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lunes, 29 de abril de 2013

90 años de aprismo: La agenda pendiente. Por Alan Salinas

Combativo Alan Salinas

El ex presidente Alan García acaba de publicar “90 años de aprismo. Hay, hermanos, muchísimo que hacer[1]. En este texto, lo que el ex presidente explica es la vigencia de la doctrina aprista a la luz de la crisis de representación política y la globalización. Conceptos como Frente ÚnicoEstado Antiimperialista y democracia social, entre otros, son abordados en relación a la nueva dinámica social y política de nuestro país, así como a los nuevos retos que plantea esta nueva interdependencia global.

Diversos analistas han explicado que actualmente los partidos políticos todavía no se han adaptado a los cambios sociales y económicos de estos últimos tiempos. En otras palabras, el nuevo rostro emergente del Perú ha desbordado las agendas programáticas de los partidos políticos. Por otro lado, con respecto al rol del Estado se ha explicado que frente al tema del capital extranjero, hay una debilidad institucional y una dependencia en demasía que no permite desarrollar una industria nacional.

Frente a estos temas en cuestión, pasaré a analizar los siguientes conceptos presentados en el texto “90 años de aprismo”. El primero es el rol del Frente Únicocomo propuesta a un entendimiento con un sector emergente e informal que ha transformado silenciosamente nuestra sociedad y economía en los últimos veinte años. En segundo lugar, analizaré el rol del Estado Antiimperialista en su relación con el capital extranjero.


Sobre el tema de la crisis de representación política, Alan García sostiene que elFrente Único (propuesto por Haya de la Torre desde su artículo “¿Qué es el APRA?” hasta sus escritos posteriores) sigue vigente para hacer frente a una sociedad Post-Consenso de Washington y Post-Fujimorismo. En palabras del ex Presidente, la nueva situación social y económica del país precisa de un “momento constituyente” para que nuestras instituciones políticas puedan representar al sector informal y provinciano del país, dado que hasta la fecha no han sido tomados en cuenta, salvo en situaciones electorales.

El concepto de Frente Único, a contraposición del planteamiento clásico de partido de clase (como lo definía el marxismo-leninismo), agrupa a las fuerzas sociales (profesionales, clase medias, intelectuales) y las fuerzas productivas de un país (pequeñas y  medianas empresas y trabajadores), todos en una sola plataforma política de concertación nacional y de tolerancia/respeto democrático. Este concepto es entendido bajo la lógica de un antintiimperialismo constructivo, donde la lucha política no es de clase contra clase, sino de pueblo contra pueblos.

En estos últimos años, el país ha crecido de manera sostenida sin el acompañamiento de instituciones políticas que canalicen las demandas sociales y políticas de manera concertada. Vivimos un momento en que la sociedad peruana está generando una vigorosa economía popular/informal, demandas descentralistas, nuevas clases medias pragmáticas, reconocimiento individual, nuevas aspiraciones vinculadas al mundo de las tecnologías de la información. Todo esto genera nuevos códigos sociales y culturales que los partidos políticos (o plataformas políticas más amplias) no lo han traducido en una agenda de concertación nacional que los represente orgánicamente, y no sólo para elecciones. ¿Estamos preparados para eso? Ese es el reto del APRA, como sujeto político, saber conjugar reconocimiento individual con el compromiso a una causa colectiva. El Frente Único de concertación nacional (aún vigente doctrinariamente) puede servir como instrumento de entendimiento con ese nuevo Perú.

En lo que respecta al rol del Estado frente al capital extranjero, en “90 años de aprismo” se plantea que el Estado Antiimperialista, bajo la lógica de un antiimperialismo constructivo[2], debe saber tratar con el Capital. ¿Cómo? En un mundo globalizado e interdependiente, aislarse económica y políticamente de otros países es condenarse al fracaso. Uno de esos casos es Cuba, entrampada y ahogada como modelo por ausencia de democracia, inversión tecnológica e innovación. Por otro lado, no tener clara la función del Estado ante el mercado es generar temor en la ciudadanía y en la inversión privada. Ejemplo de ello es Venezuela, que bajo un modelo estatista amenaza cualquier tipo de inversión extranjera o nacional.

De acuerdo a lo presentado líneas arriba, el Estado Antiimperialista, ante un mundo interconectado y de libre mercado, debe poner garantías y condiciones para aquel que quiera invertir en nuestro país. Porque a mayores garantías para la inversión extranjera, mayores puestos de trabajo, construcción de infraestructura social y económica para nuestro país. Porque a menor tasa arancelaria a tecnologías de punta, mayor desarrollo de nuestra pequeña, mediana y gran industria nacional. Porque a más Tratados de Libre Comercio (TLC) con varios países (como actualmente se tiene con Singapur, China, Chile, México, EE.UU. Japón, etc.) mayores inversiones peruanas tendremos en el extranjero. En ese sentido, para el fortalecimiento del Estado es necesario no depender de una sola nación para el intercambio comercial. Por ejemplo, si sólo tuviésemos TLC con EE.UU., en estos momentos estaríamos con crisis económica, pero como tenemos TLCs con varios países nos genera mayor autonomía frente a posibles desajustes en la economía mundial.

Asimismo, como se señala en el texto, el Estado Antiimperialista debe tener clara su función ante el mercado. Aparte  de su función reguladora y promotora de la inversión privada, debe saber cuándo intervenir en ella. El año 2009, año de crisis económica mundial, el Estado peruano llevó a cabo “El Plan Anticrisis” donde la inversión pública fue mayor a la inversión privada, esto se hizo con el fin de mantener el crecimiento económico, y evitar el desempleo. Esta intervención se hizo a corto plazo, para reactivar la economía nacional. En ese sentido, tener clara la función del Estado frente a problemas del mercado es vital para generar justicia social. Por lo tanto, el Estado Antiimperialista, concebido por Haya de la Torre, sigue teniendo vigencia. Haya tuvo razón.

Finalmente, leer “90 años de aprismo” nos lleva a pensar sobre la agenda pendiente que nos dejó Haya de la Torre doctrinariamente, de la continuidad de su legado, tanto para los aprista como para los no apristas. En su momento no fue entendido, se lo culpó de viraje, de claudicar a sus principios, cuando nadie se daba cuenta (entre ellos analistas sociales y políticos marxistas de entonces) que el mundo y el Perú cambiaban. El viejo Haya de la Torre pensaba en una dimensión más realista, adelantándose a su tiempo. El Frente Único (que emergió contra el clasismo) y el Estado Antiimperialista (como instrumento para mediar su propia inserción en un mundo global) siguen aún vigentes.

PD: No quiero dejar pasar mi aprecio militante por el compañero Armando Villanueva del Campo, un hombre leal a la causa del aprismo. Hace unos días nos dejó físicamente, pero su legado político y doctrinario queda.



[1] García Pérez, Alan. “90 años de aprismo. Hay, hermanos, muchísimo qué hacer”. Editorial Titanium. Perú. 2013.
[2] Haya de la Torre sostuvo que el antiimperialismo constructivo plantea una comprensión de la dinámica del capitalismo mundial. Que si bien el capitalismo tiene un aspecto negativo (colonialista y militar), pues también tiene un aspecto positivo como son las inversiones y la tecnología para el desarrollo de los pueblos.