Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

miércoles, 14 de agosto de 2013

Reforma electoral para una política nueva. Por Luis Zaldívar

El tiempo pasa volando, y como si no hubiese sido suficiente con las revocatorias en todo el país, el

2014 estamos oficialmente en año electoral. Para variar, las máquinas mediáticas bien aceitadas por dinero de todas las procedencias nos bombardearán con mensajes optimistas y fotomontajes cada vez mejor elaborados, pero habremos llegado a otra elección sin mayor discusión sobre lo que podemos hacer para que el resultado represente de manera efectiva los intereses de la población y para que los partidos dejen de ser vientres de alquiler de empresarios y personas cuestionadas sin trayectoria de servicio como viene pasando hasta el momento. Frente a este panorama, es urgente impulsar una reforma electoral que incluya los siguientes puntos: Voto voluntario, y otorgar a la ONPE la responsabilidad de elecciones internas obligatorias en los partidos.

En un país donde plaga la informalidad, la obligatoriedad del voto sólo logra que los millones gastados por personajes improvisados compren el voto de gente que no está interesada en quien eligen, causando un  círculo vicioso de mediocridad  que amenaza con perpetuarse en la política peruana. En defensa de la imposición se han alineado más de una vez el nacionalismo, el fujimorismo y sus aliados[1], argumentando que era una “estrategia de un sector para ganar las elecciones”, a pesar de que cuando se presentó la propuesta (el 2010) se dejó claro que era para iniciarse el 2014. Si logramos presionar para que esto cambie, una excelente forma de iniciar el proceso por la libertad del voto sería usarlo para los procesos de revocatoria, afianzando así la gobernabilidad de los alcaldes, dado que sería más difícil para los revocadores obtener los votos necesarios. Las elecciones del 2016 o las del 2018 serían interesantes objetivos.

Respecto al debilitado sistema de partidos y la falta de legitimidad interna de sus autoridades, la experiencia del domingo 11 de agosto en Argentina es aleccionadora. Ése día, por segunda vez en su historia, se utilizó en dicho país el mecanismo de elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias para elegir a los candidatos que competirán en las próximas elecciones congresales del país gaucho. Mediante este mecanismo los candidatos de cada partido son elegidos en una votación abierta a todos los ciudadanos en un proceso conducido enteramente por el ente electoral; además, los únicos partidos admitidos en la elección nacional son lo que superan una valla del 2% en la juridcción que esperan representar. ¿Porque no podemos reproducir ese sistema aquí?  Actualmente la ONPE sirve de “apoyo logístico” para las elecciones de los partidos, legitimando las imposiciones y no ocasionales fraudes que se dan en las internas de los partidos. Con esta reforma haríamos que si alguien quiere participar en política, por lo menos tenga que hacer trabajo político y no encaramarse en un vientre de alquiler con el único objetivo de hacer dinero, un mecanismo cada vez más común en muchos lugares.

Si los ciudadanos conscientes de todas las tendencias políticas empezamos a mover estos temas podremos mejorar la representación política de nuestro país y alejarnos de discusiones estériles que nos dividen en vez de hacer causa común por las cosas más importantes. Con el voto voluntario y elecciones primarias abiertas podremos también pelear por otras reformas, como la renovación por tercios del congreso (que se da en muchísimos países), elecciones directas para más autoridades locales, la eliminación del voto preferencial, y un largo etcétera que la nueva generación de peruanos tiene que enfrentar para consolidar nuestro proceso de desarrollo.