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domingo, 17 de julio de 2011

Comentarios Sueltos - Sinesio: Funcionario de la ultraderecha.Escribe. José Faustino


En un apasionado artículo al que titula Carne para los buitres, Sinesio López responsabiliza de las recientes críticas  contra Susana Villarán y Ollanta Humala a la ultraderecha y a los “que siempre ejercieron el poder en provecho propio…salvo en tres ocasiones 1945-1948; 1968-1975 y 2011-2016”


Es interesante esta revisión del pasado y la bola de cristal que ahora luce, para saber en qué anda pensando el sociólogo de la Pontificia. Coincidimos por cierto en el significado histórico de aquellos tres años en que el Frente Democrático Nacional, sostenido fundamentalmente por el APRA, intentó salir de la larga noche dictatorial inaugurada por el comandante Sánchez Cerro en 1932, pero es a todas luces un disparate darle esa misma dimensión a la dictadura militar de 1968. La fuerza bruta destruyó entonces la democracia, anuló las libertades, canceló el Parlamento y la independencia de poderes, desconoció a los partidos políticos y suprimió el sufragio universal durante más de una década.

Un retroceso de esa magnitud prácticamente no tenía antecedentes en nuestra accidentada historia. Las dictaduras militares hasta ese momento no se habían atrevido a cerrar el Parlamento de esa forma y por tan largo periodo, para suprimir así cualquier expresión de la voluntad popular.

Resulta desconcertante que a estas alturas cierta sociología católica reconozca al ejercicio de la violencia armada contra la soberanía popular, como un avance para el país. Pretender que la estatización de la economía justifica la supresión de las libertades, es adherirse a la barbarie como forma de acceder al poder.
¡La izquierda no cierra congresos!
Nuestro politólogo parece no haber leído nunca a John Locke, quien señala con absoluta claridad en su Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil que “donde termina la ley empieza la tiranía”, ni a Platón que hace veinticinco siglos condenó a la tiranía como “la gangrena ultima del Estado”.

López, como muchos otros adherentes novísimos de Gana Perú, ha sido ducho en percibir la probada vocación golpista de los militares que lo dirigen y al parecer se han convertido en devotos de las dictaduras como la de Juan Velasco Alvarado, para hacer méritos y ascender en el escalafón.

Militarismo + Caviarismo: Humalismo
Con ello se pintan de cuerpo entero porque se pasan al bando más retrógrado y conservador de la política peruana, aquel que desde la fundación de la República ha propiciado por todos los medios que no se consolide un Estado institucionalizado y que el poder se capture por la fuerza.

Al alinearse en la facción antidemocrática, López no se da cuenta que de paso se daña a sí mismo, cuando suma a su lista de gobiernos de la ultraderecha, aquellos que lo hacen en provecho propio, al de Alejandro Toledo. Se olvida que no solamente lo apoyó y defendió vigorosamente durante cinco años, si no que en ese lapso fue un alto funcionario muy bien rentado.

Junto con su grupo íntimo (Nicolás Lynch, Alberto Adriánzén, Salomón Lerner) ocuparon ministerios, organismos financieros y otras canonjías de un gobierno que ahora descalifica.

Otro de los brulotes de su carnívoro artículo, es el desparpajo con el que sostiene que un mal desempeño, refiriéndose a la alcaldesa, reconocida por su “intensa” labor, no justifica su revocatoria. Con pompa cita a Edmund Burke para tratar de enseñarnos que la legitimidad no se pierde por el mal desempeño, como si la revocatoria no fuese una consulta popular, que de aprobarse lleva a una nueva elección, sustentada en el fundamento mismo de la legitimidad democrática, que es el sufragio universal.


Este viejo profesor acaba confundido por su apresurada adhesión a un discípulo que visiblemente no leyó mucho y a un partido familiar en cuya cúpula hay un racista, dos golpistas y un ávido empresario que quiere entrar usurpando el nombre del Perú, en el negocio de la pesca, la minería, el turismo, el gas y el tráfico de armas, aún antes de tener la menor autoridad para comprometer los intereses del país.


  1. Al tratar de justificar la inutilidad del equipo de Fuerza Social en la alcaldía limeña y la corrupción del hermanísimo, el buen Sinesio, mareado, se hace el harakiri al confesar que fue alto funcionario de un gobierno que ejerció en provecho propio, como parte de la ultraderecha malvada y tradicional.