Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

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jueves, 22 de agosto de 2013

Enredo gratuito. Agustín Haya de la Torre

El intercambio de sutilezas entre el gobierno y la oposición sobre el diálogo político parece contar con la asesoría del doctor Alzheimer. La impresión que dejan en medio del sainete, es que aparentemente no sabrían como empezar la conversación.

Sería bueno que el presidente tome nota de la existencia del Acuerdo Nacional, que no sólo está vigente sino que cuenta con funcionarios públicos pagados por la Presidencia del Consejo de Ministros. El Acuerdo aprobó hace más de diez años una treintena de políticas de Estado que han servido de marco para los dos gobiernos anteriores.

El AN como tal es todo un avance en el proceso democrático, pues sienta o sentaba a la mesa, de manera regulara, a los líderes de los partidos políticos y de las organizaciones más importantes de la sociedad civil. Todo el espectro político y social está allí representado. Siendo el parlamento nacional el primer poder del Estado que institucionaliza el diálogo entre los representantes de la ciudadanía, la crisis de representatividad y la inconsistencia de los partidos, puso en agenda la necesidad de un refuerzo que garantice la pluralidad y la fluidez del diálogo.

Desde entonces tenemos en el país una institución con características especiales, cuyo papel resulta muy importante para el buen gobierno. Con Toledo y García funcionó con regularidad y sirvió para superar debilidades y generar oportunos consensos. El propio Ollanta Humala lo firmó entre la primera y la segunda vueltas, cuando dejó de lado su tránsito por la raza cobriza y el chavismo. Hasta lo convoca a la muerte de un obispo, aunque casi en el anonimato.

El Acuerdo Nacional no se plantó en las políticas generales, sino que como parte de ellas consiguió que se creen el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico y el Sistema Nacional de Planeamiento Estratégico, fundados en el segundo semestre del 2008. Tras casi tres años de intenso trabajo junto con el CEPLAN, convocando decenas de talleres y más de cien mil consultas, aprobó por unanimidad el primer plan estratégico de desarrollo nacional, denominado Plan Bicentenario: el Perú hacia al 2021.

El documento traduce en ejes estratégicos, objetivos, lineamientos de política, prioridades, metas y programas, las 32 políticas de Estado. Sustentado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el principio del desarrollo como libertad, el Plan logró incluir más de una veintena de programas estratégicos en el presupuesto nacional.

El terreno cultivado para que el nuevo gobierno avance en su articulación orientadora y elabore el plan de mediano plazo, empezó a secarse. Los nuevos responsables no sabían si la hoja de ruta o lagran transformación decidían su labor. En la duda, se abstuvieron hasta el día de hoy. Agobiados por el complejo de Adán, optaron por un estado de suspensión latente, frenando todo lo avanzado.

Sería penoso que en el diálogo planteado primen los consejos nada recomendables del consultor alemán.

jueves, 19 de abril de 2012

Tribuna Libre - Náufragos. Por Agustín Haya de la Torre

Desde que se aprobaron las políticas de Estado del Acuerdo Nacional hace una década, hasta la promulgación por consenso del Plan Bicentenario en junio del año pasado, hubo siempre el temor de que esta concertación de fuerzas democráticas alcanzada por primera vez en nuestra historia contemporánea, fuese desconocida por algún actor ajeno al diálogo.
Lamentablemente eso es lo que ha sucedido con la actitud adoptada por el gobierno en su primera fase. El recién removido presidente del CEPLAN sin sustento alguno, decidió suspenderlo. Usó el pretexto baladí de que debía “actualizar” lo que se acababa de hacer. Durante los siete meses de su gestión se las ingenió para no dejar ningún resultado.
De esta forma, desconoció tres años de trabajo de elaboración del Plan, que desde sus primeras formulaciones se hizo en consulta permanente con los integrantes del Acuerdo Nacional y con diversos representantes de la sociedad civil, incluyendo la constante participación de todos los niveles de gobierno.
Así por aproximaciones sucesivas, se elaboraron documentos previos que se analizaron con las direcciones de todas las fuerzas políticas, salvo el PNP, que todavía en tono chavista excusaba su asistencia. Se pronunciaron los gremios patronales y de trabajadores, se coordinó con los gobiernos regionales y locales, se encuestaron académicos e investigadores, se convocaron talleres nacionales e internacionales y comités multidisciplinarios. Así se sumaron más de cuatro mil personas que participaron directamente y cerca de cien mil por vía electrónica.
Todo este trabajo permitió que en la fase final, entre octubre de 2010 y mayo de 2011, se realizaran diversas sesiones del Consejo de Ministros y del Acuerdo Nacional, encabezadas por el propio presidente de la República, hasta lograr el consenso. Cuando el nuevo gobierno tenía la mesa servida, su representante decidió tirar todo al tacho, sin entender lo que significa haber logrado un respaldo de tal envergadura, con fuerzas de todo el espectro ideológico. Dispuso para empezar que se anule el nombre “por aprista” y prohibió el uso de la palabra planificación. Acaba de decir que descartó el documento promulgado porque “sólo trataba de crear las oportunidades para todos” (sic).
El primafásico nunca entendió que el Plan se funda en la Declaración Universal de los derechos humanos ni que significa el concepto del desarrollo como libertad. Una visión integral que plantea generar las condiciones para la plena vigencia de los derechos fundamentales, las libertades, la igualdad de oportunidades, la seguridad social, el desarrollo sostenible y el progreso cultural. Nuestro nostálgico de los años setenta pretendió volver al análisis sectorial y economicista, ignorando que estamos en el tiempo de los derechos y la realización de las libertades.
Ahora un empresario privado tendrá que descubrir que no es el lucro sino los valores de la democracia, que no se cotizan en la bolsa, los que guían a la república.

miércoles, 27 de abril de 2011

Plan Bicentenario: camino de democracia y equidad, ¿quiénes se oponen a él?


El Plan Nacional de Desarrollo 2021, elaborado por el CEPLAN (Centro Nacional de Planeamiento Estratégico), llamado también Plan Bicentenario, se basa en el esfuerzo de concertación desarrollado en el Acuerdo Nacional desde el año 2002, que definió 31 políticas de Estado consensuadas que deben enmarcar un crecimiento económico con transparencia, democracia, equidad y sustentabilidad.

Dentro y fuera del gobierno presidido por el Dr. Alan García Pérez, el Partido Aprista Peruano ha realizado un esfuerzo meritorio por preservar y fortalecer el sentido consensual y de modernidad constructiva que mantiene el Acuerdo Nacional y encarna dicho Plan. 
¿Quiénes se oponen al Plan 2021? Las dos fuerzas extremas que en este momento, a las puertas de la segunda vuelta electroral, ponen en peligro la democracia en el Perú. Una de ellas es la arbitrariedad y la corrupción conservadoras representadas por el fujimorismo. La otra es la demagogia populista de cariz totalitario del neosanchecerrista «humalismo». Ambas corrientes políticas estuvieron ausentes en las convocatorias del Acuerdo Nacional de los últimos dos años.

Hoy en día, ambas fuerzas reaccionarias se oponen al Acuerdo Nacional y al Plan 2021 porque se oponen a la democracia.

Aquí ofrecemos el Resumen Ejecutivo del Plan Bicentenario, que muestra claramente lo que rechazan los totalitarios