Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

martes, 7 de junio de 2011

La Columna de Odiseo - Balance de una elección anunciada


La columna de Odiseo

Escribe Enrique Valderrama
Las primeras reacciones luego del flash y los conteos rápidos de las encuestadoras han sido variopintas y teñidas de un exagerado pesimismo. A estas alturas ya está todo consumado, la candidata del fujimorismo ha reconocido ya la derrota y las principales preocupaciones de los medios se circunscriben a conocer ese enigmático primer gabinete de Ollanta Humala, con muy especial incidencia en el ministro de Economía.
Muchos se han rasgados las vestiduras, ha habido lloriqueos,  fiebres y sudoraciones súbitas, planes de acción, meditaciones sombrías acerca de viajes al extranjero impensados en otro contexto, negros vaticinios del porvenir de nuestra patria, etc. Creo que todo ello responde a la resaca de la polarización que vivió el país en esta elección y al hecho de las dudas que generaban ambas candidaturas, en un contexto de cierto chantaje por parte de una prensa que pretendió endosarnos sus intereses a todos los peruanos en base a la amenaza y el terror haciéndole abierta campaña al fujimorismo.
Uno de los vaticinios que me animo a lanzar es que la oposición del sector fujimorista va a ser bastante radical y obstruccionista frente a las iniciativas que pretenda implementar la bancada del futuro oficialismo, descartando de plano cualquier mejora en materia alguna. Creo que no debemos caer en este juego que sólo contribuye a debilitar la democracia en el país y a generar un clima poco propicio para la gobernabilidad. Lo bueno y coherente debe ser apoyado y lo nocivo, radical o poco serio debe ser desechado. también corresponde a la oposición presentar proyectos y negociar propuestas.
La decisión de algunos (incluyéndome) fue el voto viciado. Respecto a ello sólo diré que no era una opción transigir y apoyar a la candidata de la corrupción por salvarnos del peligro de un posible autoritarismo o del chavismo de Ollanta Humala y Gana Perú. Creo firmemente que fue una decisión correcta y que la tarea frente a ambos escenarios era apuntalar para el futuro una actitud vigilante de lo avanzado en el plano económico para la consolidación progresiva de la democracia y de sus mecanismos, con el fin de incluir cada vez a más peruanos en las dinámicas políticas y sociales del  país, pero sobre todo para predicar y hacer digerible y entendible el discurso libertario firme y decidido.
Como vemos, el proceso que vivimos a partir del 10 de abril, fecha de la elección de primera vuelta, sólo podía finalizar con una mitad del país en estado de crispación y constante tensión; si sinceramos las cosas, esta elección no podía terminar de otra manera debido a que esta recta final se centró en ataques, cambios radicales de posturas, de planes de gobierno, de reivindicaciones subterráneas de lo irreivindicable, de guerra sucia y de cinismos sistemáticos. Toca construir ahora un diálogo político veraz y creible y tomar posiciones responsables y racionales.
Creo que todos los peruanos nos debemos una gran reconciliación luego de este proceso y que debemos regocijarnos en el hecho de que ya son tres elecciones presidenciales democráticas consecutivas y sin mayores incidentes que ha vivido el Perú. Partiendo de este punto podemos recuperar el ánimo y sin bajar la guardia tener esperanza en el futuro del país y en la subsistencia del régimen democrático y el sostenimiento del desarrollo.
Desde esta tribuna saludo al ganador de las elecciones, al comandante Ollanta Humala y a su equipo y les digo a algunos de sus aliados que no crean que el 28 de julio del 2011 es el 30 de agosto de 1975, día posterior a la fecha en que el contragolpe del general Morales Bermúdez derrocó al régimen del general Velasco como si en el mundo y en el Perú nada hubiese cambiado y ese contragolpe nunca hubiese ocurrido. A otros del mismo grupo les advierto además que la responsabilidad del poder ha sido el encargo sagrado del pueblo peruano y que la oportunidad que se les presenta exige no sólo ser buenos fiscalizadores o férreos opositores si no principalmente buenos gestores, buenos comunicadores y articuladores de un consenso nacional a favor de todos los peruanos en torno a propuestas concretas.
Los auténticos demócratas tenemos que mantener la calma y efectuar un ejercicio constante de pedagogía política acerca de los valores de la democracia como el mejor sistema que la humanidad ha gestado para alcanzar el desarrollo y la armonía, un sistema en permanente perfección, adecuado a las nuevas tecnologías que generan más oportunidades y mayores derechos en aras de masificar los beneficios que otorga la modernidad. Debemos asumir el compromiso cívico de que nuestros hermanos menos favorecidos entiendan ello, pero un entendimiento no basado en una fe mística si no en una fe cimentada en la razón a la que se llegue mediante la acción de la política, desde partidos sólidos que aglutinen sus expectativas y canalicen sus demandas.
La Democracia ha demostrado que sus mecanismos son fiables mediante esta elección, nuestro fin supremo es su defensa permanente y perfeccionamiento constante. Mantengámonos en esa línea, apoyemos lo bueno y censuremos lo negativo, por lo demás a los militantes de la izquierda democrática les digo como hermanos en este camino conjunto rumbo a la justicia social: “esperemos en la acción, esperemos con la convicción total de que los rumbos del destino los señalaremos nosotros. Sólo nuestra resolución de vencer nos dará la victoria final y ahora, más que nunca, debemos estar resueltos a vencer. La voluntad y sólo la voluntad es el timón de nuestro destino”.
Por último quiero señalar tajantemente que si se implementan medidas autoritarias o si el régimen va virando hacia un totalitarismo estilo Hugo Chávez la resistencia democrática debe ser amplia, plural y sobre todo con un fuerte contenido reivindicativo y propositivo a nivel social. Lo peor que podría pasar es que la oposición quede ante los ojos de muchos confundidos como reaccionaria o derechosa. Dicha futura trinchera de batalla republicana y democrática deberá tener las banderas de la plena libertad y de la justicia social como sus estandartes de lucha sublime por un Perú realmente para todos.
¡Viva la Democracia! ¡Viva la justicia social! ¡Viva el Perú!