Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

martes, 13 de agosto de 2013

¡Usted fue Mirista! Por Agustín Haya de la Torre

 * Tanda al aspirante a historiador Nelson Manrique, autor de un libro que nos enteramos está siendo leído en Generales Letras de algunas universidades. 


El libro de Nelson Manrique ¡Usted fue aprista! intenta ser una historia crítica del APRA y acaba siendo una extensa narración sobre la derrota histórica de la extrema izquierda. El autor toma el limitado esquema de análisis de los izquierdistas de los años 50 y 60 del siglo pasado, que identificaron insurrección con izquierda y democracia con derecha, de tal forma que no consigue nunca discernir la legítima insurgencia contra las dictaduras de los intentos subversivos contra la democracia recuperada.


Para evaluar el pensamiento de Víctor Raúl Haya de la Torre usa la escolástica del creyente en la revolución violenta, sin entender el decantamiento democrático de su doctrina ni las realidades políticas nacionales e internacionales que explican su evolución. Soslaya la decisiva influencia en su formación ideológica de la vivencia europea y de su viaje a la naciente Rusia bolchevique. Su estadía inglesa le permitió comparar realidades y vincularse con la intelectualidad más renombrada del pensamiento socialista, que había descubierto que socialismo y democracia podían ser compatibles con las instituciones liberales; propuesta que llega al poder con el Partido Laborista. Tampoco reconoce el significado de Franklin Roosevelt y las fuerzas progresistas en la democracia norteamericana. No le haría mal leer a Eric Hobsbawn para saber qué etapa abarca el fenómeno del imperialismo.

Por ignorar aspectos sustantivos no entiende como el Apra se convierte a lo largo del siglo XX en la fuerza democratizadora más importante de la sociedad peruana. La contradicción que atraviesa la república entre dictadura y democracia es el objetivo a resolver. La centralidad del sufragio universal, la institucionalización del Parlamento como asamblea soberana del pueblo y la descentralización del poder, son cruciales en el proyecto aprista.

La visión mecanicista que divorció siempre bienestar y libertad, le impiden comprender que en el pensamiento de Haya de la Torre democracia y justicia social, no son antagónicas sino las dos caras de la misma moneda.
¿Consecuentes?

Como no comprende que la democracia es la forma de gobierno que por excelencia pacífica a la sociedad, la convivencia política se convierte en objeto de rechazo. Nostálgico, cree que la “revolución militar” cumplió el programa aprista. No sabe cómo funcionan los partidos modernos y se entretiene durante páginas enteras con los avatares de minorías disidentes, quejosas porque sólo llegaban a ser “cuatro delegados en un congreso de 500”. El caso más interesante fue el Apra Rebelde que devino en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. En un inicio reivindicaba “El Antimperislidmo y el Apra”, pero luego abjura de la doctrina para suscribir la versión castrista del marxismo soviético. Su melancolía violentista le impide ver que el MIR, no quiere ser “consecuente” con el aprismo de los años veinte si no que acaba por sumarse a la misma postura dictatorial de la III Internacional que Víctor Raúl rechazó desde el Congreso Antiimperialista de Bruselas en 1927. Deslinde que la historia consagra con la desaparición de la Unión Soviética.

Sus carencias conceptuales no le permiten darse cuenta de por qué un movimiento al que acusa de abandono permanente de sus posiciones desde que nació, pueda sumar millones de votos, centenares de miles de cuadros, cientos de autoridades electas y tras vencer los vetos del militarismo y la oligarquía, ser gobierno dos veces y estar vigente ochenta años. En cambio a sus admiradas y a veces violentas minorías, se las llevó implacable, el viento del fracaso.

Quienes “consecuentes” según el narrador se alzaron en armas contra la democracia y repudiaron las elecciones, desaparecieron en la más absoluta orfandad popular. Víctor Raúl culminó su vida elegido por el pueblo, firmando la refundación constitucional de la democracia peruana sobre la Declaración Universal de los Derechos Humanos.