Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

lunes, 9 de mayo de 2011

Sobre los desafíos del aprismo en el siglo XXI

                                                                                                          Por: Ricardo Ramírez Moreno
  
                                                                               PARTE I

ALGUNOS APUNTES SOBRE EL APRISMO POST HAYA, UN ERROR DE ENFOQUE FATAL Y LA PROPUESTA RENOVADORA DEL JEFE

Con ocasión de las últimos resultados electorales, se ha evidenciado la necesidad perentoria de plantearnos cuáles son los desafíos que enfrenta nuestra organización partidaria ante los cambios del sistema social que empiezan a caracterizar a este nuevo siglo, proceso que dota al mundo de nuevas formas de convivencia y estilos de vida intrínsecamente relacionados con los avances  de la  tecnología, así como genera nuevas formas de interacción social. Asimismoo, afecta las nociones tradicionales de gobierno, relaciones inter empresariales, familia, sociabilidad, etc., determinando un cambio de paradigmas.

Este  proceso se basa, fundamentalmente, en  la consolidación  de un sistema económico globalizado, por la democratización de la información y del conocimiento a través del internet, por una  nueva visión de la  educación, que es revalorada como fuente esencial del desarrollo y la riqueza, por la difusión y creciente consolidación en las sociedades más alejadas de los conceptos de libertades y ciudadanía, etc.

Asimismo representa un conjunto de experiencias, creencias y estilos de vida que afectan la forma en que un individuo percibe la realidad y la forma como este responde a esa percepción.

Ahora bien, la militancia, los dirigentes distritales, provinciales y nacionales de los últimos treinta años, no hemos hecho un acto de reflexión sobre este proceso mundial, que es posterior al deceso del fundador del aprismo, Víctor Raúl Haya de la Torre, perdiéndonos en el péndulo inacabable de una cultura de comité, encerrándonos en cuatro paredes y de espaldas a la realidad.

Prueba de ello son los resultados obtenidos en las últimas siete elecciones presidenciales, que demuestran que si no fuera por la magnitud del liderazgo de nuestro Presidente Alan García, el protagonismo de nuestro partido hubiera sido casi insignificante.

En el año 1980,  nuestro candidato presidencial, Armando Villanueva del Campo logro 1’ 087,190 votos, que representaban el 28% de los votos validos (ver cuadro 1).  


cuadro 1

El eje principal de la propuesta de Armando se enfocaba en el retorno del APRA a sus consignas primigenias, expresadas en el programa máximo de cinco puntos enunciados en 1926, y reivindicaba el discurso doctrinario de Haya de la Torre enunciado en su libro “El Antiimperialismo y el APRA”. Cabe precisar que en las internas, Armando Villanueva del Campo compitió contra  Andrés Townsend Ezcurra quien reivindicaba el legado del jefe aprista expuesto en su obra “30 años de aprismo”, en la que se desarrolla la tesis del “Interamericanismo democrático sin imperio” formulada en 1942 e incorporada como sexto punto del programa máximo por iniciativa de Ramiro Prialé en el III Congreso del PAP de 1957.
  
La derrota electoral de 1980 trajo consigo el surgimiento de un liderazgo nuevo, el del Presidente Alan García, quien despertó en las masas apristas y no apristas la esperanza de un futuro diferente, haciendo creíble la idea de que el aprismo representaba efectivamente un compromiso con todos los peruanos. Se impuso la paloma blanca y se cantaban el Himno Nacional y el vals “Mi Perú”. Por primera vez, en casi 50 años de aprismo y habiendo sido arrebatado al partido en dos oportunidades el acceso al gobierno, se sentía que el triunfo ya no era tan sólo el de un tercio histórico, sino una fuerza imparable de envergadura nacional. Alan García Pérez logró un triunfo abrumador, obtuvo 3’452,111 votos, que representaba el 53% de los votos efectivos (ver cuadro 2).
cuadro 2

El gran mérito del gobierno de Alan García fue apuntalar la fe en la democracia, empequeñeciendo el temor propiciado por los grupos terroristas. Sin embargo, en aquel entonces hubo un gran error de enfoque de nuestra dirigencia, incluyendo al Presidente, los cuales creyeron en un modelo que fue cuestionado por VRHT y que era una continuación del modelo del gobierno velasquista, que deba prioridad al proteccionismo económico, al “embalse” de precios, a los subsidios y, sobre todo, a una costosa actividad empresarial del Estado, sin percatarse de la creciente decadencia de los modelos estatistas, de la inminente caída del Muro de Berlín y de todo el sistema soviético, de la ambivalencia del imperialismo que permitía negociar en pie de igualdad las inversiones y, menos aún, sin entender a plenitud ni impulsar el Interamericanismo democrático sin imperio.
Se olvidaron que la esencia de nuestra doctrina es al mismo tiempo dialéctica y relativista, que creemos en los cambios con un carácter progresivo, en democracia, y que consideramos los avances tecnológicos y productivos un bien fundamental que nos obliga a considerar la ambivalencia  del capitalismo a favor del desarrollo de los pueblos. Este enfoque erróneo del período 1985-1990 llevó al gobierno al fracaso, y aisló al país del mundo, retrasando la gran transformación hacia la justicia social. Hasta hoy es casi un tabú reconocer aquello y hacer un mea culpa sincero.
Sin embargo, el PAP logró en las elecciones presidenciales de 1990 una buena votación. Tuvo 1’494,231 votos que representaba el 22.5% de los votos válidos. Y digo PAP porque hasta ese momento nuestra organización aun mantenía cierta sintonía con una parte de la población (ver Cuadro 3).
Ante el surgimiento de una derecha agresiva, detrás de la candidatura del escritor Mario Vargas Llosa, el Partido Aprista, no obstante sus errores, mantenía una importante posición como organización con liderazgo social, lo cual permitió obtener un decoroso porcentaje electoral al candidato aprista Luis Alva Castro.
cuadro 3

Luego, en la década de los 90, especialmente después del autogolpe fujimorista y del intento de eliminar a nuestro líder, quien tuvo que asilarse en Colombia y ausentarse del país por 10 años, ocurrió el desprestigio de nuestra clase política y del sistema de partidos, que no supo reinventarse y que no sintonizaba con los cambios que se estaban dando a nivel mundial. El discurso práctico y sencillo del fujimorato, que combinó arbitrariedad, corrupción y fácil acomodo con la moda neoliberal internacional, hizo que nuestra organización partidaria se fuera desvaneciendo lentamente, transformándose en una simple y banal maquinaria electoral. Pudimos ser el principal y más acreditado movimiento opositor al fujimorismo pero no lo fuimos. No estuvimos a la altura de ese desafío, nos paralizamos a la espera del retorno de Alan García.
Un ejemplo claro de esta situación ocurrió en 1995, cuando fue candidata Mercedes Cabanillas y por primera vez en nuestra historia quedamos con el 4% de los votos y perdimos la inscripción electoral. Se lograron apenas 297,327 votos de 12 millones aproximadamente (ver cuadro 4).

cuadro 4
 Este resultado ya evidenciaba el decaimiento de nuestra organización partidaria como institución que articula las esperanzas y las aspiraciones de la población, y la dirigencia sólo atinó a la sobrevivencia.
Hubo esfuerzos asilados de reflexión sobre algunos aspectos partidarios, tanto doctrinarios como de organización, sin embargo hubo incomprensión hacia quienes querían impulsar un nuevo enfoque. Prevaleció un perjudicial culto pasatista y dogmático al recuerdo de Víctor Raúl, contradictorio con el pensamiento siempre abierto a la renovación y la modernidad que caracterizó a nuestro jefe y fundador. El partido no sólo estaba auto marginándose de la política real, perdiendo presencia entre las grandes mayorías, sino también perdiendo sintonía con el desarrollo del acontecer político mundial, al no percibir los nuevos elementos que fueron abriendo camino al fenómeno actual de la globalización y la revolución cibernética.
Como parte de esta situación, en las elecciones del año 2000, nuestro candidato a la presidencia Abel Salinas obtuvo aproximadamente el 1% de la votación nacional, es decir 153,319 votos de 14’567,468 electores (ver cuadro 5).
  

cuadro 5
Esta derrota abrumadora de la organización partidaria pasó desapercibida para los propios apristas, gracias a la inestabilidad del gobierno  fujimorista y su posterior caída. Sin embargo, el resultado negativo puede comprobarse en el pequeño rol que tuvo el aprismo en la protesta democrática contra el reeleccionismo de Fujimori y en la prominencia de otros grupos y personalidades cuando el corrupto gobernante se vino a pique. El PAP no se mostró ni como el más importante ni como el más activo opositor al fujimorismo. Peor  aún, el PAP tuvo un gran revés, al comprobarse que uno de sus más prominentes líderes, fue  parte de un VLADIVIDEO filmado por el  siniestro “poder detrás del trono”, Vladimiro Montesinos. Y existe la fuerte sospecha que no  actuó solo, sino en cumplimiento de una orden  de la cúpula y que inclusive era de conocimiento del CEN de ese entonces, y que se sacrificó a  este líder para la sobrevivencia de la misma, sancionándolo severamente y estigmatizándolo desde dentro y fuera del PAP, situación que aun no ha sido esclarecida.
Antes continuar este repaso histórico debo precisar y reclamar a los que hoy anuncian, a los cuatro vientos, que la reivindicación del aprismo pasa por retornar a las ideas primigenias del “joven Haya” de 1924, 1926 o 1928, antes de la fundación del Partido Aprista Peruano, que hay un solo Haya de la Torre, en continua evolución, defensor de la democracia y de la modernidad, impulsor de la unidad continental sin extremismos ni estatismos, partidario de la coordinación constructiva con los países desarrollados, irreconciliable con los totalitarios de derecha o de izquierda, que pronto superó dialécticamente cualquier cercanía a las consignas de cuño comunista, como lo expresó en sus libros “Política aprista” (1932), “A dónde va Indoamérica” (1935), “La defensa continental (1942), “Y después de la guerra, ¿qué?” (1946), “Espacio-tiempo histórico” (1948), “Treinta años de aprismo” (1955) y “Toynbee frente a los panoramas de la historia” (1956).
Cumplidas tres décadas de la muerte de Haya de la Torre, muchos aún no comprenden la esencia de su gran mensaje renovador, lo que conduce a tener un partido desorientado ideológicamente y que no cuenta con el apoyo popular, peor aún, con un estilo comunicativo y un discurso aferrados al pasado y que no sintoniza con la población. Tales puristas anacrónicos defienden el programa máximo de cinco puntos de 1926, sin reflexionar sobre la nueva realidad actual, como sí lo hizo Haya desde 1931 hasta sus últimos años, enseñando la importancia de considerar la unidad de América Latina en un contexto más global, incluyendo el  “Interamericanismo democrático sin imperio”; explicando el verdadero significado de la consigna “pan con libertad”, que significa “quitar riqueza al que la tiene sino crear riqueza para el que no la tiene”, como fundamentó en su memorable “Discurso del reencuentro” de 1945; defendiendo que el verdadero antiimperialismo no es poner barreras a la comunicación y la captación del progreso tecnológico de los países poderosos sino condicionar sus inversiones con criterio constructivo, bajo una democracia siempre fortalecida, ampliada y perfeccionada en su sentido social.
Es importante resaltar la vocación dialéctica-relativista de VRHT, pues siempre tuvo una visión de la historia como un eterno devenir de nuevas realidades, las cuales debían ser estudiadas y consideradas políticamente según su tiempo y su espacio geoeconómico.
No perdamos de vista los aportes doctrinarios y el método que VRHT nos legó con “Treinta años de aprismo” y “Espacio-tiempo histórico”.
VRHT observó que la historia universal, a semejanza de la física espacial, muestra campos gravitacionales donde diversas naciones y grupos humanos tienden a atraerse y formar conglomerados cada vez más amplios. Tal es el caso de América Latina como pueblo-continente, que comprende un conjunto diverso y complejo de países en un mismo espacio y con una tendencia a buscar ahondar sus vínculos. Sin embargo, no obstante compartir un mismo espacio, los pueblos comprendidos pueden pertenecer a distintos tiempos, es decir, distintos grados de desarrollo cultural y social, como también ocurre en América Latina. A la inversa, podemos coincidir en el tiempo histórico de evolución con otros pueblos que no pertenecen a nuestro mismo espacio y son bastante lejanos.
En la época de los incas, por ejemplo, los antiguos peruanos compartían un mismo grado de evolución con los aztecas, cuyo espacio era bastante distante y ajeno al nuestro entonces; a su vez, los incas tenían grandes diferencias evolutivas con los cercanos pueblos amazónicos, con quienes guerreaban frecuentemente. La tendencia de la historia, nuevamente a semejanza de la física espacial, apunta hacia acortar las distancias y los tiempos. La humanidad quiere vencer las distancias espaciales y también las distancias temporales mediante la comunicación, el intercambio y la difusión de la cultura. Todo movimiento cultural, social o político que facilita el acercamiento espacial y la aceleración del desarrollo mediante el intercambio de experiencias es positivo y progresivo para la historia. Todo movimiento cultural, social o político que pone barreras a la comunicación y ahonda las diferencias de espacio-tiempo es retardatario.
El comunismo que imponía el muro de Berlín y encerraba en un hermetismo cultural a los países de su órbita; el fundamentalismo musulmán que impide por la fuerza el contacto con la cultura occidental y proclama la “guerra santa” contra ella; y los nacionalismos radicales y estrechos que pretenden aislar con sistemas estatistas obsoletos a países en vías de desarrollo que requieren de la tecnología y la dinámica empresarial de los países desarrollados, son típicos ejemplos de esta actitud reaccionaria, que trae consigo de manera intrínseca el rechazo de la democracia.
A nivel de cada pueblo-continente y, dentro de él, a nivel de cada nación y cada provincia y circunscripción, nos toca analizar con realismo las diferentes combinaciones de desigualdades de espacio y de tiempo que afectan nuestro proceso de desarrollo. La historia particular de cada pueblo pertenece a una visión también particular sobre los mismos, determinada por sus características geográficas  y económicas, dando como resultado un conjunto diferenciado de velocidades de desarrollo social y económico que forman un sistema. Por ello VR afirma que el espacio-histórico y el tiempo-histórico forman una unidad dialéctica que nos permite entender con mayor profundidad el proceso histórico de los pueblos.
Haya de la Torre nos dice que no hay una sola historia universal sino un sistema de “universos”, cada cual con su propio desarrollo (económico, político, cultural, científico), con encuentros y desencuentros con otros “universos” que viven procesos diferentes. De este modo, es distinto el desarrollo de Norteamérica, distinto el de Indoamérica y todavía más distinto el de Asia, porque cada uno tiene sus propias condiciones tecnológicas, científicas y culturales, y diferentes escenarios de desarrollo y de necesidades generadas. Por tanto también son diferentes sus respectivas soluciones.
Entonces, ¿qué nos quiso decir VRHT respecto a nuestra tarea histórica, como partido, como  ideología, como pensamiento social?
Para ello debemos comprender que existen nuevos escenarios políticos sociales y que estos se expanden y obligan a tener nuevos ángulos de observación de nuestra historia, y como gran partido no podemos estancarnos en determinadas ópticas o paradigmas. Nuestro gran maestro nos enseñó que el movimiento universal tiene varias velocidades y varios caminos. Todo se mueve, todo deviene, pero no por un misma y sola ruta, ni con un mismo y sincrónico movimiento. Por tanto no podemos aplicar las ideas y las propuestas esgrimidas en un tiempo determinado, desarrolladas en circunstancias mundiales específicas,  ni tampoco  aplicar soluciones y formulas  importadas de otras realidades. Pero sí, y esto nos ratifica la grandeza de VRHT, nos enseñó un norte y una brújula para el futuro. Ese norte es la noción de justicia social, entendida como Pan con Libertad, derrotero inamovible que trasciende al tiempo y espacio históricos. Y la brújula es su método dialéctico-relativista de interpretación de la realidad.  Por eso siempre su pensamiento estuvo caracterizado por determinar que la relación entre dos cursos históricos que se unen en algún punto de la historia cambia el devenir de las sociedades mas no su pasado.
Debemos entender la justicia social y el desarrollo con Pan y Libertad como la inclusión de hombres y mujeres en el proceso de desarrollo, en equidad de condiciones y de oportunidades. Es decir, justicia social es agua para todos, luz para todos, educación para todos, es salud para todos, etc. El desarrollo con Pan y Libertad representa la reafirmación de las libertades sociales, económicas y políticas como derechos  fundamentales e inalienables de la persona, indispensables para la vida en sociedad. Libertades que sólo se pueden dar a plenitud cuando no exista la pobreza. Por lo tanto, la persona es verdaderamente libre si y solo si contamos con un escenario en el que ya no exista  hambre y ni sed  tanto materiales como espirituales. En el caso de que puedan cubrirse  las necesidades  básicas, si estas no se dan en libertad, no habrá desarrollo ni calidad de vida, por lo tanto no se puede dar libertad sin pan ni pan sin libertad.
La propuesta histórica de VRHT es  tener una conciencia de nuestra propia historia en sintonía  de los nuevos tiempos e interpretarla desde su propia realidad.
Entendiendo esto, recién podemos analizar estos  últimos diez años, que empiezan con el retorno de Alan García Pérez al país y a la política nacional, lo cual significó el relanzamiento del aprismo en la escena nacional.
En el año 2001, nuestro líder Alan García Pérez, llegó al Perú con un discurso que reivindicó la lucha contra las grandes injusticias, sobre todo aquellas provenientes del extremismo neoliberal de la economía y de las políticas sociales clientelistas del gobierno de Alberto Fujimori. Después de 10 años de ausencia, su voz fue ampliamente escuchada en las plazas del país y en los medios de comunicación. 
El discurso del Presidente era diferente, y proponía una nueva forma de enfocar los problemas del país. La eliminación de la explotación de los “services”, el respeto de las ocho horas y el reconocimiento de las horas extras, el proceso de  descentralización, la reforma educativa, el retorno del banco agrario, etc. En esas elecciones Alan García Pérez obtuvo 2’732,857 votos de aproximadamente 15 millones de electores en primera vuelta, lo que representó el 26% de los votos validos (ver cuadro 6).
A pesar de la campaña denigratoria de grupos como el Frente Independiente Moralizador, del recuerdo de los errores del primer gobierno aprista y de los lastimosos resultados del PAP en los últimos diez años, Alan García logró obtener casi 5 millones de votos en segunda vuelta en ese año.

cuadro 6

Para el año 2006 se preparó una mejor campaña con el entusiasmo de muchos amigos y compañeros. Muchos viajamos con muy pocos recursos al sur del país, durante meses, en mi caso a la ciudad del Cusco durante 5 meses. Se organizaron Jornadas Nacionales de Trabajo de Campaña desde el año 2005, se hicieron campañas médicas a nivel nacional, se creó el voluntariado de profesionales y  jóvenes, asimismo la célula Jóvenes con Alan, la propaganda viva en los puentes, avenidas y calles de Lima, etc.

Y cuando nadie apostaba por el triunfo de Alan García, pues en el mes de febrero del 2006 sólo se contaba con el 13% de intención de voto, frente al 27% de Lourdes Flores y 20% de Ollanta Humala (fuente: Ipsos Apoyo, 13 de febrero 2006), una vez más nuestro Presidente  demostró  su gran capacidad de interpretación social y política, mas sus habilidades comunicacionales,  elaboró un discurso con  planteamientos que sintonizaron con las necesidades de la población. Así para la encuesta de Ipsos Apoyo del 02 de abril de ese año, Lourdes Flores obtenía el 23%, Alan García el 21% y Ollanta Humala el 28%.

En las elecciones presidenciales Alan García Pérez obtuvo 2’985,858 votos de aproximadamente 16.5 millones de electores en primera vuelta, lo que representó el 24.3% de los votos válidos (ver cuadro 7), pasando a la segunda vuelta y logrando finalmente la Presidencia de la Republica por segunda vez con el 53% de los votos válidos.

cuadro 7

Muchos analistas se preguntaron entonces, como nosotros nos preguntamos ahora, ¿fue el PAP y su organización la que casi llevó al triunfo a Alan García en el 2001 y al triunfo del 2006 o fue la figura misma y la calidad política del liderazgo de Alan García?

Para responder esta  pregunta, debo  precisar que el APRA es la suma de personajes, planteamientos, ideología, doctrina e historia de grandes líderes, incluyendo mártires. Durante 55 años VRHT fue el líder indiscutible del partido, al cual dedicó su vida y su obra. Después de su muerte  debemos también reconocer, que la conducción del aprismo se definió por la magnitud del liderazgo de Alan García Pérez, quien a sus 35 años dio un impulso tremendo a la vida de nuestra institución.

Sin embargo, como antes lo hemos  expresado,  fuimos víctimas de un gran error de enfoque de nuestra propia ideología, y negamos el mensaje y la advertencia que el mismo VRHT expresaba en sus últimos años, de no caer en el estancamiento ideológico, no repetir errores ajenos, no caer en esquematismos y copias mecánicas de recetas para otro espacio-tiempo y no suponer que las soluciones del Perú estaban ya definidas con lo que él había desarrollado durante su vida.

 Así mientras nuestro aparato partidario se fue diluyendo ante la ineptitud y falta de voluntad de cambio de todos sus militantes, ante la  torpe espera de la directiva o la orden del dirigente y ante la  ausencia de mentes brillantes y figuras descollantes, nuestro líder avanzó y cambió de  enfoque. Y ahora más que nunca debemos reflexionar este tema.

Así Alan García nos trajo en su evolución un nuevo discurso y una interpretación de la realidad que sintonizaron con la población.  Y esto en la línea dialéctica-relativista de Haya de la Torre. El presidente nos recuerda que Haya nos dijo: "El aprismo no es un dogmatismo cerrado y arbitrario sino una línea de acción hacia el infinito" (Cartas a los Prisioneros Apristas. 1932. Obras Completas T. VII, 205);  "La ideología y la doctrina deben refrescar siempre sus principios, afirmando sus grandes propuestas pero enriqueciéndolas de acuerdo con la realidad y las circunstancias" (Obras Completas T. I, 343); "El desarrollo histórico social no está sujeto a itinerarios prefijados. Y en ese punto incide la validez argumental de los científicos portavoces del indeterminismo o de la incertidumbre" (Obras Completas T. I, 386); "El modo en que los hombres producen e intercambian económicamente, varía de una sociedad a otra y dentro de cada sociedad, de una generación a otra" (cita de Engels en prólogo a las Obras Completas -1976) y “Debemos crear riqueza para quien no la tiene. ¿Por qué vamos a circunscribir nosotros el programa del partido del pueblo como soporte de la pequeña riqueza del Perú? Eso sería concebir los ideales apristas con un radio de visión de pigmeos" (Obras Completas T. V, 146; T. I, 304).

Y en esa línea nos propone 7 tareas fundamentales para el aprismo frente a la modernidad:
-      LA MODERNIZACIÓN DEMOCRÁTICA Y SOCIAL
-      LA MODERNIZACIÓN ECONÓMICA Y COMERCIAL
-      LA MODERNIZACIÓN DESCENTRALISTA Y LA REDISTRIBUCIÓN   ESPACIAL DE LA POBLACIÓN
-      LA MODERNIZACIÓN EDUCATIVA Y CULTURAL
-      MODERNIZACIÓN EN EL ÁREA DE LA SALUD.
-      MODERNIZACIÓN EN LA ADMINISTRACIÓN DE LA JUSTICIA Y LA SEGURIDAD CIUDADANA
-      MODERNIZACIÓN Y REFORMA DEL ESTADO

Y estas propuestas que fueron plasmadas en gran parte en nuestro gobierno, el cual a pesar de las críticas infundadas, es uno de los mejores de la historia en términos económicos y sociales. El Presidente García condujo su gobierno convocando a todas las fuerzas políticas y sociales a fortalecer la institucionalidad democrática y abrió las puertas a un amplio consenso desde el Acuerdo Nacional, cuyo último conjunto de sugerencias están resumidas en la propuesta del Plan Bicentenario - Plan Nacional de Desarrollo 2021, modelo de planeamiento estratégico democrático que encierra ideas, metodologías y proyectos para continuar el modelo de desarrollo actual.

Pero volviendo a la pregunta y la luz de los últimos resultados electorales, ¿Qué pasa con el APRA?, mejor dicho ¿qué pasa con los militantes y dirigentes apristas que no  sintonizan con la población?

Y torpemente  acusan a Alan García, los mismos que no han cambiado su enfoque y que hoy se alinean con Ollanta Humala.

Es mi deber como aprista y nieto de aprista, reivindicar el pensamiento de nuestro jefe, a la luz de la propuesta del Presidente Alan García Pérez, el cual le da un nuevo impulso a nuestro pensamiento y mantiene viva nuestra lucha por la Justicia social y el desarrollo con Pan y Libertad.

Y respondiendo quien fue el responsable del triunfo en 2006 y quien es el responsable de la derrota actual, yo creo que debemos hacer una mea culpa como partido, el cual está dormido sobre sus laureles, el cual se ha convertido en un cumulo de ismos sustentados por el clientelismo y la compra de conciencias, el cual se ha mediocrizado en la simple tarea de operadores y no de cuadros preparados para ejercer un legítimo liderazgo social y llegar al pueblo con un mensaje de modernidad y de esperanza. Todos tenemos un lugar y una responsabilidad en el proceso actual que vive el partido. Sin embargo somos ya bastantes los que pedimos  renovación, pero la renovación no debe ser de nombres ni de  turnos por edades, sino de formas de pensamiento y de actuar, y de reivindicar el pensamiento del aprismo y el ejemplo de vida del Viejo en el nuevo contexto de la modernidad y de la globalización.