Pensamiento libre sin ideología es como coito asistido

lunes, 17 de junio de 2013

Hacia la universidad descentralizada, científica y democrática del siglo XXI. Por Luis Zaldívar



Hay que saludar el debate que se ha generado a partir del nuevo proyecto de Ley Universitaria [1] que ha producido el Congreso de la República y que busca solucionar la principal tara que existe en el país: la falta de capital humano capacitado, la poca investigación y la nula innovación tecnológica que aceleraría nuestra inserción en el mercado mundial y elevaría nuestros niveles de desarrollo social. El proyecto de ley ha provocado la reacción de los gremios universitarios en Piura, Cuzco, Lima y otras provincias que ven en la nueva legislación un retroceso en derechos conquistados, en especial la autonomía universitaria. Los defensores de la ley enfatizan la necesidad de medidas drásticas frente a la corrupción e ineficiencia de la Asamblea Nacional de Rectores y el poder de las universidades privadas. En el diálogo de sordos, corremos el peligro de que se paralice cualquier reforma. 

 Esta es la oportunidad para la generación nacida entre 1980 y el 2000[2] de tener injerencia real sobre uno de los principales problemas del país, y también es la oportunidad de generar el consenso en materia educativa que demandan las generaciones posteriores. Por eso es nuestro deber tomar la nueva ley con pinzas y señalar que podemos rescatar de ella para que no se estanque hasta la próxima década.

 Debemos de partir de la cambiante realidad demográfica de la universidad peruana. Hace tan solo 16 años había menos de la mitad de los 782,970 estudiantes inscritos el 2010, y tan sólo un 40% pertenecían a universidades privadas[3]. Hoy el 60% de estudiantes van a universidades privadas, y este número va en aumento al 6% anual, mientras en el crecimiento de las públicas es de tan solo 3.1%[4]La universidad se está haciendo también cada vez más provinciana, alejándose del horroroso centralismo que caracterizaba a las universidades hace una generación, siendo los departamentos de San Martín, Apurímac y Ucayali los de mayor crecimiento[5]; sin embargo, la cantidad de docentes universitarios con postgrados en el extranjero y que dominen el inglés están todavía mayoritariamente en Lima[6] . Este aumento de la población universitaria, la creciente privatización y la descentralización ha venido a la par con un creciente descenso en la calidad de investigación y el nivel de los profesores. Entre el 2008 y el 2010 tan sólo un 42.8% de los docentes universitarios había hecho alguna investigación, en un 62.5% provenientes de universidades públicas, y la concurrencia a eventos académicos y científicos por parte de los mismos docentes ha caído en 30% entre 1990 y 2010[7]. De forma parecida a la educación primaria, se han hecho grandes avances de cobertura a costo de una baja tremenda en la calidad. 

 Frente a esta realidad universitaria no se puede trabajar con recetas antiguas diseñadas para universidades relativamente pequeñas y centralizadas en medio de una sociedad oligárquica y excluyente. Es necesario plantear la expansión del proceso de descentralización universitaria incluyendo a los Gobiernos Regionales y Locales en un sistema planificado que articule las prioridades de la educación con el proceso de desarrollo en cada región del país. No es posible, por ejemplo, que seamos un país amazónico y que no existan suficientes profesionales que le arrebaten la selva a los mineros y madereros informales con alternativas económicas productivas y ecológicamente viables. 

Empresarios y el ejecutivo controlarían las universidades
 La principal crítica a la propuesta de Ley Universitaria es el pretender resolver los múltiples problemas de la educación superior con la creación de una Autoridad Nacional de Educación Universitaria que reemplace a la Asamblea Nacional de Rectores y sea conformada por representantes del gobierno,  los colegios profesionales y el presidente de la CONFIEP, manteniendo a los representantes de las universidades en minoría.  Es decir, en vez de cambiar el problema de fondo –burocratismo, corrupción, falta de énfasis en investigación, etc- se busca cambiar los nombres que conforman el máximo ente universitario esperando resultados diferentes. Peor aún, los legisladores que promueven esta ley pretenden dar carta libre al ejecutivo de intervenir en las universidades utilizando únicamente el criterio de autoridades nombradas por ellos mismos. Conociendo la capacidad de gestión del Poder Ejecutivo, no hay razones para pensar que este nuevo ente será mejor que el sistema actual, ni que someter la producción intelectual al poder político nos brindará algún beneficio en el mediano o largo plazo. Prueba en mano es la propuesta del artículo 45 en este mismo proyecto de ley en el que se pide 20% de clases presenciales para las carreras a distancia, desvirtuando así totalmente la metodología de la educación por Internet que se viene utilizando en todo el mundo. 

 Sin embargo, el proyecto de ley tiene aspectos positivos que ya se han venido recogiendo hace buen tiempo y deben ser aplicados luego de desaparecer esta autoridad ilegal y antiuniversitaria. Por ejemplo, se ponen trabas a la creación de nuevas universidades  hasta regularizar el proceso de creación, se establecen criterios de acreditación para las universidades existentes, se establece que los representantes estudiantiles estén en el tercio superior, se propone la exoneración
de impuestos para empresas que creen  Institutos Superiores de alto nivel para satisfacer su demanda laboral, se plantea finalmente la separación de estudiantes involucrados en actividades contra el Estado de Derecho –recordar que son las universidades el caldo de cultivo del MOVADEF- , también se fomenta la asociación público-privada de las universidades, se propone que la creación de facultades y programas estén orientadas por el Sistema Nacional de Planeamiento Estratégico y se plantea el voto universal en las elecciones universitarias. Todos estos cambios son positivos y deben ser parte de un nuevo proyecto de ley que surja genuinamente del diálogo con los gremios universitarios y la sociedad civil.

 Una nueva Ley Universitaria es absolutamente imprescindible. De acuerdo al Reporte de Competitividad Global 2012- 2013 del Foro Económico Mundial “mientras la economía peruana se mueve a niveles mayores de desarrollo y explora formas de diversificarse de su sector minero, su baja calidad educativa (puesto 132), el poco uso de TICS (puesto 89) y su poca capacidad de investigación (puesto 118) hacen mella a la capacidad del país de innovar hacia actividades de mayor valor agregado”[8].  Ninguna de estas cosas se puede hacer si el Perú sigue invirtiendo el 0.15% en la Educación Superior a comparación del 0.50% que invierte México o el 1.21% que invierte España [9]

 Si bien el rol de la política universitaria ha sido bastante pobre en las últimas décadas, exceptuando el movimiento democrático para recuperar la democracia a finales de los noventa, es tiempo de terminar de afianzar lo empezado hace casi cien años con el grito de Córdova, el cual a juicio del  presidente de la Comisión de Educación Daniel Mora “ quebró a la Universidad”[10], pero que por el contrario permitió arrebatar la educación superior a las élites conservadoras y permitió el acceso a sectores de la población excluidos hasta ese entonces. El nuevo panorama nos muestra que régimen liberal impuesto por Fujimori ha logrado expandir decididamente la cantidad de estudiantes y –aunque sean universidades de mala calidad- esto pone al ciudadano en una mayor expectativa de obtener una mejor educación.  Los que se quedan en la crítica a las nuevas universidades privadas deben preguntarse si estábamos mejor con unas cuantas universidades de élite en dos o tres capitales provinciales. Es tiempo de que la nueva generación reclame a la clase política que se mantengan los aspectos positivos de esta ley y se mantenga la autonomía con acreditación académica por parte del Estado, obligando a las universidades a acrecentar su nivel con estándares internacionales y no con los criterios burocráticos que se han venido aplicando. 

 Estas medias son posibles y saludables para todos, debemos eliminar la figura de una entidad autoritaria que no tiene que ver con la universidad, pero tampoco hechemos a perder la oportunidad de avanzar en los aspectos positivos.




[2] En reciente nota de la revista Times se describe a esta generación como “Millenials” mientras que en Latinoamérica se ha difundido el término “Generación Y” para describir a los que hemos nacido entre 1980 y el 2000. Nuestras características son: flojos, narcisistas y superficiales, pero más flexibles y aprovechamos mejor las herramientas disponibles, por lo cual “salvaremos al mundo” http://cnnespanol.cnn.com/2013/05/09/la-generacion-y-quiza-sea-floja-egoista-y-superficial-pero-nos-salvara/
[3] CENAUN 2010
[4] Ibid
[5] Ibid.
[6] Ibid.
[9] CEPAL, Estadísticas sobre Ciencia y Tecnología (http://www.eclac.cl/iyd/website/default_004.asp) y MORENOBORCHART, Alejandra, Research and education in resource-constrained countries, 2003. En: www.embo.org/publications
[10] Entrevista radial, en RPP Noticias, 15 de junio 2013.