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viernes, 7 de febrero de 2014

Los jóvenes, las redes sociales y la integración de los pueblos

Por: Jaicec Espinosa Sandoval
       @Jaicec


Tacna y Arica miran juntas hacia el futuro mucho antes de que el histórico fallo de La Haya definiera por fin el último espacio fronterizo del Perú que faltaba por delimitar, y es que tanto la distancia que separa Tacna de la capital peruana, como la que separa Arica de la capital chilena, ha hecho que estas dos provincias, que siempre han sido un solo pueblo, dejen en el pasado el infausto recuerdo de la Guerra del Pacífico para unirse y así poder salir adelante.

De igual manera sucede con los jóvenes peruanos y chilenos quienes, gracias a la revolución de las comunicaciones, han entendido que las fronteras son meros límites administrativos y que los enfrentamientos del pasado en el pasado deben de quedar. Y es que en el mundo virtual, todos somos parte de la misma comunidad, la que no entiende de diferencias territoriales, culturas ni religiosas para poder interactuar todos como ciudadanos del mundo. Sin mencionar que, gracias a la migración de cientos de miles de peruanos que han sido muy bien acogidos por el pueblo chileno, en muchos colegios públicos de nuestro vecino se canta tanto el himno nacional de Chile como el del Perú antes de iniciar las clases.
Y es que peruanos y chilenos somos 47 millones, los cuales debemos estar por encima de cualquier antojadiza interpretación del fallo, que como bien dice el prestigioso magazine británico TheEconomist, ha dado un triunfo simbólico al Perú. No pisemos el palito como bien ha dicho el expresidente Alan García, hacedor de la demanda, y aprendamos de lo que hicieron Francia, Alemania y Gran Bretaña en Europa, que luego de 2 guerras mundiales que solo ocasionaron decenas millones de muertos, se unieron para asegurar el desarrollo en armonía de sus pueblos y ahora hasta pueden estudiar todos del mismo texto de historia.

Este es un gran ejemplo de cómo se puede vivir en paz y en armonía mirando hacia el futuro con optimismo y solidaridad, pues nada bueno se gana enfrentándonos entre vecinos, con los que sería mejor buscar enfrentar juntos el futuro, que andar buscando diferencias que solo nos separan. El futuro es de los jóvenes y ellos serán quienes lo sepan ordenar, con herramientas que los jóvenes del ayer no tuvieron, como son las redes sociales que nos permiten estar conectados directamente unos con otros, sin la necesidad de intermediarios como lo eran antes los partidos políticos, los sindicatos y hasta el mismo periodismo, los cuales ahora se deberán de reinventar.


Seamos entusiastas y realistas, hay un nuevo mundo el virtual, que poco a poco influye cada vez más en el mundo real, y esta influencia esta capitaneada por los jóvenes del mundo entero que a diferencia de épocas pasadas son los que enseñan a los adultos como desenvolverse en la emergente nueva sociedad.

martes, 21 de enero de 2014

La Haya: Triunfo de la razón sobre la fuerza

Por: Víctor Raúl Trujillo de Zela

El fallo de La Haya sobre el diferendo marítimo entre Perú y Chile es la expresión, cualquiera sea el matiz de su veredicto, del triunfo de la paz sobre la guerra, del dialogo sobre la imposición, y como dice el título de este artículo, de la razón sobre la fuerza. Y es en este contexto que sobresale el histórico mérito de Alan García, porque como dice el profesor chileno Daniel Mansuy, levantó el tema en su primera presidencia y terminó por construir un caso con todos los ingredientes necesarios, convirtiéndose en el portavoz del mandato subyacente de 30 millones de peruanos que exigíamos justicia para así cerrar una herida abierta en nuestros corazones, y lo que es más importante, se logró sin disparar un solo tiro y sin derramar una gota de sangre. 

Ahora toca a los gobierno del Perú y Chile, libres de ataduras con el pasado, mirar fraternalmente hacia el futuro consolidando nuestras fructíferas relaciones comerciales y, por sobre todo, la Alianza del Pacífico que también fue una creación, guste o no guste, del líder del Apra, quien visionariamente y con pragmatismo político, tuvo la excelente idea unir a los países de Sudamérica con encomias abiertas y de crecimiento hacia afuera, que han reducido la pobreza creando empleo sostenible, gracias a la inversión privada y al desarrollo de infraestructura. Pero esta tarea todavía está incompleta porque tiene que prepararse para recibir a nuevos miembros y así urgir a la actual administración norteamericana, para que en defensa de la libertad y la democracia representativa, lance el New Deal rooseveltiano para coordinar políticas que promuevan la inversión y el desarrollo sustentable dentro de un interamericanismo democrático, como lo propuso Haya de la Torre para enfrentar a los autoritarismos en el continente. 

En cuanto al embanderamiento propuesto por el expresidente Alan García, entendemos que tiene como objetivo celebrar, que con dicho fallo, no le quedará al Perú ningún tema limítrofe pendiente con sus vecinos, por lo que simboliza la alegría de un pueblo que por fin podrá tratar con sus pares sin complejos y sin temores, mirando hacia el futuro como miran los jóvenes que gracias a la revolución de las comunicaciones, no entienden de fronteras y mucho menos de absurdas guerras del pasado.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Convención y confusión . Por Agustín Haya de la Torre

El juicio entre Perú y Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya ha puesto en la agenda la necesidad de que el Perú firme por fin la Convención del Mar, suscrita por casi todos los Estados desde 1982.

La Convención culminó un largo proceso que se remonta al derecho romano y que tuvo aportes fundamentales con la proclamación de la libertad de los mares por Hugo Grocio en el siglo XVII, y de Cornelius van Bynkershoek que en el siglo siguiente fundamentó el principio de la soberanía de los países ribereños sobre el mar adyacente a sus costas. La idea de la soberanía debía corresponder a un dominio militar efectivo desde tierra, por entonces a una distancia de tres millas.

Las tensiones que llevaron a las guerras mundiales del siglo pasado, pusieron de relieve el tema por los cambios de fronteras y las dificultades para fijar los límites marítimos, zona que a diferencia de la terrestre no se puede ocupar. En 1939, en Panamá, una reunión interamericana, ante los temores de una amenaza continental, anunció extensiones de soberanía entre 300 y 1200 millas. En 1945 el presidente Harry Truman se pronuncia sobre la plataforma continental de los Estados Unidos y dos años después, el presidente Chileno Gabriel González Videla proclama la soberanía sobre las 200 millas de mar adyacente.

A los cuarenta días el mandatario peruano José Luis Bustamante y Rivero, enuncia la misma doctrina. Le siguen inmediatamente varios países latinoamericanos que van a ser los primeros en ejercer su dominio sobre tal distancia.

En los años ‘70 las Naciones Unidas inician los trabajos para darle forma a una jurisprudencia universal que unificara criterios sobre el derecho del mar. El Perú consiguió que la tesis latinoamericana del dominio marítimo sobre una zona económica exclusiva de 200 millas, quedara consagrada en lo que se ha llamado la “constitución de los mares”.

El antiguo concepto de “mar territorial” quedó fijado en 12 millas sin desmedro del paso inocente, como señala su artículo tercero. Una interpretación simplista por parte de sectores conservadores creó en el Perú la sensación de que se desconocía la soberanía sobre los recursos naturales, tanto vivos como minerales en la zona exclusiva de 200 millas. La Convención reconoce exactamente lo que se quería y es un triunfo de la doctrina enunciada por Bustamante y Rivero durante el gobierno del Frente Democrático Nacional.

La campaña demagógica de la dictadura militar para ganarse la adhesión política de los pescadores, generó un efecto absurdo. El Perú terminó al lado de las potencias que con afán imperialista rechazan la jurisdicción internacional y junto a un puñado de improbables y caóticos Estados africanos. El nacionalismo conservador y autárquico del militarismo, nos aisló y nos alejó de la auténtica doctrina de las 200 millas. Los conceptos originales del mar adyacente y dominio marítimo sin perjuicio de la libertad de comunicación, fueron aprobados en la Constitución de 1979.