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jueves, 1 de agosto de 2013

China retrocede. Por Agustín Haya de la Torre

El ajuste del crecimiento hecho por Beijing a un 7.5% para este año, confirma las alarmas sobre el
retraimiento de la economía china. Todavía alto, pero que baje del 10% en promedio alcanzado en las últimas tres décadas preocupa a todos, pues junto con la India arrastran a la economía mundial.

El Diario del Pueblo, órgano oficial del Partido Comunista, informa que las decisiones para la reactivación no contemplan políticas de estímulo sino reajustes fiscales e institucionales. Como buenos neoliberales son reacios a los incentivos y pretenden centrarse en reajustar los impuestos a las pequeñas y medianas empresas y auditar la deuda pública.

El mismo diario informa del proceso a Bo Xilai, defenestrado el 2012 cuando pretendía la secretaría general del partido. El exalcalde de Chonquing, que difundía entre sus ciudadanos citas de Mao Tse-tung, fue acusado de acumular una fortuna. Su esposa acabó condenada por el asesinato de un ciudadano inglés, especializado en transferir ilegalmente fondos mal habidos a paraísos fiscales.

La expulsión de Bo permitió el ascenso de Xi Jinping, convertido ahora en el jerarca más poderoso de la segunda economía del planeta. Perteneciente a una nueva generación de tecnócratas pragmáticos, maneja sin dudas el modelo de capitalismo autoritario que se abre paso desde Deng Xiaoping.


Las grandes transnacionales chinas invaden todo. Ya no existe rincón sobre la tierra que no hayan pisado. Su estilo combina la vieja explotación imperialista sin límites sociales ni medioambientales, con el fortalecimiento de su papel de taller del mundo. Alojan a todas las grandes firmas occidentales y japonesas, encantadas con los salarios de sobrevivencia de los trabajadores y la ausencia de sindicatos independientes.

El Banco Mundial pronostica que en el mediano plazo la caída llegará al 5% de crecimiento anual. La reducción nos golpeará, al punto que analistas como Andrés Oppenheimer hablan del fin de la “chino dependencia” de América Latina, región que soporta el empuje de las empresas orientales, públicas y privadas.

Los problemas del antiguo gran imperio no son solo económicos. La consecuencia más agobiante deviene en la gigantesca corrupción que involucra a la cúpula del poder. Los escándalos del multimillonario enriquecimiento de los jerarcas comunistas y sus familias, salen a luz pese a la censura. El reciente accidente del joven Ling Gu, hijo de un alto dirigente, en su costoso Ferrari acompañado de dos damas desnudas, lo comenta todo el país pese al control de los medios.

El problema político de la revolución tecnológica cuyos materiales fabrican y usan, les crea un callejón sin
salida. La situación es tan absurda que la policía informática tiene identificados más de cuatro mil términos que no pueden ser utilizados por los cibernautas, so riesgo de seguimiento y prisión.


Las grandes contradicciones que enfrentan resultan muy parecidas a la acumulación del siglo XIX en Occidente: ausencia de libertad y de justicia social.