Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

miércoles, 31 de julio de 2013

No somos "indignados". Por Luis Zaldívar



Las protestas ocurridas en el centro de Lima durante las últimas semanas y las que probablemente se convoquen en los próximos días han provocado que algunos activistas políticos y analistas espontáneos hagan un paralelo entre nuestra realidad y el movimiento de los indignados que surgió el año 2011 en Europa y Estados Unidos. Con una pisca de romanticismo, pero sobre todo con una gran cucharada de esperanza hueca, la idea logró llevar al plano internacional la sensación de que existe un “movimiento indignado” internacional que ha llegado al Perú[1]. ¿Es correcto hablar de “indignados” en el Perú? Habiendo participado en todas las marchas y convocado desde mi trinchera, creo que una rápida revisión de los hechos nos recuerda de la particularidad de nuestra protesta y de lo lejanos que estamos de las realidades europeas y norteamericanas a pesar de muchos.

El movimiento de los indignados fue un movimiento realmente alejado de la clase política que [2]. En cambio, en el Perú –donde no hay crisis económica y desempleo- las marchas del 4 de Julio fueron convocadas por los sindicatos en contra de la Ley Servir y por los estudiantes organizados en contra de la Ley Universitaria (ambos a su vez controlados por organizaciones de oposición), las del 17 y 22 de Julio fueron convocadas por organizaciones políticas conocidas  también de oposición al gobierno por un tema específico de coyuntura (la “repartija”) y la última del 27 de julio fue una nueva convocatoria sindical y de organizaciones que ya vienen trabajando en contra del gobierno. La única similitud que puedo ver en los reclamos de los indignados con nuestras protestas peruanas son los gritos por una “nueva clase política”; sin embargo, me pregunto si habrá existido una protesta en la historia donde no se haya planteado la “renovación de la clase política”, o la “participación ciudadana”, hacen mal los analistas del twitter en querer otorgarle un carácter novedoso a algo por el simple hecho de usar redes sociales. En el colmo de la pose europeísta, han querido copiar los símbolos de otras realidades para hacerle pensar a los despistados que los convocantes no tenían color político.
protestaba en contra de la crisis económica y el desempleo; como señaló Manuel Castells, los indignados “plantearon que la crisis la crearon los bancos y gobiernos y la sufre la gente… (y el movimiento) tuvo la madurez de levantar las campanadas … cuando sintió que a las asambleas diarias sólo asistían los activistas

Pero el no ser indignados es una buena noticia

En España, el único logro de los indignados fue lograr que el Partido Socialista Obrero pierda las elecciones y llegara el Partido Popular, la alternativa conservadora a una crisis producida por medidas de derecha. En Estados Unidos, los indignados dejaron de ser noticia hace un año, y ahora ha pasado a ser parte de la historia de la protesta sin ningún logro concreto. En cambio, en el Perú, las protestas convocadas por la oposición lograron tirarse abajo la desacreditada elección de cuestionados personales al Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo, de la misma manera que hemos abierto el debate sobre la Ley de Servicio Civil y la Ley Universitaria. A todas luces se puede ver que la fuerza de una convocatoria abierta en donde las fuerzas de oposición convocaron pero no se apropiaron de las marchas han sido el mejor medio para hacer retroceder a un gobierno arbitrario e incapaz.

No caigamos en extranjerismos, mantengamos las ideas claras frente a la común apatía ciudadana pero
no caigamos en retóricas vacías que deslegitiman la protesta y engañan a los jóvenes; debemos ser sinceros y abiertos de quiénes somos los que protestamos y porqué, no usar la careta de “indignados” para trabajar alternativas políticas al 2016.