Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

domingo, 17 de junio de 2012

Caviares saltarines - José Faustino

CAVIARES SALTARINES

Escribe José Faustino


Desde la caída del Muro de Berlín y la Unión Soviética, los fieles de Moscú se quedaron sin iglesia. Entonces abandonaron la lucha de clases y se pasaron a la lucha de razas. Luego a la defensa intransigente del paisaje con una fe de proporciones bíblicas, después a enemigos de la globalización a la que creen imperialista. Ahora mezclan cualquier cosa para tener protagonismo al punto de acabar como aliados del neoliberalismo en unos casos y del militarismo en otros.

En lo que no cambian es en cierto tono autosuficiente de portadores inmanentes de la verdad, precario pedestal desde donde juzgan maniqueamente al resto de la humanidad.

En los noventa fomentaron la idea de la identidad cultural básica, ya sea el idioma, el color de la piel, o la religión, como los nuevos elementos supuestamente “progresistas” que identificarían a la izquierda postcomunista. Empezaron a ensalzar el trabajo en comunidades minoritarias o a buscar a los originarios y sus costumbres ancestrales. Como la epidemia era internacional, el indigenismo se puso de moda.

El problema se les complicó cuando al mismo tiempo Nelson Mandela triunfaba en Sudáfrica contra el apartheid (es decir, la identificación política por raza e idioma, con la segregación y la violencia consiguientes) y se desintegraba Yugoslavia porque las identidades étnicas llevaron a la barbarie de la guerra civil.

Ningún ex clasista ahora neo identitario, reflexionó jamás sobre eso. En América Latina la moda se extendió y aparecieron con fuerza los movimientos indigenistas, sobre todo en Bolivia y Ecuador. En el Perú también lo intentaron, naufragando siempre por el alto componente mestizo de la sociedad y el grado de desarrollo capitalista del país. Para su mala suerte, descartadas las “repúblicas” quechua y aimara de los ukases estalinistas de los años treinta, sólo les quedaban las comunidades nativas que creó la dictadura militar en la Amazonía, pero apenas eran el 1% de la población.

Una legión de “intelectuales” desde Rodrigo Montoya, Alberto Flores Galindo o Nelson Manrique comenzaron a buscar un inca y hasta llegaron a proponer la “ciudadanía étnica” al estilo del apartheid y los fascistas de Milosevic. En estos años los hemos visto endiosando hasta el hartazgo enrarecidas protestas comuneras, donde se confundían desde reivindicaciones legítimas por el abandono y la pobreza con los intereses de traficantes de madera y drogas. La asonada de Bagua fue su avatar y su desilusión cuando descubrieron los oscuros intereses que se movían tras las dirigencias que engreían.

Antes habían convertido los graves errores conceptuales de la Comisión de la Verdad en su nuevo manifiesto. Exagerando las cifras, convirtiendo a Sendero en partido político en desigual confrontación con las Fuerzas Armadas “violadoras de los derechos humanos”, son la causa de una severa confusión que obligaría a los peruanos a un tratamiento de siquiatría colectiva para no volver a ser “culpables” de los crímenes cometidos. No es que la banda terrorista de Sendero Luminoso se alzara contra la democracia ni que la democracia tuviese derecho a defenderse con sus fuerzas armadas contra los asesinos, sino que todos debemos flagelarnos por los crímenes de Abimael Guzmán. Por eso en el “Ojo que llora” están mezclados las víctimas con los victimarios, los terroristas y los defensores de la democracia.

Hechas girones las banderas de Moscú y desteñidas las de La Habana, también son paisajistas y anti mineros. Como el mundo se creó en siete días, no quieren que se altere ni una brizna ni menos que se le horade. Mientras usan toda la avanzada tecnología metalúrgica en comunicaciones, vehículos y comodidades primermundistas, que la plata regalada de la interesada cooperación internacional les permite, se oponen a que el Perú desarrolle sus recursos.

Como la teología de los pobres los dota de un aire altruista, les incomoda que la pobreza disminuya porque se quedarían sin materia prima para justificar las millonarias donaciones.

Si hacemos el recuento, esta corriente se ha vuelto “ancestral” frente al progreso, antiglobalizadora ante la integración del planeta, temerosa del crecimiento porque se quedan sin pobres y sumamente confusa ante la democracia que los deja sin votos.

Si fracasaron con Toledo, cargan entonces con su biblia para que el comandante jure treparlos otra vez al gobierno. Mientras tanto, redactan un haiku por si acaso.