Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

lunes, 19 de septiembre de 2011

Claridad - ¡ Corrupción! ¡Corrupción! Por Agustín Haya de la Torre


 Un socorrido recurso para empezar un gobierno sin esforzarse demasiado, es acusar de corrupción al anterior. Sin duda que se trata de un mal endémico en cualquier sociedad, al cual el capitalismo le da características aparentemente insalvables.

Esta reflexión no debe servir para justificarla, sino para encuadrar el combate que debe ser permanente, en los marcos legales y políticos adecuados. Si en el gobierno aprista ha cometido actos de corrupción estos deben ser sancionados enérgicamente sin complicidad alguna.

En los noventa Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos convirtieron su dictadura en un régimen cleptocrático, grabado y filmado por ellos mismos. Eso se descubrió muy tarde, luego de su tercera elección. El dominio que tenían sobre los medios y la sociedad era tal que un informe de Trasnparency International del año 2000, mencionaba al Perú entre los países menos corruptos del mundo.

Al descubrirse la monstruosidad del engaño y la fuga de los cogobernantes, la sociedad quedó horrorizada y sensibilizada. En los gobiernos democráticos la santidad no está garantizada en absoluto, pero la libertad de prensa, la pluralidad política y la separación de poderes, permiten que los hechos sean descubiertos y sancionados, tarde o temprano.

Durante los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García, tal cosa sucedió. Incluso el gobierno aprista está vez fue drástico, al extremo de que bastaba un titular en los medios para defenestrar al funcionario aludido y hasta gabinetes enteros. Se han producido casos graves como los de Cofopri y al parecer lo del Banco de Materiales, pero de allí a denunciar a “diez mil funcionarios corruptos” y multas no cobradas durante quince años en la pesca, no sólo es un exceso sino una muestra de la poca seriedad con la que el humalismo se va comportando.

Asustados por la agenda vende patria de Alexis Humala y la insólita visita a puerta cerrada, bajo estricta vigilancia policial del canciller ruso, han tenido que afrontar luego la proclama a favor de los cultivos ilegales del jefe de Devida. También las muy graves denuncias contra sus líderes parlamentarios, uno de los cuales recibiría 5 kg de oro mensuales de los mineros ilegales, es decir 300 mil dólares por protegerlos. Hay otro cuyo asistente de campaña, es detenido por un trasiego de 160 kg. de insumos químicos para el narcotráfico.

Con los “casos” de los diez mil funcionarios y la frenética campaña contra ESSALUD, han conseguido aprobar la comisión parlamentaria para investigar al gobierno aprista.


En buena hora que lo hagan y ojalá sea en serio y no sea sólo el afán de protagonismo de moralizadores de oficio; discípulos de Fernando Olivera, experto hasta que se le rayó el disco y se quedó sin votos, en denuncias que el mismo no entendía.

¿Moralizadores?
Los “denunciólogos” tienen todo un esquema profesional, del cual viven ellos y buena parte de los medios. No les interesa tanto el contenido como el titular escandaloso. No importa que luego el tema no resista el menor análisis. El asunto es generarlo. Si el caso es rechazado por falta de pruebas por el Ministerio Público o si judicializado, no hay sentencia firme, no importa. De esto nadie se entera y a los medios les interesa un comino dar información al respecto.

Es más, la trayectoria de los denunciantes muchas veces se confunde en la práctica con la de los denunciados. A los cinco minutos de que el Contralor saca lo de los diez mil corruptos lo acusan a de nombramientos irregulares y de haberse duplicado el sueldo. Al cruzado de la seguridad social, en la misma sesión donde va a hacer sus revelaciones, le enrostran que le acaba de duplicar el sueldo a la hermana del ministro, sin mérito alguno,

Si Platón preguntaba ¿Quicustodetcustodes?, ahora hay que decir quiénes son estos moralizadores que se callan en siete idiomas cuando antes de ser gobierno, señalaron a su máximo líder en el oscuro caso de Madre Mía, por los expedientes robados y los testigos comprados.