Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

jueves, 5 de enero de 2012

Tribuna Libre - Partió el tren. Por Agustín Haya de la Torre


La historia del tren eléctrico limeño que empieza a funcionar luego de un cuarto de siglo, es el fiel reflejo de los traumas que sobrellevamos cada vez que intentamos convertirnos en una sociedad moderna y democrática.

Recordemos que fue la propuesta de campaña de la candidatura de Jorge del Castillo allá por 1986 y que el primer gobierno de Alan García se comprometió directamente. El planteamiento no era novedoso, ya para entonces tenía un par de décadas la idea de un metro para Lima. Incluso se avanzaron estudios y hubo empresas interesadas en su construcción.

Las discusiones siempre estuvieron a la orden del día. Como suele suceder con toda iniciativa que cambie la vida de la gente, los opositores al transporte ferroviario masivo no tardaron en reaparecer. En realidad tampoco estas posturas negativas eran nuevas. Las tenemos desde que Ramón Castilla echó a rodar LA PRIMERA locomotora y cuando hacia fines del siglo XIX estábamos a la vanguardia en América Latina, nunca dejaron de oírse.

En los cincuenta del siglo pasado la contraparte defendía con ardor la carretera y el automóvil. En sectores claves de la opinión se afianzó la idea equivocada de que los trenes eran parte del pasado, demasiados costosos y finalmente vencidos por la cultura del auto.

Cuando se denunciaron irregularidades en su construcción, encontraron otro pretexto para lanzarse contra el gobierno aprista. La actitud de Alberto Fujimori fue increíble. Optó por paralizar las obras para no darle el galardón a García. Recuperada la democracia la historia no mejoró del todo pues siempre rondaba la sospecha de que el tren era la gloria del APRA. Por tanto, había que enredar nomás el trámite burocrático.

Con el segundo gobierno aprista las cosas vuelven a marchar, no sin dificultades por el tiempo transcurrido y la fuerza de la costumbre de temer lo nuevo. Sacado a pulso y hasta inaugurado con premura sobre la hora, por fin empezamos el 2012 con el bendito tren funcionando.

Los agoreros ya anunciaban el fracaso y apostaban por otros veinticinco años más de parálisis, a ver si así el APRA desaparecía de una vez. Esta forma de pensar donde se juntan las pasiones de la vieja oligarquía y las de los herederos de Eudocio Ravines, es la misma que suele repetirse cuando el país enfrenta los grandes desafíos.

La campaña  de peruanos contra peruanos
es constante en la historia peruana
 Pasó con las irrigaciones de la costa, como la de Olmos detenida por décadas, después de que la iniciara Leguía y se ha repetido muchas veces. De cierto inconsciente melancólico resurge el temor al futuro, a la modernización, al avance tecnológico. Las ideologías melancólicas, aquellas que creen que cualquier pasado fue mejor, se alían con la ineficiencia y finalmente hasta adquiere cuerpo la idea de que las cosas queden como están.

Lo impresionante es que a estas alturas deberíamos tener en funcionamiento cuatro ramales del tren y nueve corredores de buses. Ojalá