Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

jueves, 9 de mayo de 2013

Javier Diez Canseco. Por Agustín Haya de la Torre

En 1968 fundamos junto con Manuel Piqueras, Francisco Verdera, Diego García Sayán y Mirko Lauer,
Vanguardia Revolucionaria, la organización que nos acogió, expresaba su novedosa heterodoxia marxista encarnada en líderes como Ricardo Napurí, de origen aprista y trotskista; Ricardo Letts, disidente del ala juvenil de Acción Popular, y Edmundo Murrugarra, que provenía de simpatías comunistas. La mezcla, en un contexto marcado por la revolución cubana, la guerra de Vietnam y el movimiento estudiantil de Mayo de 1968, la diferenció de las vertientes del comunismo ortodoxo. Generó un movimiento fresco en su voluntarismo romántico, iconoclasta, libre de ataduras internacionales, que imaginaba y pensaba sin dogmas.

VR enfiló su acción contra la dictadura militar que sometió al país durante doce largos años. Discutimos y actuamos sin descanso en el desmoronamiento del régimen oligárquico y feudal que los militares nacionalistas provocaron. Lo que no consiguió fue mantener la unidad y empezó la división, proceso que solo revirtió con la formación de la Unidad Democrática Popular. Ello permitió a las diversas facciones de VR y el MIR participar en las elecciones de 1978 y 1980, para luego formar el Partido Unificado Mariateguista.

La recuperación de la vida constitucional llevó a la generación radical a descubrir la democracia. La coalición de las izquierdas entre los partidos comunistas, el velasquismo socialista y grupos social cristianos, amalgamó a los núcleos de VR y el MIR en la Izquierda Unida.

Desde su fundación en setiembre de 1980 y bajo el liderazgo de Alfonso Barrantes, de formación aprista y breve militancia comunista, la IU logró convertirse en una de las fuerzas políticas más importantes en la década de los ochenta. Alcanzó una fuerte presencia parlamentaria, gobernó varias de las ciudades más importantes del país y ganó la mitad de los gobiernos regionales.


No superó las diferencias ideológicas y presionada por la crisis y el terrorismo, terminó por romperse en 1989. El colapso del comunismo soviético hizo añicos el paradigma de las “democracias populares” y la derrota de las dos izquierdas en 1990 marcó el camino de la decadencia. Todavía en un esfuerzo postrero con Patria Roja, el PCP y el PUM, reinscribimos a la IU para las elecciones de 1995, pero ya gran parte de la antigua militancia gobernaba con Alberto Fujimori o participaba en la UPP.

Javier Diez Canseco protagonizó, generoso y vital, todo este intenso periodo, como secretario general de VR, del PUM y titular del comité directivo de la IU. Su actividad parlamentaria que inauguró en 1978, solo terminó con su muerte. Su impronta lo convirtió en un tribuno del pueblo, militante de la justicia y la igualdad
entre otros, el Frente Revolucionario de Estudiantes Socialistas en la Universidad Católica. Iniciamos una andadura en la izquierda radical que compartimos en las aulas, en la movilización social, en el Parlamento y en la lucha contra las dictaduras.