzado el 1,6% frente al 8% de China y el 6% del Perú, pero como respuesta el gobierno brasileño decidió subir los aranceles, ya altos de por sí, para “defender” su industria nacional. Y es que, Alan García después de las malas experiencias de su primer gobierno y del gobierno militar, es un convencido de que el camino correcto para crecer y desarrollarse sostenidamente en el tiempo es abrir la economía al mundo y no bloquearla como lo que hizo el gobierno brasileño. 


Además, el líder del Apra compara la apertura de Brasil a la economía mundial con la del Perú, la que significó 19% del PBI del primero, frente al 50% que significó para nuestro país, haciendo que el Perú crezca más, cree más empelo y por ende reduzca mucho más la pobreza. Sin embargo, Brasil insistió en acrecentar su consumo interno con aumento de salarios públicos y subsidios, modelo que choca con un mundo cada vez más globalizado e interdependiente, sobre todo en lo que respecta a la economía, bloqueando así su propio crecimiento y la llegada de nuevos capitales y tecnología. Esa protección a su mercado originó también el aumento de los precios internos, y por ello la inflación brasileña entre el 2006 y el 2011 fue de 25% mientras que en el Perú fue de 15%.


Como parte de su política clientelista, Brasil se propuso aumentar el consumo interno para reducir la miseria, sin realizar las suficientes obras de infraestructura en educación, salud, sanidad y transportes fundamentalmente, como ahora le reclaman los millones de personas que se han volcado a las calles. Es decir, la política de subsidios y de aumento de salarios públicos no ha servido de nada, y la prueba irrefutable de ello es esta convulsión social que pareciera haber tomado desprevenido al gobierno brasileño, una suerte de Maracanazo. Esta es la verdad de un modelo que las izquierdas y caviares de América Latina proclamaban como la panacea o el milagro brasileño, que gracias a Dios está llegando a su fin, porque entre otras cosas también produjo altos índices de corrupción.

Tanto así que Neymar, la nueva estrella del fútbol brasileño, ha dado su respaldo a las protestas masivas, asegurando que incluso salió a jugar inspirado en sus compatriotas que habían salido a las calles, mostrando su gran sensibilidad social, pues siempre pensó que sería necesario salir a las calles para protestar exigiendo mejores condiciones de vida, porque esa es una obligación del gobierno y porque quiere un Brasil más justo, más seguro y más honesto. Ese es el ejemplo que ha dado a todo un pueblo un joven de 21 años, agregando que sus palabras no son demagógicas porque sus padres trabajaron mucho para ofrecerle a él y a su hermano un mínimo de calidad de vida. Así, este garoto ha pasado de ser el referente del verdadero estilo de fútbol brasileño, a ser uno de los voceros más caracterizados de esta pluriclasista protesta.

miércoles, 12 de junio de 2013

"La inadmisible intromisión del expresidente Lula" por: Jaicec Espinosa

No hay ningún problema con que el expresidente brasileño Lula venga a promover las relaciones comerciales y a promocionar la inversión brasileña en el Perú, pues es algo muy acertado que también hace el expresidente Alan García en sus conferencias por el mundo y cada vez que tiene la oportunidad de reunirse con empresarios y líderes mundiales, llamándolos a invertir en nuestro país, pues al ser la inversión privada el motor del crecimiento económico, es la que en buena parte ha hecho posible el crecimiento sostenido del país durante los últimos 10 años. Y porque además, al ser Brasil una especie de gran hermano dentro del continente, es saludable que se restablezca la confianza entre ambos países, confianza que se había resquebrajado al inicio del gobierno de la pareja presidencial, luego de que Lula les diera su total apoyo durante la campaña presidencial, llegando incluso a mandar a su asesor en marketing político, el extrotskista y lobista Luis Favre, a que se ponga al servicio del comandante Humala.

Lo que sí es inadmisible es que Lula se entrometa en nuestra política interna, manifestando en su primer encuentro con la prensa y estando en compañía del mismo Ollanta Humala, su beneplácito con la reelección conyugal, pues con mucho desparpajo se atrevió a decir que un gobierno no alcanza para realizar todas las obras que un presidente debe de hacer. Obviamente si uno pierde dos años como los ha perdido la pareja presidencial, el tiempo no va a alcanzar para realizar importantes obras de infraestructura, que son la mejor arma para combatir a la pobreza. La actitud del expresidente Lula ha sido el equivalente a que un líder peruano vaya a Brasil y le diga a la presienta Dilma Rousseff, que los corruptos de su gobierno, que son varios exministros y amigos personales de Lula, vayan a la cárcel. Recordemos no más el escandaloso caso de sobornos a diputados y senadores, conocido como el “Mensalao” (mensualidad), en el que estaría implicado el mismo expresidente Lula.

Basta ya de inmiscuirse en la política interna del Perú, primero lo hizo el fraudulento e ilegal presidente venezolano Nicolás Maduro, quien provocó la salida del canciller Roncagliolo y ahora lo hace Lula. Cierto es que al día siguiente de estas primeras declaraciones, le hicieron ver su semejante intromisión, ante lo cual retrocedió manifestando luego que él es partidario de la alternancia en el poder. Es decir, en menos de 24 horas cambió de opinión rotundamente, por lo que no se puede descartar que cuando realizó aquellas declaraciones, lo haya hecho bajo los efectos de las comidas rociadas que tanto le gustan al líder brasileño.

No perdamos nuestra soberanía recibiendo órdenes de fuera y mucho menos copiando modelos poco exitosos, recordemos que el modelo brasileño solo pudo conseguir durante el periodo 2006-2011 un crecimiento acumulado de 29% a diferencia del 45% que consiguió el Perú durante ese mismo periodo. El amor por los pobres se prueba con resultados y no regalando dinero de manera irresponsable.