Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

Mostrando entradas con la etiqueta catolica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta catolica. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de agosto de 2013

El discurso de Francisco. Por Agustín Haya de la Torre

Arropado por decenas de miles de jóvenes en Brasil, el papa Francisco convirtió su proximidad con la multitud en un símbolo de la nueva orientación que le quiere dar al catolicismo. La austeridad que lo lleva a dejar de lado el boato y su propia disposición a besar y abrazar a la gente, mezclándose o entrando sin aviso a las humildes moradas de las favelas, anunciaron las señales de lo que puede convertirse en una nueva época para la grey romana.

Desde su elección, Jorge Mario Bergoglio llamó la atención. Escogió un nombre que no figuraba en el registro, quizás por la humildad ejemplar del santo de Asís. Sus gestos distantes de la pomposa etiqueta vaticana, recordaron que en los cónclaves cardenalicios proponía sacar de la crisis a la Iglesia terminando con la corrupción y el lujo.

Su comportamiento no resulta fácil de clasificar a la luz de los últimos papados. No entra en el rango de la teología de la Liberación, como algunos supondrían, pero sus planteamientos remecen a la Curia.

Sus fuentes de inspiración no están fuera de la fe cristiana. Al contrario, los teólogos que comparten sus puntos de vista recuerdan al profeta Amós, un pastor de los tiempos bíblicos del judaísmo, quien ocho siglos antes de Cristo anunciaba castigos divinos, si reyes y sacerdotes vivían en la corrupción y en la riqueza sin atender la miseria del pueblo. Fue el primer profeta, con libro propio en la Biblia, que predicaba contra los ricos, por la igualdad y la justicia social.

Prédica que varios siglos después proclama otro profeta judío, llamado Jesús. Fue la característica de la nueva escisión, hasta su conversión en religión estatal cuando la adopta el emperador Constantino en el siglo IV.

Al anunciar que va a reformar el manejo del banco vaticano, convertido en paraíso fiscal por los lavadores de activos o cuando señala que él no es nadie para juzgar a los gais, pisa fuerte. Incluso su decisión de vivir en un hotel que aloja a los sacerdotes de la periferia de la Iglesia, rompe el molde. Así supera el cerco que la Curia impone a los papas y se libra del espionaje habitual en los aposentos pontificios.

Un antecesor suyo, Albino Luciani, propuso cosas muy parecidas, adhiriéndose a las reformas del Concilio Vaticano II; hasta escogió como lema “humilitas”. Murió extrañamente a los 33 días de su elección, en setiembre de 1978.

Francisco reclama una nueva teología de la mujer, que puede convertirse en toda una revolución si apunta a la igualdad de género. El catolicismo medieval puso a la hembra de la especie en un plano subordinado. La interpretación de San Agustín, inspirado en Plotino, un místico pagano y misógino del siglo III, llevó a culparla de la perdición y la carne acabó como territorio del pecado.


Su vocación por combatir la pobreza desde la solidaridad con los excluidos, su exigencia de justicia social y su revalorización de la mujer, impactarán más allá de los límites de su fe, en una sociedad preocupada por hacer realidad el tiempo de los derechos.

viernes, 14 de junio de 2013

Defendamos la autonomía. Por Agustín Haya de la Torre

La propuesta de crear una entidad que dependa del gobierno para supervisar a las universidades atenta directamente contra la autonomía universitaria consagrada en la Constitución. Sobre todo plantea una idea absolutamente equivocada al querer condicionar la producción de conocimiento desde la autoridad política
 
Es cierto que las universidades en el Perú brindan una formación que dista mucho de los niveles internacionales y por lo mismo la urgente búsqueda de una reorientación de la enseñanza marca el debate. El diagnóstico nos demuestra que condicionamientos históricos, como la falta de una sólida cultura democrática y la reciente colonización del mundo académico por el mercado, explican la situación.

La idea de una solvente comunidad universitaria nunca agradó a los regímenes autoritarios ni al poder económico. A lo largo del Siglo XX la intervención, si no la clausura, fue el signo del repudio a la inteligencia. La exacerbación de respuestas ideologizadas no ayudó a mejorar el nivel. Menos al introducir, como hizo el fujimorismo, la idea del lucro en la educación, cuyos valores e impacto cultural y social, superan largamente a la ganancia inmediata.


Contamos actualmente con casi un centenar de universidades a las que buscándolas con lupa en los rankings mundiales, apenas encontramos media docena entre el segundo y tercer millar de la clasificación. Con suerte, a partir del puesto seiscientos, a veces aparecen las dos mejores, San Marcos y la Católica.


La razón es clara, nuestra educación superior está pésimamente sustentada y peor orientada. Los criterios de las clasificadoras internacionales, que son entidades privadas o públicas autónomas, de gran prestigio y desligadas del poder político, se centran en la medición de la investigación y el conocimiento producidos. Quaqurelli Symonds (QS), The Times, la universidad Jiao Tong de Shangai, entre las más reconocidas, califican usando criterios bibliométricos, referidos a los indicadores que miden la investigación y la creación de conocimiento. Ello significa que toman en cuenta el número de libros de sus docentes, los artículos publicados en revistas indexadas, los premios Nobel o la Medalla Fields recibidos por sus profesores o egresados, la cantidad de citas que los convierte en referentes. Se mide el número de publicaciones de calidad subidas a la red, que a su vez son visitadas internacionalmente en sus respectivas áreas.

La cibermetría aplicada en serio, constituye un indicador clave de cara al futuro. Los criterios que quieren imponer desde la autoridad en el país, no fomentan la investigación y el conocimiento sino formalidades burocráticas o cuantitativas, que nos seguirán manteniendo a años luz de la sociedad del conocimiento.



Si bien la asamblea de rectores peca de burocratismo y no dedica su presupuesto a la investigación ni privilegia políticas en tal sentido, la alternativa de la intervención administrativa de funcionarios del gobierno de turno, es peor.

jueves, 9 de mayo de 2013

Javier Diez Canseco. Por Agustín Haya de la Torre

En 1968 fundamos junto con Manuel Piqueras, Francisco Verdera, Diego García Sayán y Mirko Lauer,
Vanguardia Revolucionaria, la organización que nos acogió, expresaba su novedosa heterodoxia marxista encarnada en líderes como Ricardo Napurí, de origen aprista y trotskista; Ricardo Letts, disidente del ala juvenil de Acción Popular, y Edmundo Murrugarra, que provenía de simpatías comunistas. La mezcla, en un contexto marcado por la revolución cubana, la guerra de Vietnam y el movimiento estudiantil de Mayo de 1968, la diferenció de las vertientes del comunismo ortodoxo. Generó un movimiento fresco en su voluntarismo romántico, iconoclasta, libre de ataduras internacionales, que imaginaba y pensaba sin dogmas.

VR enfiló su acción contra la dictadura militar que sometió al país durante doce largos años. Discutimos y actuamos sin descanso en el desmoronamiento del régimen oligárquico y feudal que los militares nacionalistas provocaron. Lo que no consiguió fue mantener la unidad y empezó la división, proceso que solo revirtió con la formación de la Unidad Democrática Popular. Ello permitió a las diversas facciones de VR y el MIR participar en las elecciones de 1978 y 1980, para luego formar el Partido Unificado Mariateguista.

La recuperación de la vida constitucional llevó a la generación radical a descubrir la democracia. La coalición de las izquierdas entre los partidos comunistas, el velasquismo socialista y grupos social cristianos, amalgamó a los núcleos de VR y el MIR en la Izquierda Unida.

Desde su fundación en setiembre de 1980 y bajo el liderazgo de Alfonso Barrantes, de formación aprista y breve militancia comunista, la IU logró convertirse en una de las fuerzas políticas más importantes en la década de los ochenta. Alcanzó una fuerte presencia parlamentaria, gobernó varias de las ciudades más importantes del país y ganó la mitad de los gobiernos regionales.


No superó las diferencias ideológicas y presionada por la crisis y el terrorismo, terminó por romperse en 1989. El colapso del comunismo soviético hizo añicos el paradigma de las “democracias populares” y la derrota de las dos izquierdas en 1990 marcó el camino de la decadencia. Todavía en un esfuerzo postrero con Patria Roja, el PCP y el PUM, reinscribimos a la IU para las elecciones de 1995, pero ya gran parte de la antigua militancia gobernaba con Alberto Fujimori o participaba en la UPP.

Javier Diez Canseco protagonizó, generoso y vital, todo este intenso periodo, como secretario general de VR, del PUM y titular del comité directivo de la IU. Su actividad parlamentaria que inauguró en 1978, solo terminó con su muerte. Su impronta lo convirtió en un tribuno del pueblo, militante de la justicia y la igualdad
entre otros, el Frente Revolucionario de Estudiantes Socialistas en la Universidad Católica. Iniciamos una andadura en la izquierda radical que compartimos en las aulas, en la movilización social, en el Parlamento y en la lucha contra las dictaduras.

viernes, 17 de agosto de 2012

Paradojas Católicas. Por Agustín Haya de la Torre

La vehemencia del Vaticano por adueñarse de la Universidad Católica y de sus bienes puede acabar por favorecerla. Para empezar, al intentar quitarle los títulos eclesiásticos de Pontificia y Católica, le estaría dejando el notable nombre de Universidad del Perú, repitiendo así el fenómeno de las viejas universidades medievales, cuyas nominaciones de pontificias y reales se desvanecieron en la historia mientras su prestigio crecía.

El debate tiene rasgos tan retrógrados por parte de los papistas, que da la impresión de que hemos vuelto a la querella de las investiduras y a los pleitos de güelfos y gibelinos. Hay desde los que truenan por imponer un improbable derecho canónico como en tiempos de la Colonia, hasta los que arguyen temerosos supuestas violaciones del derecho internacional y nos hacen sentir a punto de ser invadidos por la Guardia Suiza.
En este contexto quien está volviendo a la palestra es nada menos que don José de la Riva Agüero y Osma, Marqués de Montealegre y Aulestia. Este notable intelectual fue miembro de la generación arielista, a la que pertenecieron Francisco y Ventura García Calderón, Víctor Andrés Belaunde, Oscar Miró Quesada y José Gálvez Barrenechea. Luis Alberto Sánchez los llamó los “conservadores progresistas” por su ilustración, su amor al Perú y su vocación por estar al tanto del pensamiento de su época.

Riva Agüero fue el más intenso, apasionado y voluble de los miembros de esa hornada. Partidario radical de Manuel González Prada en su juventud, fue luego un liberal de polendas. Al final del gobierno de Leguía viajó a Italia y retornó católico, fascista y noble. Tanto que acabó de ministro de Sánchez Cerro. Si alguna constante hubo en su trayectoria fue una marcada sospecha del carácter acomodaticio de la jerarquía eclesiástica, siempre gobiernista.

Quizás ello explique porqué dejó sus bienes, primero a San Marcos y luego a la Católica, pues no a la Iglesia, que se quedó sin el ambicionado Fundo Pando. Por eso los abogados del reino de los cielos hacen malabares en un cabello de ángel para demostrar la propiedad vaticana de la Universidad, por encima de las leyes peruanas.

Otra paradoja interesante es que la disputa por la ahora próspera propiedad inmobiliaria ha estado aletargada por años. Se reaviva por razones crematísticas pero también ideológicas. Mientras la dirección estuvo en una línea conservadora, no había problema y esto coincidía con el bajo precio del metro cuadrado de la heredad.

Los rectorados progresistas de Salomón Lerner y Marcial Rubio, además del impulso académico, coinciden con el auge económico y el nombramiento de un cardenal del Opus Dei. Es decir el más rancio espíritu de los banqueros de Dios se apropia entonces de la Iglesia en el Perú.
Es otro espíritu, el de Riva Agüero, que luego de estar en el gobierno acabó desilusionado de la politiquería, el que prefirió siempre a la universidad por encima del oficialismo perpetuo de la curia.

jueves, 1 de marzo de 2012

Tribuna Libre - Católica y Plural. Por Agustín Haya de la Torre


El pleito de la Universidad Católica del Perú con el Vaticano pone de relieve las diferentes formas de comprender el catolicismo en la propia Iglesia. El conflicto ha ido escalando desde 1990 con el documento ExCorde Ecclesiae, mediante el cual Roma intenta renovar la sujeción de sus centros académicos a la disciplina teológica.

El conflicto actual no se puede entender sin tomar en cuenta la evolución de las tendencias. La Católica se funda como una reacción de los sectores tradicionales ante el positivismo imperante en San Marcos, que pese a ser entonces elitista, tenía ciertos resquicios que dejaban entrar aires intelectuales distintos a la verdad eclesiástica. Durante casi medio siglo la nueva universidad, la única particular, fue el baluarte de una formación profesional conservadora y oligárquica.

Las cosas empezaron a cambiar, entre otras razones, por el surgimiento de una corriente social cristiana progresista y de avanzada, que le daba a su fe una orientación política. Esta fuerza con sus propios matices y divergencias, se consolidó, extendiendo un fenómeno visible en otras universidades católicas de Europa y América Latina.

En los sesenta el cLima ya era distinto. El espíritu de la casa, al estilo de José de la Riva Agüero, parecía un fantasma fuera de forma. Las juventudes democristianas hacían política sin rubor, alentadas por catedráticos que tuvieron el mérito de mantener un alto nivel académico. La convivencia con diversas posiciones y la poderosa influencia de teologías liberadoras, la sacaron del aislamiento, la acercaron a la realidad y la volvieron plural.

Un inteligente rector, Felipe Mac Gregor, jesuita de firmes convicciones, supo modular el proceso. Hasta se enfrentó con sagacidad a una larga dictadura militar que menospreciaba la vida universitaria.

Un factor decisivo en el nuevo Lima lo produjo el aggiornamiento impulsado por Juan XXIII desde el corazón de la iglesia romana. El papa Ángelo Roncalli elegido en su ancianidad como un pontífice de transición, acabó haciendo una revolución. Impuso normas de austeridad, combatió el lujo, se preocupó de los bajos salarios de los trabajadores de su pequeño estado, modernizó la liturgia. Publicó encíclicas que marcaron época y convocó al Concilio Vaticano II que puso a la Iglesia al día con el siglo XX.

El cuadro se completa con la actitud de otro importante dignatario, el cardenal Juan Landázuri Ricketts, hombre de espíritu conciliador y tolerante, que no se alteró porque la universidad admitiese la diversidad.

Esta Universidad, que de alguna manera es el resultado de la apertura y la renovación que impulsaron el Papa bueno y las corrientes democristianas, es lo que ahora quieren derogar. Los ánimos inquisitoriales han vuelto con fuerza y pretenden desalojar a notables académicos católicos, que sin abandonar un milímetro de su fe, creen que La Libertad, la democracia y el estado laico, son lo mejor para todos

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Conflicto Cipriani - Rubio: ¡Los estudiantes decidimos! Por José Pimentel

Luego del plantón en la Católica, José Pimentel se tomó unas chelas y escribió para la sopa.



EL pasado 23 de setiembre la comunidad universitaria de la PUCP manifestó su disconformidad con respecto al proceso civil que enfrenta  esta universidad contra la imposición del cardenal Juan Luis Cipriani. Esta manifestación, que convoco  aproximadamente a 3000 estudiantes, significó un logro de la comunidad universitaria que exigen una educación laica y sin fines de lucro, respondiendo a la última comunicación de la Santa Sede planteando que la universidad sea administrada por un rector elegido a dedo por la autoridad eclesiástica de turno (ex corde ecclesiae), lo cual no está consentido en ninguna ley universitaria ni está de acuerdo con los derechos estudiantiles que vienen siendo defendidos históricamente por el movimiento universitario.

Antes de este intento de imposición  ya se había llamado a tener una posición equidistante respecto a los intereses del actual rectorado y el cardenal Cipriani. Hasta antes de esto, Cipriani y Marcial eran lo mismo; pero esta situación ha cambiado y ya no cabe dudas de quien por el momento cual es el enemigo mayor.

Pero esta no es toda la historia. Curiosamente, esta reacción estudiantil ha coincidido con los primeros intentos del movimiento universitario de la PUCP de plantear una posición unificada frente a una cúpula de disque católicos que lucran con las boletas y mueven a los estudiantes para defender sus intereses pero no los respetan a la hora de cobrar más a los que tienen menos. En una universidad donde no hay ningún control, donde nadie tiene que decir respecto a la calidad de la educación, donde todos asumen que los jefes de prácticas son las personas idóneas y no solamente amigos de profesores, donde se gasta en excentricidades y los centros federados son letra muerta, la autonomía que reclamamos los estudiantes pecaría de poca visión y desinterés.

Así que saludo la movilización de la que fuimos parte alumnos, ex alumnos, trabajadores, cristianos, ateos, socialistas, apristas, ppkausas y hasta los venados.  A la PUCP nadie nos la quita, pero para una mejor universidad y no para mantener el status quo.

¡No a la imposición!

¡No a la argolla!

¡Sí a la organización de los estudiantes más allá del simple rechazo a un cura por el cual los católicos no han votado!  

¡Sí a la unidad estudiantil por una nueva Reforma Universitaria con un cogobierno efectivo, transparencia en el gasto, evaluación continua del personal, solidaridad con los trabajadores, y verdadera representación estudiantil!

José Pimentel
CUA PUCP