Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

lunes, 12 de diciembre de 2011

Solucionética - Ellos nunca fueron izquierda. Por Luis Zaldívar



Solucionética – Ellos nunca fueron izquierda. Por Luis Zaldívar

Salomón Lerner y su gabinete arcoíris (JDC dixit) ha terminado siendo relevado por los conflictos internos y la incapacidad de algunos ministros para mostrar siquiera un plan de trabajo coherente.

Ante la crisis de Cajamarca anduvieron en marchas y contramarchas contradiciéndose en sus propuestas y ahondando los problemas tanto por el lado del gobierno regional como por el lado del sector empresarial. El fracaso del proyecto en Mina Conga es enteramente culpa del gabinete que ya se fue. Que el nuevo primer ministro anuncie que el problema ambiental de Mina Conga va ser sometido a un “peritaje internacional” muestra hasta qué punto el poder ejecutivo cayó en el total descrédito hasta para sus propios integrantes, todo por culpa de don “Siomi” y sus allegados.

La noticia de la caída en picada del señor Siomi fue sorpresiva para casi todos, incluso para los que vaticinamos que el gobierno no tenía rumbo, ya que todo parecía indicar que al comandante-presidente no le convenía mostrar sus heridas de guerra en forma tan explícita. Lo lógico era que el gabinete, buscando un perfil bajo y disimulando las contusiones, tenga algunos cambios en enero o febrero como es lo tradicional.


Pero lo que sí me ha sorprendido es el aullido desesperado de quienes dicen ser la izquierda peruana y que en menos de cinco meses han tiraron la toalla y ahora le llaman derechista al gobiernoMario Huamán ha salido a promover que “los gremios encaren” a humala, y la presión de los amigos de esos consultores inútiles para la política llamado Ciudadanos para el Cambio es tanto que el amo y señor de la verdad y la moralidad César Hildebrandt  ha encontrado su nicho publicitario para los próximos cinco años llamándole a Humala derechista.  Ante el desconcierto, han optado por hacer lo único que saben hacer: indignarse.

Todo eso tendría sentido aparente, si no fuese porque ni Humala candidato ni Humala presidente representaron ni ligeramente un pensamiento de izquierda. Nunca tuvo una propuesta de cambio ni en el Plan de Gobierno de 197 páginas de diciembre del 2010 (a menos que confundamos cambio social con estatismo-populista) ni en la Hoja de Ruta de mayo del 2011; y siempre estuvo rodeado del grupo militarista que ahora controla el 100% del poder, que el propio Salomón Lerner Ghitis ayudó a convocar y organizar, dando una esquinita a los caviares para disimular las cosas.

Durante la campaña, el establishment social-confuso (que comprende al abanico político que va desde la alcaldesa Susana Villarán hasta el doctor Javier Diez Canseco, pasando por sus diversas ONG’s) intentó convencerse a sí mismo que Humala era la esperanza para un gobierno de izquierda, y cuando ganó, sintieron que ellos habían logrado el triunfo. Y no era porque creyeran realmente en Humala sino porque creían posible influirlo y controlarlo (hemos escuchado decir esto a sus voceros en todas las universidades).

 No se les ocurrió reflexionar en la trayectoria de Humala entre los sectores más reaccionarios y autoritarios del país, incluidos sus discípulos fascistas del etnocacerismo (con los que aparentó deslindar para llegar a ser presidente), ni tampoco pensaron que la argolla militar que siempre lo ha respaldado iba a dejar pasar a los seudoizquierdistas como Pedro por su casa. Ni siquiera se les ocurrió pensar mal del financiamiento brasilero y el hecho evidentísimo que Humala fue en la segunda vuelta, obviamente, el representante de buena parte del empresariado que lo convirtió en el candidato con más dinero, y menos importó que Humala nunca vaya con ellos a ningún lado ni a ningún mitin… Cuando terminó el ruedo electoral, los hijos huérfanos del muro de Berlín pensaron que era su hora, y acudieron a pedir puestos públicos sin piedad, incluidos algunos apristas despistados como el señor Luis Alberto Salgado.

A la hora de los loros, Humala se muestra claramente como un presidente que sólo respeta sus intereses de grupo más inmediatos y que gobierna como le salga; que atornilla a sus allegados de confianza, expectora a los que le cae antipáticos y que no tiene ideas programáticas más allá de los slogans de campaña que le recitan sus asesores y una que otra repasada al militarismo. Lo que era visible, que Humala no daba la talla para conducir un país, es comprobado cada vez que Humala toma el micrófono para dar uno de sus terribles discursos, siempre rodeados de tropas del ejército armadas hasta los dientes. Los peruanos sufrimos, pero más sufren los que se llenaban la boca en contra de gobiernos pasados y ahora son cómplices de un futuro incierto.

La realidad ha devuelto al caviarato a su esquinita de siempre, desorientados y buscando culpas en los demás antes de darse cuenta que hacer política no es reunirse con sus patas tecnócratas de siempre en los cafés de moda para ver de quien se cuelgan las siguientes elecciones.

De hecho, todos los que nos sentimos de izquierda tenemos un arduo trabajo pedagógico y organizativo que hacer en el futuro, pero debemos tener en claro que el cambio no se genera vendiendo rollos en contra del “modelo”, sino buscando trabajar concertaciones amplias en donde podamos llevar más democracia sin favorecer a una argolla militar respaldada por algunos grupos empresariales y un grupo de aventureros civiles. Ser de izquierda no es ser estatista, ni lobbista de ONG’s socialdemócratas, ni inflar mucho el pecho como gallitos frente a los empresarios para luego pasar a pedir limosna, sino entender que el gran trabajo político se da en la afirmación de una democracia funcional en donde todos se vean representados y se desarrollen proyectos técnicamente impecables y eficientes, trabajo que corresponde tanto al partido que llegue al Estado como a los partidos que organizan a la sociedad civil, no a colectivos superfluos y a ONGs que se divierten paseando a señores en trajes típicos mientras sus familias no tienen calzado.

Hacia allá debemos ir, aunque dudo mucho que nuestro presidente se dé el trabajo de leer a sus opositores. Ojalá que sí.