Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

sábado, 13 de agosto de 2011

Cuadernos Ab-zurdos - Una Comparación Antipática I. Por Renzo Ibañez


Haya de la Torre
Los intentos por construir sistemas de partidos en el Perú han sido básicamente infructuosos, pues estos han seguido el ritmo pendular de nuestra historia cuya baja institucionalidad democrática ha desencadenado todo tipo de proyecto autoritario. Sin embargo, el ideal republicano pudo despertar también en la sociedad proyectos nacionales que puedan dar un destino feliz a los hondos problemas del país.

De ahí mi preocupación por ensayar algunas semejanzas entre los dos proyectos orgánicos más importantes de la República: el Partido Civil de Manuel Pardo y Lavalle y el Partido Aprista Peruano  de Víctor Raúl Haya  de la Torre. Solo le pido al lector que lea las siguientes líneas respetando el espacio y tiempo históricos en los que se desenvuelven las ideas y sus actores.

Ciertamente distintos doctrinariamente y antagónicos en determinado momento, son las más importantes iniciativas orgánicas por institucionalizar la república. Estos dos movimientos  nacidos en circunstancias distintas fueron los constructores de espacios de discusión pública desde una arena distinta a la camarilla militar o la renta del Estado. Ellos quisieron consolidar una idea de Nación pero además una idea de pueblo, en resumen, ambos nacieron como proyectos modernizadores.
Haya de la Torre y fundandores del APRA en 1931
De un lado, el Partido Civil  irrumpe en 1872 agrupando a la naciente burguesía contra el control militarista (he ahí su nombre)  de los destinos del Perú acusando a este de los más hondos vicios de la sociedad y la política peruana. Dicha organización no fue inclusiva aunque sí convocante, basta citar aquel encuentro popular del 6 de agosto de 1871 en la plaza Acho, en el que bajo la denominación Sociedad Independencia Electoral vastos sectores de la población se adhirieron a la candidatura de Pardo, quien fuera fundador del partido. La propuesta constaba en dar libertad irrestricta al Parlamento y a la Prensa, descentralización administrativa, proyecto educativo primario, además plantea la necesidad de un censo y el establecimiento de los municipios y registros civiles, con ello, tenía las calles y las masas de su lado.


Manuel Pardo y La Valle
De otro lado, el Partido Aprista inicia una apertura del sistema político hacia los sectores emergentes, obreros y campesinos, incluyendo a la dinámica del poder la variable popular. En agosto y en Acho también, aunque sesenta años después, Haya de la Torre expone su discurso programa en el que promete modernizar al Perú no solo con una propuesta reivindicativa sino también impulsando reformas para construir un Estado Técnico, un Estado que integre   a su funcionamiento la nueva realidad, los nuevos actores sociales, pero además el establecimiento del reordenamiento económico que comenzaba por una reforma agraria y la creación de espacios de consenso para la planificación del país, me refiero al Congreso Económico Nacional. Todo ello, como es de suponer, iba contra el orden establecido, contra la oligarquía de entonces, ciertamente civilistas aunque no del civilismo auroral.


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En suma cuenta, ambos partidos tenían sus esquemas políticos enraizados en una partición social (clivajes), representaban a determinados sectores de la población y tenían un posicionamiento político claro, pero además ello no era mera parafernalia, también fueron constructores de argumentos, propuestas y principios. Pardo y Haya de la Torre, fueron ciertamente  caudillos que pensaban implementar otro tipo de política en el país, una política de intermediaciones, con organizaciones representativas. Sus liderazgos imprimieron una relación muy cercana entre el proyecto modernizador y las masas, así mismo, volcaron todos sus esfuerzos en la construcción del partido con sentido pedagógico y organizativo,  no se limitaron a hacer de sus esfuerzos un intento eficiente por mantener una plataforma electoral, la idea era construir un país desde las instituciones, para ello convocaron a ciudadanos con los cuales armaron un equipo, por ello, gracias a núcleos dirigenciales estos movimientos pudieron sobrevivir a la muerte de los fundadores. “Lo improvisado muere; vive lo que nos cuesta la vida”, diría magistralmente         Manuel González Prada.



Por último, las comparaciones, aunque no sean académicas, pueden darnos sorpresas pero también son antipáticas y hay que aprovecharlas siempre con sentido prospectivo, seguiremos en el siguiente artículo.
¿Pardo nos podrá decir algo en el siglo XXI?