Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

jueves, 22 de diciembre de 2011

A quien le duela que se sobe. Por Walter Abanto


A QUIEN LE DUELA QUE SE SOBE
Revisión del marxismo  y desmitificación de Víctor Raúl Haya de la Torre
Por Walter Abanto

** ** ** **

Nota de la red Ojo Izquierdo.- Nuestro colaborador Walter Abanto se rebela contra los paradigmas en economía política y en la doctrina aprista e invita a una discusión a fondo

** ** ** **

La teoría económica marxista se estudia muy poco en los países occidentales. En este país, el Perú, también ocurre eso. Los especialistas del tema en el país, como Hernando de Soto, no son más que gente que intenta comprender a Marx desde el punto de vista de otros autores, principalmente The Theory of Capitalist Development de Paul Sweezy. El maestro Marx en su  obra El capital es difícil de entender; claro, el volumen uno es extraordinario, habla de la jornada del trabajo y la acumulación de la plusvalía, y obviamente el estudiante universitario apasionado de la política dirá esta es la verdad marxista. Pero el estudiante promedio peruano  que se tope con El capital se tomará la tarea de leer 2000 páginas de teoría económica y de explicación de la teoría marxista de una manera tediosa,  ya que el libro se enreda en dogmas económicos y fórmulas. Además el libro no tiene un orden lógico subsecuente por lo que muchos, por no decir todos, dejarán la lectura y abandonarán el camino de estudiar la obra maestra. Claro, es apasionante leer el Manifiesto Comunista pero es aquí donde la gente mediocre, que no quiere estudiar, ni estudiar a Marx a profundidad se estanca.

Por ello, me animé a escribir este pequeño artículo, para que los apristas entiendan qué quiso decir Marx en verdad. El maestro Ernest Mandel intenta dar una explicación a la teoría económica marxista en su libro Tratado de la economía marxista, citemos:


Día de la fraternidad, 1964 (de verdad)
“La ciencia económica es el estudio de cómo los hombres y la sociedad eligen emplear los escasos recursos para producir distintas mercancías para el consumo inmediato y futuro  y distribuirlas entre los diferentes grupos de la sociedad”[1].

Se puede apreciar cómo se toma hombre y sociedad como uno solo y que el hombre actúa según su sociedad. Sociedad y hombre no son abstracciones fueran del tiempo, esto lo deja bien claro Marx en su libro. Y es a partir de aquí donde empezamos el análisis marxista, estudiando las diferentes sociedades que hubo en la humanidad. Citemos a  Robert Heilbroner:

“La sociedad  primitiva no tuvo cómo emplear sus recursos productivos ya que el hambre y la lucha contra la naturaleza absorbió la gran mayoría de las energías humanas sin posibilidades de poder emplear sus recursos productivos”[2].

En este  momento se ve que sólo podían sobrevivir modos de organización técnica y social que pudieran solventar la supervivencia de la especie. El aprismo lamentablemente no recoge un estudio tan profundo como lo hace Marx, sólo se basa en un momento histórico de la sociedad de América Latina y actualmente intenta cambiar su discursillo barato. Los marxistas renegamos de los apristas por su estudio tan banal de la sociedad al no estudiar los orígenes humanos ni dar sustento económico ni una explicación académica del desarrollo de la sociedad desde sus  orígenes.

Bueno, continuemos. Es evidente que para crear una posibilidad de explotar y redistribuir los recursos tiene que haber excedentes, es decir la cantidad de alimentos y productos necesarios tiene que ser más que suficiente para que la especie sobreviva. De esta manera la visión marxista de la economía se inicia en el momento en que la producción supera la demanda de consumo. La teoría aprista en su plan de acción no podría ser aplicada por su falta de un análisis económico concreto que tome esto en cuenta.

Actualmente la tierra y el capital cumplen un papel importante. Son la fuente de recursos físicos o de esfuerzos acumulados anteriormente por la sociedad actual y que sirven para mejorar la capacidad productiva del esfuerzo que se realiza en el presente, que ahora son legalmente reconocidos y que obviamente incrementan la productividad. A este tipo de sociedad se le llama capitalista. Ya que acumula esfuerzo productivo para luego venderlo a la sociedad y multiplicar la capacidad de generar más excedentes. El maestro Heilbroner lo simplifica más todavía:

“Los capitalistas tratan de aumentar y asegurar beneficios utilizando excedentes en sus nuevas inversiones”[3].

En cristiano: vender para ganar dinero.

Esto para Marx hace que el capitalismo avance irremediablemente a un sistema ultra controlador, como lo fue en la primera mitad del siglo XX el fascismo, donde los que más acumulan disponen quiénes pueden consumir y quiénes no, según el nivel económico de vida que tengan y qué poder de valor adquisitivo adquieran.[4]

Claro, ahora, el marxismo ha evolucionado en su entendimiento, si bien Marx dice que debe haber expropiaciones para detener este capitalismo fascista, ya no es necesaria esta medida, por el contrario, hay que permitir que el capitalismo se expanda y siga así, ya que como nos explica Mandel:

“Hoy en día existen medios para detener las crisis que no existían en la época de Marx, particularmente la intervención consciente del Estado en la economía cuando ve que esta se le sale de las manos y entra en crisis”[5].

Como vemos, el maestro Mandel intenta explicarnos, de una manera sencilla, que Marx no conocía la función reguladora del Estado en la economía; eran días en que Marx solo conocía el capitalismo en su etapa salvaje. Ahora, Víctor Raúl Haya de la Torre lo conoció cuando se estaba regulando y moldeando, donde empiezan los derechos laborales a reclamarse. Es sorprendente que viendo esto no diera medidas de solución precisas y concretas, al contrario propuso una medida populista y anti-económica como la jornada de 8 horas donde la producción se vería reducida debido al crecimiento constante humano y las cosas que el humano necesita para sobrevivir no serian producidas adecuadamente a su debido momento.

Tampoco previó nunca la función determinante del Estado en la economía mundial para regular su economía; al contrario, en los años 30 tomó una postura totalmente anti-económica como el anti-imperialismo basado en la suposición de que el capital extranjero siempre viene, así sea para que lo expropien, claro en ese momento no entendía que sin capital extranjero no podían desarrollarse los países tercermundistas. En conclusión, no entendió ni el marxismo ni su época.

Heilbroner expone lo dicho por Mandel de otra manera, más determinativa y más prefijada:

“El desarrollo de nuevas industrias, la ayuda a los países subdesarrollados, el incremento de gastos estatales, el crecimiento del sector terciario y de los gastos de distribución, constituyen válvulas de seguridad para el capitalismo, proporcionando al capital nuevos campos de inversión, neutralizando la tendencia del capitalismo a sólo acumulación y venta”[6].

Esto no lo previó Víctor Raúl y eso que vivió en una época de los 70, donde el capitalismo ya estaba respetando derechos. Los apristas estancados en el pensamiento de su jefe fundador no han sabido evolucionar las ideas de su guía; están más estancados que carro en fango. La cuestión es que los marxistas sí han sabido evolucionar su teoría económica hacia un grado donde se respeta la libre empresa y la propiedad privada, cosas fundamentales en la economía mundial y que está reconocida en nuestra constitución y en los tratados internacionales.

Víctor Raúl Haya de la Torre en cambio sólo da un análisis sociológico de la sociedad y no económico como sí lo hace el maestro Marx. Víctor Raúl lo único que hace es separar sociedad y economía como dos entes distintos, cosa que cae en error y es refutable. Bueno, qué se puede esperar de alguien que ni acabó la universidad.

Finalmente el socialismo.

Marx no examina detalladamente los problemas y posibilidades de un orden social en el que la producción de bienes de consumo, es decir de bienes para ser intercambiados, habrá sido superada por los bienes de primera necesidad. El capitalismo, defectuoso de por sí, no prioriza los artículos de primera necesidad sino lo que es más vendible, por ello sí es posible imaginar una sociedad superior, de esa manera.

Mandel sostiene que el socialismo:

“Será una sociedad menos aburrida, menos alienada y menos primitiva que la capitalista. Surgirá una comunidad poblada por hombres semejantes a los héroes socialistas de nuestros días, no proletarios sino intelectuales. Estas personas extraordinarias que se dedican a una vida creadora satisfaciendo sus aspiraciones y a la vez ayudando a los demás”[7].

Esto demuestra que ser marxista es interesarse por la evolución histórica, entendiendo los fenómenos históricos por causas a menudo oscuras y profundas que implican procesos tecnológicos e intereses económicos y no los catecismos rusos y chinos totalmente anacrónicos e inaplicables en nuestra sociedad. Y qué decir del aprismo, puff no sirve el día de hoy. Al menos el ruso y el chino se usa en países como Vietnam, en Corea del Norte y Cuba; el aprista en ninguno. Si bien se puede criticar su forma de llevar la economía y la sociedad y están mal, al menos le dieron a su país esperanza de salir adelante y siguen en el poder, pero el aprismo ni siquiera llega al 5 por ciento en alguna encuestita electoral de mala muerte.

Como toda doctrina, el marxismo tiene limitaciones. La primera es el aire teológico que rodea la figura de Marx. Como dice Mandel:

“La base del marxismo es la existencia de una serie de leyes únicas, que una vez descubiertas pueden aplicarse a toda la historia de la humanidad”[8].

La primera de estas leyes es la dialéctica del cambio histórico constante, la tensión de las relaciones sociales y esta es la lucha de clases. Negar la lucha de clases que existe desde los siglos XVIII Y XIX donde había un capitalismo salvaje es estúpido. Los apristas llegan a negarla. He oído a varios negarla y se rasgan las vestiduras, diciendo que Marx estaba en un error. Nada más falso, la lucha de clases existió eso es un hecho histórico reclamar por derechos sociales y laborales contra la burguesía salvaje que aplicaba una forma de gobierno totalmente brutal. Existió eso y es innegable, está en los hechos de la historia.

Pero claro hacer que esta lucha de clases se traslade para todo momento para toda sociedad es erróneo. Es posible observar muchos capítulos de la historia con lentes diferentes, por ejemplo en base a rivalidades dinásticas como ocurrió en Francia después de Napoleón o según divisiones religiosas como el cisma entre Oriente y Occidente. Me gustaría que los apristas digan algo así de Víctor Raúl pero no, son dogmáticos, no se autocritican, no ven sus límites, al contrario creen tener la verdad absoluta, por ello su partido está condenado a la autodestrucción y sus líderes ni qué decir.

La segunda limitación esta en relación con la veta teológica, ya que se refiere a la racionalización de deseos que está en la visión marxista. Me quiero referir a la reticencia del marxismo de reclamar la utopía socialista. El primer problema es claro: está la posición del socialismo para imponerse en las sociedades sub desarrolladas. El maestro Mandel diría lo siguiente:

“No se justifica la expropiación de la propiedad privada y su socialización a menos que se den un aumento de su producción en manos del Estado y claro está que estos la apoyen ya sea por convicción o por interés material o, claro está, por ambas a la vez”[9].

Claro esto es imposible, en nuestras sociedades actualmente es imposible porque es difícil que haya un capitalismo industrial en un país tercermundista lo suficientemente fuerte para proponerle eso. Esta cita se refiere, para los ignorantes que no entiendan, al socialismo evolucionado y revisado no al socialismo retrógrado que propone las guerrillas previo derrocamiento de los gobiernos títeres a través de esta, no señores. Supongo que los apristas, por su dogmatismo, no entenderán esto.

Bueno, todo gobierno socialista recientemente constituido se ve obligado a practicar en diversos grados la expropiación, la colectivización y la nacionalización forzosa. Claro está que ningún marxista se ha enfrentado con un dilema moral ante eso, siendo perjudicial para la economía nacional si no hay un consenso empresarial sobre esa política.

Finalmente quiero decir algo que considero interesante. El marxismo es un esfuerzo para descubrir la causalidad en el curso de la Historia. Y el aprismo no sé que es, ¿acaso un chiste? Para mí es una paráfrasis del marxismo mal hecha. Pero, ¿cuál es la fuente de esta causalidad histórica? Heilbrener tiene una respuesta:

“Esencialmente parece que es la fuerza motriz de la dialéctica, expresada a través de actividades previsibles de las clases en conflicto”[10].

Pero creo que no es posible saber cómo reaccionará una clase social ante una determinada situación. No se puede estudiar conjuntamente a toda una población y su futura reacción ante algo, ya que esta reacción puede ser diversa. Las diferencias de reacción de las clases sociales en cada país dan como resultado diferentes variables que son independientes de la valiosa economía. Ya que cada país es socialmente diferente y no sólo socialmente, sino también en lo geográfico, cultural, militar, etc.

Me gustaría hacer una reflexión final. La palabra democracia ¿qué es? Para los apristas debe ser defendida hasta la muerte. Pero para los marxistas debe ser algo diferente: no negarla en su totalidad, no entenderla como un talismán cargado de sentido especifico como los apristas hacen, en el sentido de defender el Estado de Derecho hasta la muerte, cosa mal dicha porque es el Estado Constitucional, sino como algo que tiene que ver con el desarrollo del bien común y de la comunidad.


[1] Tratado de la economía marxista, pag 26.
[2] Marxism: For and Against; hay edición en español en la biblioteca de la PUCP, ver la pag 165.
[3] Entre capitalismo y socialismo, pag.127.
[4] Tratado de la economía marxista, pag.256.
[5] Tratado de la economía marxista, pag.300.
[6] Tratado de la economía marxista, pag.311.
[7] Tratado de la economía marxista, pag.315.
[8] Tratado de la economía marxista, pag.320.
[9] Tratado de la economía marxista, pag.351
[10] Entre capitalismo y socialismo, pag.129