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jueves, 8 de agosto de 2013

¿Burbuja o movimiento? Por Alan Salinas Ramirez

¿Burbuja o movimiento?

Alan Salinas Ramirez

Los movilizaciones sociales del 22 y del 27 de julio por parte de los jóvenes organizados y no organizados, así como de las diversas organizaciones del país (partidos políticos, sindicatos, sociedad civil y la barra de la U) trajo consigo dos recientes análisis de Carlos Melendez[1] y Nelson Manrique[2] sobre la naturaleza de este malestar social llamado por el primero “burbuja de amor”, y por el segundo “las redes de la indignación”.

Meléndez sostiene que, a diferencia de otras movilizaciones sociales como en Chile y Brasil donde existe una fuerte clase media que puso en jaque al gobierno, el impacto que generó no se debe a las demandas mesocráticas de un movimiento social que se está gestando, sino a la debilidad del gobierno, por no contar con un partido, con aliados y con organización para enfrentar ello. Asimismo, sostiene que si bien las tecnologías facilitan la comunicación de las movilizaciones, “no resuelven problemas de acción colectiva propias de una sociedad fragmentada como la peruana”.

Por otro lado, Nelson Manrique (siguiendo el análisis del sociólogo español Manuel Castells) precisa que se está gestando un movimiento social en el país, que tiene como herramienta principal de cohesión las redes sociales vinculadas al internet, y que tiene como demandas la calidad del sistema democrático. La acción política principal que uno puede ubicar en este movimiento, sostiene Manrique, es buscar “cambios en las mentes de las personas y en las formas de pensar. Su éxito puede medirse observando las agendas impuestas en Europa y en gran parte del mundo por los movimientos sociales de los 60: ecologismo, derechos de la mujer, ideas modernas de autogestión, independencia de los partidos políticos”.    

Como se puede apreciar, ambos analistas manifiestan tanto las debilidades como las potencialidades de lo trajo consigo las movilizaciones ocurridas el mes pasado. Que si bien no se contraponen en algunos puntos, no hay que señalar que en el Perú se está gestando un movimiento social, como señala Nelson Manrique. No confundamos movimiento con protesta. Todavía seguimos en la lógica corporativistas de grupos de interés presentes en nuestra sociedad, que se presentan bajo la lógica de malestar social o “indignación” y que no tiene correlato en una plataforma política.

Frente a ello, la cuestión es cómo unificar criterios de intermediación política para poder ensanchar o fortalecer el sistema de partidos en el país. Por el momento tenemos una lógica de “confrontación” esporádica con el sistema político. Ejemplo de ello son el proceso de revocatoria de a comienzos de año y la movilización social del mes pasado.

Los partidos políticos tienen como desafío: socializar con los nuevos códigos culturales y sociales de esta nueva generación que no busca militancia, sino conciencia política sobre la calidad del sistema político y de los servicios públicos en salud y educación. Por otro lado, el desafío que tienen es cómo representar a la nueva clase media que creció al margen del Estado, dentro de la informalidad. Cómo intermediar y consolidar las propuestas de estos grupos de interés, vinculados a esta nueva clase media, es la consigna a tomar en cuenta.



[1] Para mayor detalle, véase aquí: http://es.scribd.com/doc/158445439/Burbujas-de-Amor
[2] El artículo completo de Nelson Manrique puede verse aquí: http://www.larepublica.pe/columnistas/en-construccion/las-redes-de-la-indignacion-05-08-2013