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martes, 25 de agosto de 2015

Ministerio de la Juventud: Mitos y Realidades

Por: Ricardo Yturbe

Desde hace dos semanas se ha dicho y escrito mucho sobre la propuesta de Alan García, en torno a la creación del #MinJuv. Muchos, a priori, han lanzado opiniones en el calor del debate, sin embargo existen algunas precisiones, desde mi humilde punto de vista.

Cabe comenzar por hacer una pregunta de rigor: Es necesaria la creación de un ministerio para satisfacer las demandas de la juventud (entendiéndose a los comprendidos entre 15 y 29 años)? El ex Viceministro de Promoción del Empleo, Javier Barreda, en su columna "Políticas para la Generación Y" (La República del 16 de agosto del 2015), señaló que se había incrementado al 76% la gente que considera "difícil" encontrar un empleo, asimismo, sólo el 10% de la población consideraba "fácil" encontrar un empleo. Existe una realidad que no podemos negarla, ni taparla, jóvenes que demandan oportunidades de empleo, y a eso podríamos agregar, oportunidades de capacitación para la búsqueda de éste y el emprendimiento.


Por otro lado, tenemos que el incremento de la delincuencia tiene como principal objetivo a jóvenes, inclusive menores de edad, por lo que políticas que van desde el control de la natalidad, pasando por la educación, la inserción y re inserción pacífica a la sociedad, son urgentes.

Hemos presenciado el sin fin de mesas de trabajo multisectorial sobre la problemática juvenil, que son diametrales mitos que de discusiones bizantinas, buenos coffee breaks y tertulias que sirven para la vanidad personal no han pasado. La Juventud es una realidad que el Estado no puede negarse a tratar de manera específica y con políticas de estados específicas. Los tiempos han cambiado, la innovación tecnológica y el emprendimiento deben ser un pilar el trabajo en las políticas públicas de un #MinJuv

Muchos dicen que significaría un sobrecosto innecesario, habiendo tantas entidades del Estado que tratan el tema de la juventud, deporte y la innovación. Es cierto que existen, pero están diseminadas por distintas carteras, las cuales no tienen ni la atención, ni mucho menos el presupuesto necesario para que cumplan cabalmente sus funciones. Por ello, la creación de este ministerio no debe significar la creación de más dependencias estatales, sino la conjugación de las existentes, con un liderazgo político que sea capaz de sortear las barreras que impone los eternos funcionarios del MEF.


En la línea del párrafo anterior, vale desbaratar el mito de que el Ministro de la Juventud deba ser un joven, pues no sólo por resultar falacioso, sino por qué, al ser un nuevo ministerio que contará con reticencias y desconfianzas, el Ministro de la Juventud debe contar con liderazgo en la aplicación de las políticas de juventudes, con experiencia en la gestión pública, como la generación del empleo, la educación, la innovación tecnológica, la salud y demás políticas de inclusión, es decir, un autoridad y no un pulpín.