Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

viernes, 14 de junio de 2013

Defendamos la autonomía. Por Agustín Haya de la Torre

La propuesta de crear una entidad que dependa del gobierno para supervisar a las universidades atenta directamente contra la autonomía universitaria consagrada en la Constitución. Sobre todo plantea una idea absolutamente equivocada al querer condicionar la producción de conocimiento desde la autoridad política
 
Es cierto que las universidades en el Perú brindan una formación que dista mucho de los niveles internacionales y por lo mismo la urgente búsqueda de una reorientación de la enseñanza marca el debate. El diagnóstico nos demuestra que condicionamientos históricos, como la falta de una sólida cultura democrática y la reciente colonización del mundo académico por el mercado, explican la situación.

La idea de una solvente comunidad universitaria nunca agradó a los regímenes autoritarios ni al poder económico. A lo largo del Siglo XX la intervención, si no la clausura, fue el signo del repudio a la inteligencia. La exacerbación de respuestas ideologizadas no ayudó a mejorar el nivel. Menos al introducir, como hizo el fujimorismo, la idea del lucro en la educación, cuyos valores e impacto cultural y social, superan largamente a la ganancia inmediata.


Contamos actualmente con casi un centenar de universidades a las que buscándolas con lupa en los rankings mundiales, apenas encontramos media docena entre el segundo y tercer millar de la clasificación. Con suerte, a partir del puesto seiscientos, a veces aparecen las dos mejores, San Marcos y la Católica.


La razón es clara, nuestra educación superior está pésimamente sustentada y peor orientada. Los criterios de las clasificadoras internacionales, que son entidades privadas o públicas autónomas, de gran prestigio y desligadas del poder político, se centran en la medición de la investigación y el conocimiento producidos. Quaqurelli Symonds (QS), The Times, la universidad Jiao Tong de Shangai, entre las más reconocidas, califican usando criterios bibliométricos, referidos a los indicadores que miden la investigación y la creación de conocimiento. Ello significa que toman en cuenta el número de libros de sus docentes, los artículos publicados en revistas indexadas, los premios Nobel o la Medalla Fields recibidos por sus profesores o egresados, la cantidad de citas que los convierte en referentes. Se mide el número de publicaciones de calidad subidas a la red, que a su vez son visitadas internacionalmente en sus respectivas áreas.

La cibermetría aplicada en serio, constituye un indicador clave de cara al futuro. Los criterios que quieren imponer desde la autoridad en el país, no fomentan la investigación y el conocimiento sino formalidades burocráticas o cuantitativas, que nos seguirán manteniendo a años luz de la sociedad del conocimiento.



Si bien la asamblea de rectores peca de burocratismo y no dedica su presupuesto a la investigación ni privilegia políticas en tal sentido, la alternativa de la intervención administrativa de funcionarios del gobierno de turno, es peor.