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viernes, 13 de mayo de 2011

Crisis en el Partido Aprista - Diálogos de Veterano y Bisoño




Crisis en el Partido Aprista
Diálogos de Veterano y Bisoño-1
El jueves por la noche, Casimiro Veterano, experimentado sindicalista del sector Calzado de la CTP y Pitter Bisoño, joven militante del CUA de Economía de la Universidad Villarreal, se encontraron por casualidad en la Casa del Pueblo, la sede central del Partido Aprista en la avenida Alfonso Ugarte.

Querían quejarse de las declaraciones del c. Aurelio Pastor, destacado parlamentario y dirigente nacional, que había llamado a votar por Keiko Fujimori. No encontraron a nadie que los escuchara ni que tramitara su queja. Quisieron propiciar una discusión con los pocos comensales congregados en la Cafetería del Pueblo y nadie les hizo caso.

Mientras la Cafetería del Pueblo despedía a sus últimos clientes y cerraba sus puertas, en la penumbra de la entrada principal, mirando de reojo las oficinas vacías y el silencio casi fantasmal de lo que hasta hace pocos años solía ser un local siempre lleno de militantes inquietos, entrando y saliendo, provenientes de todo el país, Veterano creyó oportuno hacer una reflexión en voz alta:    


—Estamos jodidos, mi estimado joven Bisoño. Otra vez se burlan de la democracia interna. No hay respeto a las bases.

—Así es, señor Veterano. Supongo que usted se refiere a lo que ha dicho el c. Aurelio Pastor y a las sospechas de que el Partido apoye a Keiko Fujimori.

—Bueno, también eso. Pero pensaba en este momento en la Comisión Organizadora del Congreso que acaba de ser nombrada por los dirigentes del Partido. Otra vez todo a dedo, sin consulta a las bases y sin pedir propuestas de compañeros realmente independientes y de limpia trayectoria.

—Habrá que tomar medidas de fuerza, compañero Veterano. Que los jóvenes intervengan. Convoquemos a una protesta masiva aquí en la Casa del Pueblo. Que los dirigentes sepan de una vez por todas que ya estamos cansados de tanta moña. Pintemos las paredes, rompamos un par de lunas y reventemos algunos “camotes”.

—No, compañero Bisoño. Nada de escándalos ni de actitudes irresponsables. Ni mucho menos lavar la bandera indoamericana en la calle como pituquitos caviares. ¿Acaso queremos echar más leña al fuego para que los rábanos se burlen de nosotros? ¿Quieres salir en el diario comunistoide “La Primera” con un titular que diga “el aprismo se desmorona”?

—Claro que no. Esos tipos de “La Primera” son unos miserables. Pero entonces, ¿tenemos que aparentar que todo está bien aquí dentro del Partido, mientras los dirigentes hablan de votar por Fujimori sin que nadie los autorice?

—Paciencia, amigo, paciencia. Razonemos. ¿Nuestro partido está perdido y destruido?

—No. Tenemos muchos buenos compañeros de base dispuestos a luchar por un partido renovado y con una efectiva democracia interna.

—¿Los dirigentes nacionales actuales controlan a toda la militancia? ¿Acaso manejan a su antojo todos los organismos funcionales y territoriales?

—En realidad sólo tienen un control burocrático de algunos puestos claves. Además están divididos y enfrentados. Forman varios grupos.

—Ahora, pensemos con calma, mi estimado Bisoño. Constantemente se dice por ahí que nuestro partido tiene una “cúpula corrupta”. Sin duda han cometido muchas arbitrariedades. Y quizás algunos dirigentes que son congresistas o funcionarios de gobierno merezcan ese calificativo si el Poder Judicial así lo determina. Pero seamos rigurosos: ¿cúpula corrupta? ¿Son todos y cada uno de ellos delincuentes? ¿Todo el CEN debería estar destituido y denunciado penalmente? ¿Deberían estar todos en la cárcel? ¿El Presidente García también?

—Bueno, si así fuera, deberíamos dejar este partido y hacer otro nuevo. Con gente honesta y 
creyente en los ideales del aprismo.

—¿Y tú crees que esa es la situación que tenemos?

—De ninguna manera. Podemos y debemos pelear por la reorganización. Pero primero que se vayan los actuales dirigentes.

—Todo con calma, estimado joven. Si queremos renovar el partido sólo puede ser en democracia. Y eso significa que todos deben participar. Todos los apristas, sin excepción, deben tener derecho a opinar, elegir y ser elegidos. Si el partido se renueva, será en base a elecciones limpias. Así nos enseñó el gran Ramiro Prialé.

—¿Y si mañana el Presidente García dice que hay que votar por Keiko? ¿Qué hacemos? ¡Yo quemo mi carnet frente a Palacio de Gobierno!

—No exageremos. Aurelio Pastor llama a votar por Keiko pero sigue siendo aprista. El c. Armando ha expresado que se debe votar por Humala pero también sigue siendo aprista. Algo muy distinto es afiliarse a Humala o Keiko en secreto y hacer campaña por ellos burlando la disciplina del Partido. Conocemos algunos ejemplos muy concretos.

—¡Claro! Por ejemplo los compañeros del grupo…

—No hace falta mencionarlos. Ya sabemos quiénes son. Pero dejemos en claro que, como Partido, llamar a votar por Keiko, la marioneta del dictador encarcelado, sería un grave error. Igualmente lo sería llamar a votar por Humala, ex militarcito ambicioso rodeado de generales que quieren repetir la tiranía velasquista, financiado por empresarios corruptos manejados desde Brasil y Venezuela y que tiene hipnotizados a sus tontos útiles comunistas que sueñan con destruirnos como organización popular.

—¡Bien dicho don Veterano! ¡Ni con Tokio ni con Caracas! ¡Ni con la Diroes ni con los narcos! ¡Conocemos muy bien cómo se amarran los humalistas con los dirigentes cocaleros narcoterrucos!

—Así es, Bisoño. Hoy en día, para un verdadero demócrata el único voto digno posible es blanco o viciado. Hay que votar por lo que uno realmente cree, no por lo “menos malo”. Y si crees en la democracia, no puedes votar por dictadores, ni de “derecha” ni de “izquierda”. Dibuja en el voto tus estrellas apristas o “SEASAP” pero no seas cómplice del triunfo de ninguno de los dos candidatos corruptos que tenemos.

—¡Muy bien! Le cuento don Veterano. ¡Es realmente gracioso! Los cuatro gatos rojos de mi facultad andan sacando pecho porque creen que van a tomar al poder. Tanto ateísmo y marxismo y tanto poder para el pueblo para terminar arrodillados, primero ante un cura, ese tal Arana, y luego ante un milico prepotente que cambia cada día de programa de gobierno.

—¡Je, je! ¡Es verdad! Esos rábanos son necios como ellos solos. Y más aún quienes les creen.
Don Veterano se despidió de su joven amigo y apresuró el paso para tomar el bus Metropolitano. Bisoño cogió al vuelo una combi y el silencio y la soledad volvieron al viejo pórtico de la Casa del Pueblo. En medio de la penumbra, la imagen de Víctor Raúl levantando el brazo parecía evocar al filósofo griego Diógenes, aquel que caminaba con una lámpara de aceite diciendo “¡Busco a un hombre!”. Víctor Raúl parecía querer decir “¡Busco a un aprista!” ante una Casa del Pueblo oscura y desolada.

CONTINUARÁ