Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

viernes, 19 de octubre de 2012

¿Del Movadef o de la incógnita llamada izquierda?


José Bulnes

La crítica y autocrítica es el arma marxista-leninista del maoísmo, con esta arma logran deshacerse del mal estilo y hacerse y conservar el buen estilo; es decir, la autocrítica profunda procura al grupo maoísta hacer revisión de sus tácticas y de sus principios. Esto implica una asimilación profunda de la disciplina partidaria. Preguntémonos si la izquierda caviar practica este método de cohesión política e ideológica. La respuesta es no. Entonces, cabe formular la pregunta, ¿por qué estúpidamente el otrora comunista ferviente Tapia pretende plantear una discusión “ideológica” al MOVADEF (a todas luces el brazo político de Sendero Luminoso)? Más aún, llama a que los estudiantes universitarios discutan el tema del MOVADEF, y que planteen una lucha-discusión académica e ideológica.

Semejante propuesta no ocasiona sino risa y una complacencia ante tamaña ingenuidad.  Una discusión ideológica refiere poner en cuestionamiento, o en paréntesis, algunos, si no todos, principios que determinan la conducta política individual y colectiva de una agrupación o partido. Ante este cuestionamiento, se procura la propuesta alternativa que obedece a la revisión de esos principios. Preguntémonos si la izquierda caviar podría proponer una propuesta alternativa que abarque a todos los sectores, y no a sus favoritos intelectualones clasemedieros. La respuesta es no. Al mismo tiempo, la confrontación ideológica a un partido (Sendero Luminoso y su ala táctica el MOVADEF), requeriría la contraposición de otro partido, igual de cohesionado y con un ideario. Preguntémonos si la izquierda, en su sentido más lato, lo tiene. La respuesta es no. Por otro lado, la confrontación ideológica implicaría desenterrar tesis como la de “que no toda contradicción implica antagonismos”, y sopesar su importancia en un contexto en el que hablar de pro soviéticos y pro pekineses sería traer a la luz tesis que la irreverencia y poserío de los intelectuales difícilmente prestarían atención porque les pesa su indolencia. Preguntémonos si la izquierda tiene entre sus, ¿cuadros?, a alguien que pueda discursear sobre estos temas. La respuesta es no. Pero, ¿por qué la izquierda no podría todas estas cosas? Porque no han practicado la disciplina que se requiere para cohesionar un partido, su desintegración en un sin número de organismos así lo demuestra. Porque en su mórbida división no han logrado hilvanar una propuesta viable, despercudida de ingenuidades, su papel al lado del actual gobierno así lo demuestra. Y porque no son un partido, sino un espectro, un mosaico de tendencias de todos los gustos y de facciones mezquinas. O en todo caso, ¿por qué la alusión a la izquierda (caviar)? Por la sencilla razón de que en el medio académico han monopolizado la oficialidad de lo que se dice en las ciencias sociales y porque cualquiera que se haya cruzado con alguno de éstos percibe que creen tener la última respuesta a los conflictos sociales que aquejan a nuestro país.

Por otro lado, no basta con soltar la generalidad de que “todos somos responsables de que re-surja esta facción llamada MOVADEF”, o de que la débil institucionalidad del país y su precaria democracia han hecho posible los extremismos, o, peor aún, porque aún el Perú profundo no ha sido reivindicado. Todo esto no está ausente de cierta verdad. Pero, como toda generalidad, no indica a los responsables. El informe de la CVR, con sus sesgos políticos, llama “conflicto interno” a lo que fue una masacre terrorista. La no verdadera inclusión de todos los peruanos, sino solo de aquellos que los organismos, y ahora como política de este gobierno, consideran como vulnerables, victimizados; cuando la inclusión o es amplia o solo recrea una nueva marginación.

Es risible que los medios indiquen que los integrantes jóvenes del MOVADEF no tienen idea de lo que ocurrió en los ochenta. Olvidan que no tiene sentido tener noticia de lo que aconteció, salvo que se retroceda el tiempo. Lo que importa  aquí es la interpretación que se haga de lo que aconteció. Y lo que cuenta para los que integran el MOVADEF es precisamente la interpretación que se hace de los hechos históricos. Solo que, para un tiempo desideologizado como el nuestro, más universidades (particulares sobre todo) que quieren entender la realidad peruana leyendo a Honneth o a Amartya Zen,  no entienden que esta interpretación se hace, además, vinculándolo con una lectura ideológica; es decir, MOVADEF tiene impacto en los jóvenes y la esfera pública, porque conecta la lectura de la historia y la actualidad con la ideología, añadiéndole la puesta en práctica de su crítica y autocrítica. Sí tienen clara noción de lo que ocurrió. Pero interpretan la muerte o el asesinato de manera muy otra a la que entendería un consecuente demócrata. Decir que no tienen idea de lo que ocurrió, es ser muy ingenuo.

Ante esto, ¿quién podría contrarrestar esta presencia del MOVADEF? Conviene decir que no se trata de pertrechar a una organización de tal modo que salga a un ring ideológico. No. De lo que se trata es de corregir, primero, una actitud demasiado misericorde con los terroristas, desde las ONG’s, las universidades, medios de comunicación, intelectuales, etc. Al mismo tiempo, es de vital importancia renovar el movimiento estudiantil bajo verdaderos principios democráticos y de justicia social, vinculándolo al movimiento popular, rural y urbano con planteamientos constructivos en defensa de sus necesidades. No basta con el diálogo, de lo que se trata es de políticas concretas, construir un nuevo liderazgo social que ayude a crear economía de bienestar en los diversos departamentos. Para ello hay que dejar de ver en el cerro al Apu, y ver más bien un capital que explotar en forma mancomunada.

Los apristas no tenemos ningún problema en discutir ideológicamente con el MOVADEF. A diferencia de los rábanos nos apoya toda una tradición, pero el problema va más allá de discutir con una secta terrorista, que declara la guerra en un contexto democrático. Nuestro horizonte es el de forjar un país con justicia social, y no solo enunciarlo como gustan los caviares. Apuntamos a un país que llegue a su bicentenario con una integración real, una integración con nivel económico, y no una integración que reivindique la parcela de los ancestros de una etnia. Esa es nuestra tarea. Los extremistas, acaso, existirán siempre, pero de momento existen porque los que han bregado por la inclusión social, la han aplicado pero solo para sus allegados: los caviares.