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lunes, 16 de abril de 2012

Solucionética – ¿Banco Mundial de quien?. Traducido por Luis Zaldívar


Este lunes se eligió al nuevo presidente del Banco Mundial Jim Yong Kim[1] durante su visita a Lima. Mientras en el mundo académico el rol del Banco Mundial suele ser visto con cierto dogmatismo y la mayoría de peruanos no sabe de qué se trata, este organismo internacional es el principal asesor en políticas de desarrollo de nuestro país, y sus estudios son muchas veces las fuentes para “innovadoras ideas” de nuestros políticos. En buena parte le debemos al Banco Mundial varias de las estrategias de salud y educación que han funcionado en las últimas décadas.
Sin embargo, los latinoamericanos seguimos siendo vergonzosamente excluidos del proceso de selección para la presidencia de este organismo, aún cuando somos no sólo beneficiarios sino una de las regiones que más aporta al Banco. En el siguiente artículo, el premio nobel Joseph Stiglitz analiza a los candidatos y la eminente elección de Kim, quien por ser el candidato nominado por Estados Unidos ya tenía la balanza echada a su favor desde el principio.




Barack Obama designa presidente
del Banco Mundial al Jim Yong Kim
La nominación de Jim Yong Kim para la presidencia del Banco Mundial por el presidente estadounidense Barack Obama ha sido bien recibida – y en buena hora, especialmente por los otros nombres que se han hecho conocer. Con Kim, un profesor de salud pública que es presidente del Dartmouth College y ha liderado previamente el departamento de VIH de la ONU, los Estados Unidos han propuesto un buen candidato. La nacionalidad del candidato, y el país que lo nomina – sea este pequeño y pobre o grande y rico- no debería determinar quien consigue la posición.

11 directores ejecutivos del Banco Mundial de países en vías de desarrollo han presentado dos excelentes candidatos, Ngozi Okjo Iweala de Nigeria y José Antonio Ocampo de Colombia. Yo he trabajado cercanamente con ambos, y son de primera calidad. Ellos han servido de ministros en diferentes carteras, se han desempeñado de forma admirable en posiciones importantes en organizaciones multilaterales y tienen las habilidades diplomáticas y competencias profesionales para hacer un buen trabajo. Ellos entienden finanzas y economías, saben el día a día del Banco Mundial y tienen una gran red de conexiones para medir la efectividad de las acciones del Banco.

Okonjo-Iweala brinda conocimiento interno de la institución. Ocampo, como Kim, brinda las ventajas y desventajas de ser un outsider; pero Ocampo, un profesor distinguido de la Universidad de Columbia, está totalmente relacionado con el Banco Mundial. El ha servido no sólo como Ministro de Economía y Finanzas, sino también de agricultura – una calificación importante dado que la gran mayoría de países pobres en desarrollo dependen del agro. Él también viene con impresionantes credenciales ambientales, lo que cumple con otra de las preocupaciones del Banco.

Tanto Okojo-Iweala como Ocampo entienden el rol de las instituciones financieras internacionales en brindar bienes públicos globales. Durante sus carreras sus mentes y corazones han estado dedicadas al desarrollo y la misión del Banco Mundial de eliminar la pobreza. Ellos han puesto una valla muy alta a la candidatura americana.

Hay mucho en juego. Casi dos mil millones de personas se mantienen en la pobreza, y aún cuando el Banco Mundial no puede resolver el problema solo, si  juega un rol preponderante. Más allá de su nombre, el Banco es sobre todo una institución internacional para el desarrollo. La especialidad de Kim, salud pública, es crítica y el Banco ha apoyado iniciativas innovadoras en este rubro. Pero la salud es sólo una pequeña parte del portafolio del Banco, y funciona típicamente en esta área con socios que llevan la experticia en medicina.

Los rumores sugieren que Estados Unidos insista en mantener una selección perversa del proceso en el cual se elige al presidente del Banco Mundial, simplemente por el hecho de que es año electoral y los oponentes de Obama van a usar cualquier pérdida de control sobre la elección como una señal de debilidad. Es más importante para los Estados Unidos mantener el control que para el mundo en vías de desarrollo obtenerlo.
Así, los mercados más poderosos y emergentes saben cómo vivir en el sistema actual, y pueden tratar de usarlo en su ventaja. Ellos, en efecto usarán sus influencias para canjear favores para algo más importante. La Realpolitik del momento hace que una pelea por la presidencia sea poco probable; Estados Unidos probablemente prevalezca. ¿Pero a que costo?

Si Estados Unidos insiste en controlar el proceso de selección, el Banco Mundial en sí mismo sufrirá. Por años, la efectividad del Banco Mundial ha sido comprometida porque ha sido vista, en parte, como una herramienta de gobiernos occidentales y sus sectores corporativos y financieros. Irónicamente, aún los intereses a largo plazo de Estados Unidos serían servidos mejor por un sistema basado en el mérito y el buen gobierno – no sólo en palabras, sino también en acciones.


Un supuesto logro de los G-20 fue un acuerdo para reformar la gobernabilidad de las instituciones financieras internacionales – especialmente la forma como los líderes eran elegido. Dada que la experticia en el desarrollo se encuentra largamente en los países en vía de desarrollo que viven el proceso, sería natural que la cabeza del Banco Mundial sea alguien de esos países. Mantener el veto a los países en desarrollo y dejar que Estados Unidos elija al presidente del Banco Mundial mientras Europa elige la cabeza del Fondo Monetario Internacional es anacrónico y paralizante en tiempos en que el FMI y el Banco Mundial están virando a los países en vías de desarrollo como fuente de recursos.

Mientras los Estados Unidos, la comunidad internacional y el mismo Banco repetidamente enfatizan la importancia del buen gobierno, el procedimiento de selección que por defecto deja la elección a los Estados Unidos es una burla.


Okonjo-Iweala ha puesto la materia al debate en una entrevista con el Financial Times: lo que se juega aquí es un tema de hipocresía. La integridad de los países industrializados, que tienen la mayoría de los votos en el Banco Mundial, está siendo puesta a prueba.