Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

lunes, 27 de mayo de 2013

Debate Chatarra. Por Agustín Haya de la Torre

Apenas promulgada la ley de promoción de la comida saludable, la reacción generada daba la impresión de
que el Perú caía en la órbita de Corea del Norte. Empresarios trémulos anunciaban que no cabía duda de la maldad dictatorial de obligarnos a comer solo lo que el gobierno ordenase. Agitados comentaristas anunciaban que en el acto deglutían una hamburguesa con la mayor cantidad de grasa y mayonesa posibles, arriesgando no solo su reputación sino la digestión. 
Hasta las sotanas salieron en revuelo y el palacio arzobispal tronó a favor de las grasas saturadas, el sodio y los azúcares, cual nueva santísima trinidad. La discusión sobre los alimentos saludables entró de pronto en los terrenos de la Guerra Fría. El Perú ingresaba al bloque soviético como en la época de Velasco y la economía inmediatamente empezó a decrecer.

Los congresistas de todos los partidos, que la aprobaron por unanimidad, tras un largo año de debates y consultas, no han hecho otra cosa que sumar al país a una tendencia mundial. En efecto, organismos de Naciones Unidas como la FAO y la Organización mundial de la salud, de las cuales somos miembros, impulsan políticas de alimentación saludable para prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida.

La ley restringe la venta de productos procesados con nutrientes críticos en los colegios y limita la publicidad dirigida a niños y adolescentes, algo que encaja en el deber del Estado de proteger la salud pública. Aquí no existe ningún atentado contra la libertad, al contrario, una regulación adecuada mejoraría el derecho a la vida y la salud, que son libertades fundamentales.

Paradójico resultó comprobar que existen empresarios chatarra, promotores de la comida insalubre, dispuestos a todo para engañar con publicidad tramposa, con tal de lucrar con su baja calidad. Sus desequilibrados pronunciamientos ni siquiera averiguan que a la tendencia de la comida sana se suman las propias transnacionales de la alimentación; o que en los países avanzados existen normas mucho más rigurosas.

Si algo los desconcertó en su insensata campaña, fue darse con la sorpresa de que el muy capitalista y liberal Chile de Sebastián Piñera, ícono de la derecha latinoamericana, aprobaba una ley semejante, también por consenso.

El caso Chileno, como suele ocurrir, nos permite comparaciones enojosas para los insalubres del barrio. Los industriales Chilenos vienen disminuyendo drásticamente los nutrientes dañinos. La nueva oferta de alimentos más sanos crece en un 20%, gracias a los avances científicos y tecnológicos. La promoción de una sociedad saludable coaliga al gobierno, la Universidad y la empresa privada, en una campaña integral.

Aquí resulta urgente que la sociedad de industrias lance una campaña de Educación en su Comité de Comida Insalubre, antes de que los nuevos productos sureños los quiebren y que también los fieles impidan las hostias trans y el vino de caja.