Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

jueves, 10 de octubre de 2013

¿Hasta cuando Qali Warma? Por Diana Cáceda

El programa emblema del gobierno, Qali Warma, ha cometido negligencia tras negligencia. Cuando el programa recién fue puesto en ejecución y se le hicieron las primeras denuncias de alimentos en mal estado que luego provocaban malestar en los niños, se dijo que se trataba de un programa nuevo y con algunos defectos por corregir. La idea se empezó a elaborar en mayo del 2012 y se puso en marcha en febrero de este año, son apenas ochos meses desde que se viene realizando el reparto de desayunos y almuerzos; sin embargo, se registran más de 100 denuncias hasta el momento. ¿Hasta cuándo se debe ‘ensayar’ con la salud de los niños para determinar que este programa  bien intencionado pero  nulo en eficiencia ha sido un fracaso?


El reemplazo del PRONAA por QaliWarma fue justificado por la entonces ministra del MIDIS Carolina Trivelli, enunciando que ante varios procesos abiertos que  tenían que ver con la entrega de alimentos en mal estado y actos de corrupción, además de los intentos fallidos de re estructuración al interior del programa en años anteriores; era necesario cambiar a un esquema totalmente diferente, en el que las compras fueran descentralizadas a través de compras locales a cargo de los padres de familia o comités de alimentación, evitando así el ‘aprovechamiento de los proveedores’. El resultado, no se superaron las deficiencias del programa anterior,  el ‘esquema descentralizado’ les ha permitido a los involucrados desentenderse de responsabilidades, tampoco está libre de corrupción, además de los  innumerables niños afectados.

¿Y ahora? Pues volvemos ‘a los alimentos no perecibles para disminuir el riesgo  de intoxicación’. Hacer de los programas sociales instrumentos políticos, cambiándoles el nombre e improvisando estrategias como si no se pudiera mejorar lo existente, es anteponer los propios intereses a los objetivos reales, en este caso  la reducción de la desnutrición crónica infantil.
Si bien es cierto la desnutrición ha venido disminuyendo, el Perú se mantiene todavía en un nivel alto comparado con el resto de países de la región como se observa en el cuadro siguiente:

Fuente: UNICEF, Estado Mundial de laInfancia 2009

La amenaza de que la reducción se podría desacelerar o en el peor de los casos de que el índice pudiera incrementarse está latente, debido a que el Sub Programa Infantil del PRONAA atendía a aproximadamente 36 mil niños de 6 a 36 meses de edad que Qali Warma ya no, grupo de edad que debería ser prioritario en un programa de asistencia alimentaria.

Un asunto de tal envergadura no puede estar sujeto a capricho del gobernante de turno, se debe buscar fortalecer las instituciones en vez de suprimirlas, estas deben contribuir en las soluciones inmediatas pero con una perspectiva a mediano y largo plazo en función de los lineamientos de desarrollo nacional. Permitir que se gobierne en función de la popularidad nos aleja de reducir la desigualdad y la mentada ‘inclusión social’ no es más que un cuento.
La desnutrición limita las capacidades físicas e intelectuales, disminuyendo drásticamente las posibilidades de una mejor calidad de  vida para los afectados, combatirla es el gran desafío, que por supuesto no se logra con mezquindad política,  exorbitantes sueldos  a funcionarios incapaces de conducir un programa o con vacilación a la hora de identificar responsables para sancionarlos. Cabe aclarar que se trata de la salud de millones de niños de los lugares más pobres de nuestro país, por si alguien decidió ignorarlo.

Diana Cáceda Guillén
Colaboradora del IIEST
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